Esta nueva moneda de carbono podría ayudarnos a cuidar mejor el clima

Smoke billows from a chimney of the Termika factory in Skojfa Loka January 21, 2010.
Blockchain technology will help businesses and consumers to cut their carbon footprintImage: REUTERS/Srdjan Zivulovic
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Si sabes que algo te hace mal, pero no sabes cómo medirlo, ¿cómo puedes reducirlo? Pensemos, por ejemplo, en las calorías. Si queremos perder peso, debemos reducir nuestra ingesta calórica. Para ello, podemos usar la información de los envases y las aplicaciones para controlar cuántas calorías consumimos y ajustarnos a lo que es saludable. Apliquemos esta analogía al medio ambiente. Así como muchos llenamos el cuerpo de calorías invisibles, cada día llenamos el mundo de gases de efecto invernadero invisibles. ¿No sería estupendo poder contabilizar, controlar y reducir nuestras emisiones de carbono, igual que controlamos nuestra alimentación?

Puede que no nos demos cuenta, pero toda transacción financiera tiene consecuencias para el clima, ya sean evidentes, como llenar el depósito del coche o reservar un vuelo de larga distancia, o sutiles, como comprar un café o un par de zapatos nuevos, e incluso ampliar el plan de almacenamiento en la nube. Nuestras decisiones cotidianas dejan una huella de carbono. Lo sabemos y todos somos conscientes de los enormes riesgos climáticos que plantean las emisiones de carbono. La demanda de soluciones va en aumento.

El Acuerdo de París sobre el clima codificó la presión sobre los países para que reduzcan sus emisiones, y las empresas están cada vez más bajo la lupa de inversores, accionistas, empleados y clientes, que les exigen reducir su huella de carbono y demostrar que sus modelos de negocio contribuyen a lograr un clima estable. Los consumidores, encabezados por los millennials con conciencia social y un poder adquisitivo cada vez mayor, quieren comprar productos más ecológicos e invertir en proyectos sostenibles. De hecho, el 72 % de las personas de entre 15 y 20 años está dispuesto a pagar más por productos y servicios responsables con el medio ambiente y la sociedad. Sin embargo, hasta ahora, a pesar de los enormes avances tecnológicos, ha sido difícil vigilar y reducir nuestro impacto en el planeta.

Image: Nielsen

Entonces, ¿cómo podemos empezar a tener un impacto positivo a nivel individual sin cambiar drásticamente nuestro estilo de vida?

Reconocer el mérito

Una medida importante que todos podemos tomar es proteger a un poderoso aliado en la lucha por reducir el carbono: los bosques. Estos poderosos ecosistemas actúan como «esponjas de carbono» naturales y, al mismo tiempo, protegen las plantas y los animales y ofrecen oportunidades económicas a las comunidades locales. Los proyectos sostenibles de alta calidad para proteger los bosques tropicales se cuentan entre las formas más eficaces de lograr reducciones de emisiones a gran escala y a bajo coste a corto plazo, y de alcanzar objetivos de emisiones basados en la ciencia.

Los créditos de carbono, que ponen precio a las reducciones de carbono y generan ingresos para proyectos de protección forestal como estos, representan, por tanto, una forma clara de empoderar a empresas y particulares para que reduzcan o compensen el impacto negativo o inevitable de sus actividades y decisiones en el medio ambiente. Al asignar un valor a los ecosistemas que sustentan nuestro planeta, los créditos de carbono internalizan los costes invisibles de las decisiones cotidianas y permiten que surja un mercado sostenible.

Sin embargo, desde sus inicios, el comercio de carbono ha afrontado problemas que han limitado su potencial. El mercado adolece de falta de transparencia, lo que impide que la gente confíe en los créditos de carbono como activos. Las diferencias entre normas y regulaciones de distintas jurisdicciones, así como la posibilidad de contabilizar dos veces un mismo crédito (es decir, venderlo más de una vez), han mermado la confianza de los posibles participantes en el mercado. Además, sin un registro universal, no es fácil hacer un seguimiento de cuánto carbono has consumido ni, si lo has compensado, conocer de manera concreta el impacto de esa reducción. Para una persona, resulta difícil integrar los créditos de carbono en su vida cotidiana.

Aun si todos los países cumplieran sus compromisos de París para reducir las emisiones de carbono, esto no bastaría para crear un clima seguro. Las personas y las empresas tendrán que hacer más para cerrar esta brecha, y urge encontrar una forma de ayudarles a hacerlo, al tiempo que se trabaja en paralelo en cambios a más largo plazo.

Reacción en cadena

Aquí es donde entra en juego la tecnología de cadena de bloques. En pocas palabras, una cadena de bloques es un registro digital en el que las transacciones (a menudo realizadas con «tokens» o una criptomoneda como bitcoin) se registran en orden cronológico y de forma pública. Aplicar esta tecnología a los créditos de carbono para crear una «moneda de carbono» es clave para desmitificar y consolidar el mercado del carbono, de modo que pueda crecer. Los créditos de carbono son ideales para convertirse en moneda digital, ya que se basan en datos, requieren varias etapas de aprobación y existen de forma independiente de los impactos físicos con los que se relacionan.

Imagina un mundo en el que las emisiones y los créditos de carbono puedan rastrearse de forma transparente y fiable. Los minoristas podrán vender un producto y tener en cuenta al mismo tiempo el impacto de carbono que genera. Los gobiernos podrán medir, rastrear y comercializar las emisiones de forma transparente. Y, lo que es fundamental, por primera vez los consumidores podrán conocer en el punto de venta el impacto ambiental, tanto positivo como negativo, de los productos que compran, y mitigarlo al instante; millones de microtransacciones podrán sumarse para generar un enorme impacto colectivo.

Crece el impulso a favor de soluciones naturales al cambio climático, y no podía llegar en mejor momento. La presión de los consumidores sobre las empresas para que mejoren la sostenibilidad de sus cadenas de suministro y sus productos pronto irá acompañada de exigencias y cuotas regulatorias, si queremos tener alguna posibilidad de revertir los daños climáticos que hoy son una realidad.

No es exagerado decir que todos debemos asumir la responsabilidad por las consecuencias de carbono de cada decisión que tomamos. Lo emocionante es que, con la ayuda de las nuevas tecnologías digitales a nuestro alcance, estamos a punto de poder hacerlo mediante la creación de una moneda de carbono global, fiable y accesible.

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