Estamos empezando a tratar el cáncer de una forma completamente nueva. En lugar de destruir directamente las células cancerosas con quimioterapia o radioterapia, los tratamientos más recientes están diseñados para promover el control natural que el organismo ejerce sobre la enfermedad a través del sistema inmunitario.
La llamada inmunoterapia estimula el propio sistema inmunitario del organismo para que destruya el cáncer. No es un concepto nuevo: se describió por primera vez hace más de un siglo, pero ahora, por primera vez, empieza a producir respuestas duraderas, que algunos se atreven a llamar curaciones.
Detrás de estos avances hay una comprensión más sofisticada de la relación entre el sistema inmunitario y el cáncer, en particular de cómo el organismo percibe el cáncer como una amenaza y de cómo este puede ocultarse del ataque inmunitario. Las inmunoterapias más prometedoras son los fármacos de anticuerpos, que actúan sobre interruptores clave de las células inmunitarias y se dividen en dos clases principales: los inhibidores de puntos de control, como ipilimumab y nivolumab, que impiden que el cáncer desactive el sistema inmunitario, y los inmunoestimulantes, como anti-CD40 y anti-4-1BB, que promueven respuestas inmunitarias activas del organismo.
Ventajas de la inmunoterapia
Hay varias razones fundamentales por las que movilizar el sistema inmunitario de esta manera resulta tan prometedor en la lucha contra el cáncer. En primer lugar, el sistema inmunitario es móvil. Su capacidad para patrullar todo el organismo le permite reconocer las células cancerosas dondequiera que estén. Además, la capacidad del cáncer para propagarse suele ser la causa de las recaídas tras otros tratamientos.
En segundo lugar, el sistema inmunitario se amplifica a sí mismo. Puede aumentar su respuesta según sea necesario para combatir cánceres grandes y avanzados. Esta propiedad significa que, a veces, funciona mejor cuanto más cáncer hay, al responder a una mayor estimulación inmunitaria.
En tercer lugar, el sistema inmunitario puede evolucionar y adaptarse a los cambios del cáncer. Los cánceres son genéticamente inestables, lo que significa que pueden cambiar y «escapar» de los tratamientos convencionales. Esta es precisamente la situación para la que el sistema inmunitario ha evolucionado, en su lucha contra los patógenos. Así, a medida que cambia el tumor, el sistema inmunitario también puede cambiar en paralelo y mantener a raya las células cancerosas.
En cuarto lugar, el sistema inmunitario puede reconocer un número casi ilimitado de moléculas diana en el cáncer. La capacidad de reconocer tantos objetivos a la vez dificulta mucho que las células cancerosas variantes, poco frecuentes, escapen al control inmunitario cambiando su apariencia. También amplía los tipos de cáncer que pueden ser susceptibles a la inmunoterapia.
Por último, el sistema inmunitario tiene memoria. Lo vemos en las enfermedades infecciosas, con la protección contra un segundo episodio de infección por un germen determinado. Esto es lo que nos brinda protección de por vida contra algunas enfermedades después de contraerlas durante la infancia o recibir vacunas. En el caso del cáncer, significa que el sistema inmunitario puede quedar «inmunizado» contra las células cancerosas y detectarlas y eliminarlas si intentan volver a crecer. La mayoría de los tratamientos contra el cáncer solo funcionan mientras se administran; una respuesta inmunitaria puede durar toda la vida.
Estas cinco características de la inmunoterapia se combinan para ofrecer grandes beneficios, incluida la capacidad de generar respuestas duraderas, quizá de por vida, equiparables a curaciones, incluso en cánceres avanzados que antes eran mortales.
Retos futuros
El reto ahora es comprender por qué algunas personas y algunos cánceres responden mucho mejor que otros a estas terapias, y cómo aumentar la proporción de personas que obtienen buenas respuestas. Los datos publicados apenas el mes pasado muestran que combinar tratamientos de inmunoterapia administrando simultáneamente dos anticuerpos inhibidores de puntos de control aumenta el número de pacientes que presentan respuestas eficaces y duraderas. Por desgracia, también incrementa los efectos secundarios no deseados del ataque inmunitario a algunos tejidos normales del organismo.
Aunque los resultados de los recientes ensayos clínicos son increíblemente prometedores, está claro que apenas estamos al comienzo de nuestro camino para comprender el sistema inmunitario y aprovechar su poder para destruir el cáncer. Ya sabemos que la compleja interacción entre la composición genética del tumor, el estado del sistema inmunitario de una persona y la interacción entre ambos moldeará la respuesta inmunitaria de distintas maneras.
¿Cómo podemos, entonces, estimular mejor el sistema inmunitario? Reconocemos que se necesitan grandes equipos multidisciplinarios —formados por médicos, inmunólogos, biólogos moleculares, genetistas y otros especialistas— y recursos concentrados. En Southampton, este esfuerzo se articulará en torno a un nuevo Centro de Inmunología del Cáncer, que abrirá en 2017 con el objetivo de reunir a las personas adecuadas y ofrecer instalaciones de vanguardia.
Con el desarrollo de centros de este tipo, nuestra comprensión del sistema inmunitario en la salud y la enfermedad seguirá impulsando la rápida expansión de la inmunoterapia, lo que dará lugar a muchas nuevas oportunidades de tratamiento. Pronto, estos tratamientos serán más específicos, eficaces y seguros, y nos conducirán a una nueva era en el tratamiento del cáncer.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Mark Cragg es profesor de investigación experimental del cáncer en la Universidad de Southampton.
Imagen: Un científico prepara soluciones. REUTERS/Suzanne Plunkett.

