¿Podemos permitirnos controlar la IA?

Children interact with the humanoid robot Roboy at the exhibition Robots on Tour in Zurich, March 9, 2013. A project team composed of scholars and industry representatives developed the prototype of the tendon driven humanoid robot Roboy within nine months. Roboy was unveiled to the public today during the exhibition that is marking the 25th anniversary of the Artificial Intelligence Laboratory of the University of Zurich (AI Lab). Picture taken with fish-eye lens. REUTERS/Michael Buholzer (SWITZERLAND - Tags: SCIENCE TECHNOLOGY SOCIETY BUSINESS) - BM2E93916CJ01
In many areas, AI has the potential to do far more good than harm – if used properly.Image: REUTERS/Michael Buholzer
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A algunas personas les preocupa que robots con inteligencia artificial fuertemente armados puedan apoderarse del mundo, esclavizando a la humanidad, o quizá exterminándonos. Estas personas, entre ellas el multimillonario del sector tecnológico Elon Musk y el eminente físico Stephen Hawking, dicen que la tecnología de inteligencia artificial debe regularse para gestionar los riesgos. Pero el fundador de Microsoft, Bill Gates y Mark Zuckerberg, de Facebook discrepan y afirman que la tecnología aún no está lo bastante avanzada como para que esas preocupaciones sean realistas.

Como investigador de cómo funciona la IA en la toma de decisiones robótica, los drones y los vehículos autónomos, he visto lo beneficiosa que puede ser. He desarrollado software de IA que permite a robots que trabajan en equipo tomar decisiones individuales, como parte de esfuerzos colectivos para explorar y resolver problemas. Los investigadores ya están sujetos a normas, reglamentos y leyes vigentes concebidos para proteger la seguridad pública. Imponer más limitaciones podría reducir el potencial de innovación de los sistemas de IA.

¿Cómo se regula actualmente la IA?

Aunque el término «inteligencia artificial» puede evocar imágenes fantásticas de robots con aspecto humano, la mayoría de las personas ya se ha encontrado con la IA. Nos ayuda a encontrar productos similares cuando compramos, ofrece recomendaciones de películas y programas de televisión y nos ayuda a buscar sitios web. califica los trabajos escritos de los estudiantes, ofrece tutoría personalizada e incluso reconoce objetos que pasan por escáneres de aeropuerto.

En todos estos casos, la IA facilita las cosas a las personas. Por ejemplo, el software de IA que desarrollé podría utilizarse para planificar y llevar a cabo la búsqueda de una planta o un animal en un campo como parte de un experimento científico. Pero, aunque la IA libera a las personas de realizar ese trabajo, sigue basando sus acciones en decisiones y objetivos humanos sobre dónde buscar y qué encontrar.

En ámbitos como estos y muchos otros, la IA tiene el potencial de hacer mucho más bien que mal, si se utiliza correctamente. Sin embargo, no creo que actualmente hagan falta más regulaciones. Ya existen leyes nacionales, estatales y locales que rigen la responsabilidad civil y penal por acciones perjudiciales. Por ejemplo, nuestros drones deben cumplir las normas de la FAA, mientras que la IA de los vehículos autónomos debe obedecer las leyes de tránsito habituales para circular por vías públicas.

Las leyes vigentes también contemplan qué ocurre si un robot hiere o mata a una persona, aunque la lesión sea accidental y su programador u operador no sea penalmente responsable. Aunque legisladores y reguladores quizá deban precisar la responsabilidad por las acciones de los sistemas de IA a medida que avance la tecnología, crear regulaciones además de las ya existentes podría prohibir o frenar el desarrollo de capacidades que resultarían sumamente beneficiosas.

Riesgos potenciales de la inteligencia artificial

Puede parecer razonable preocuparse por investigadores que desarrollen sistemas de inteligencia artificial muy avanzados capaces de funcionar completamente fuera del control humano. Un experimento mental habitual plantea el caso de un vehículo autónomo obligado a tomar una decisión sobre si atropellar a un niño que acaba de entrar en la calzada o desviarse hacia una barrera de seguridad, hiriendo a los ocupantes del vehículo y quizá también a quienes viajan en otro vehículo.

Musk y Hawking, entre otros, temen que los sistemas de IA con capacidades extraordinarias, que ya no se limitarían a una sola tarea como controlar un vehículo autónomo, decidan que ya no necesitan a los seres humanos. Incluso podrían considerar la gestión humana del planeta, los conflictos interpersonales, los robos, los fraudes y las guerras frecuentes, y decidir que el mundo estaría mejor sin personas.

El escritor de ciencia ficción Isaac Asimov intentó abordar esta posibilidad proponiendo tres leyesque limitaran la toma de decisiones de los robots: estos no pueden herir a los seres humanos ni permitir que «sufran daño». También deben obedecer a los seres humanos —salvo que hacerlo les cause daño— y protegerse a sí mismos, siempre que eso no perjudique a los seres humanos ni implique desobedecer una orden.

Pero el propio Asimov sabía que las tres leyes no bastaban. Además, no reflejan la complejidad de los valores humanos. Qué constituye un «daño» es un ejemplo: ¿debería un robot proteger a la humanidad del sufrimiento relacionado con la superpoblación, o proteger la libertad de las personas para tomar decisiones reproductivas personales?

Los seres humanos ya hemos lidiado con estas cuestiones en nuestras propias inteligencias, no artificiales. Los investigadores han propuesto restricciones a las libertades humanas, incluida la reducción de la reproducción, para controlar el comportamiento de las personas, el crecimiento de la población y el daño ambiental. En general, la sociedad ha decidido no recurrir a esos métodos, aunque sus objetivos parezcan razonables. Del mismo modo, en mi opinión, en vez de regular lo que los sistemas de IA pueden y no pueden hacer, sería mejor enseñarles ética y valores humanos —como hacen los padres con sus hijos.

Beneficios de la inteligencia artificial

Las personas ya se benefician de la IA todos los días, pero esto no ha hecho más que empezar. Los robots controlados por IA podrían ayudar a las fuerzas del orden a responder ante hombres armados. Actualmente, la actuación policial debe centrarse en evitar que los agentes resulten heridos, pero los robots podrían exponerse al peligro, lo que podría cambiar el desenlace de casos como el reciente tiroteo de un estudiante universitario armado en Georgia Tech y el de un estudiante de secundaria desarmado en Austin.

Los robots inteligentes también pueden ayudar a las personas de otras maneras. Pueden realizar tareas repetitivas, como el procesamiento de datos de sensores, en las que el aburrimiento humano puede provocar errores. Pueden reducir la exposición de las personas a materiales y situaciones peligrosos, por ejemplo, al descontaminar un reactor nuclear, trabajando en zonas inaccesibles para las personas. En general, los robots de IA pueden dar a las personas más tiempo para dedicarse a lo que cada cual considere felicidad, al liberarlas de otros trabajos.

Para obtener la mayoría de estos beneficios hará falta mucha más investigación y desarrollo. Las regulaciones que encarezcan el desarrollo de sistemas de IA o impidan ciertos usos podrían retrasar o impedir esos avances. Esto es especialmente cierto para las pequeñas empresas y las personas, impulsores clave de las nuevas tecnologías, que están menos preparadas que las grandes compañías para cumplir las regulaciones. De hecho, las grandes empresas acostumbradas a lidiar con las regulaciones podrían ser las principales beneficiarias de regular la IA, porque a las empresas emergentes les resultaría más difícil competir en un entorno regulado.

La necesidad de innovar

La humanidad se enfrentó a un conjunto de problemas similar en los primeros días de internet. Sin embargo, Estados Unidos evitó activamente regular internet para no frenar su crecimiento inicial. PayPal, de Musk, y muchas otras empresas ayudaron a construir el mundo en línea moderno, sujetas únicamente a las normas habituales aplicables a las personas, como las que prohíben el robo y el fraude.

Los sistemas de inteligencia artificial tienen el potencial de cambiar prácticamente todo lo que hacen las personas. Científicos, ingenieros, programadores y emprendedores necesitan tiempo para desarrollar estas tecnologías y hacer llegar sus beneficios. Su trabajo debería estar libre de la preocupación de que se prohíban algunos sistemas de IA y de las demoras y los costos asociados a nuevas regulaciones específicas para la IA.

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