¿Puede la tecnología ser realmente neutral?

A visitor carrying her baby looks at the "San John the Baptist" (L) and the "Madonna with Child", paintings by artist Marco D'Oggiono, and "Leda and the Swan" (R), a painting by artist Leonardo Da Vinci, during the "Masters of the Renaissance, Masterpieces from Italy" exhibition at the Bank of Brazil Cultural Centre in Sao Paulo July 13, 2013. The exhibition will run from July 13 to September 23. REUTERS/Nacho Doce (BRAZIL - Tags: SOCIETY) - GM1E97E0IME01
How much responsibility do we have for the products and platforms we create?Image: REUTERS/Nacho Doce
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Es hora de un renacimiento tecnológico. Es hora de reincorporar la moral, las virtudes y nuestra humanidad a la manera en que construimos cosas, para contribuir a mejorar la experiencia humana.

Esto es lo que dijo Matthew Prince, cofundador y director ejecutivo de Cloudflare, sobre la manera en que las empresas de internet reaccionan ante el material ofensivo en sus redes.

«Mis caprichos y los de Jeff [Bezos], Larry [Page], Satya [Nadella] y Mark [Zuckerberg] no deberían determinar qué debe estar en línea. Creo que quienes dirigen The Daily Stormer son repugnantes. Pero, insisto, no creo que mis decisiones políticas deban determinar quién puede y quién no puede estar en internet».

¿Por qué no?

¿Por qué tus opiniones políticas y morales no deberían influir en quién eliges como cliente?

El reciente incidente de Charlottesville ha abierto la caja de Pandora y está obligando a los tecnólogos, la sociedad y los gobiernos a mantener conversaciones difíciles sobre cómo la gente decide utilizar los productos tecnológicos. El cierre del sitio web neonazi por parte de Twitter, Google, GoDaddy y, finalmente, Cloudflare ha planteado muchas preguntas, tras una intensa presión en las redes sociales (impulsada, irónicamente, también por la tecnología), y no necesariamente por decisión propia.

«Yo no apreté el gatillo»

¿Quién decide para qué se usan las plataformas y los productos? ¿Qué papel desempeñan la moral y los valores en todo esto?

Además, se ha producido un aumento significativo de las tasas de suicidio, el terrorismo y el racismo organizado, fenómenos potenciados por internet y las redes sociales. ¿Es realmente neutral la tecnología? ¿Puede seguir siéndolo cuando un chatbot de IA tarda menos de 24 horas en convertirse en un intolerante confundido y furioso?

¿Creemos el argumento de que quienes crean productos no tienen ninguna obligación moral respecto a ellos? Es algo parecido al argumento de «yo no apreté el gatillo». Cuando hablamos de armas, podemos justificar su necesidad y sostener que las personas deberían tener derecho a poseer una y tomar sus propias decisiones.

Pero las armas se diseñaron para matar. No son un producto neutral. Nunca lo fueron.

Entonces, ¿quién decide cómo debe usarse un arma? Podemos decir que el gobierno tiene cierta obligación de establecer regulaciones a nivel general. Pero la realidad es que quienes dirigen la empresa armamentística —sus creadores, fabricantes y diseñadores— son quienes deciden a nivel concreto.

Deciden a quién venden, cómo comercializan sus armas y cómo las distribuyen. Toman estas decisiones según sus valores. Si anteponen el lucro a todo lo demás, venderán al mejor postor, aunque sea un terrorista o un gánster.

Si valoran más el orgullo nacional o la seguridad de los jóvenes, quizá pierdan a esos clientes. Las decisiones que toman reflejan lo que realmente valoran.

Valores e intenciones

Por un lado, los fundadores de empresas tecnológicas suelen decir que quieren «hacer del mundo un lugar mejor». Por otro, crean productos y sostienen que la tecnología es neutral cuando la gente resulta perjudicada al usarlos.

¿Cómo conciliamos la intención con la obligación moral que nuestros valores determinan?

Prince decidió cerrar The Daily Stormer.No lo obligaron a hacerlo. Lo hizo porque sentía que sus valores estaban siendo tergiversados. Y, como director ejecutivo, tenía derecho a elegir a quién aceptar como cliente. Tomó una decisión.

Imaginemos qué pasaría si diéramos un rostro humano a estas conversaciones y empezáramos a hablar con más franqueza y honestidad de nuestros valores e intenciones respecto a los productos que creamos.

Quizá actuaríamos con mucha más intención al comunicar nuestros productos y la manera en que queremos que la gente los use. Tal vez reflexionaríamos más a la hora de elegir a quién vender y cómo distribuirlos de distintas maneras entre distintas personas.

Tomaríamos decisiones en vez de esperar a que nos obligaran.

Como fundador de Gnowbe, una plataforma móvil de aprendizaje y participación en la que cualquiera puede crear contenido, me planteo estas preguntas mientras desarrollamos nuestra plataforma.

¿Cuál es mi postura sobre quién usa nuestra plataforma, qué tipo de contenido debería incluir y cómo deberíamos comercializarla?

Una parte importante del Renacimiento giró en torno a la moral y las virtudes.

La tecnología está cambiando nuestra forma de vivir a un ritmo y a una escala nunca vistos, por lo que su impacto es mucho más significativo que el de los productos tradicionales.

Es hora de un renacimiento tecnológico. Es hora de reincorporar la moral, las virtudes y nuestra humanidad a la manera en que construimos cosas, para contribuir a mejorar la experiencia humana.

Necesitamos más personas como Gbenga Sesan, que ayuda a convertir a estafadores nigerianos en emprendedores tecnológicos creando aplicaciones que ayudan a la gente.

Basado en valores

El movimiento ya ha comenzado: Facebook, Microsoft, YouTube y Twitter han puesto en marcha una alianza contra el terrorismo.

Pero, dado que cada segundo se crean tres nuevas empresas emergentes —11.000 por hora—, el renacimiento tecnológico debe extenderse más allá de los gigantes y llegar hasta nosotros, los fundadores y líderes individuales que tomamos decisiones todos los días.

Es hora de tener una postura sobre cómo queremos que la gente use nuestros productos, guiados por nuestros valores.

Todos los valores tienen un costo. Puede que eso signifique perder algunos clientes por el camino.

El renacimiento tecnológico no consiste en seguir una única postura. Consiste en tener una perspectiva propia y reflejarla deliberadamente al diseñar y crear tecnologías extraordinarias.

No se trata de esperar a que nos digan qué es aceptable y qué no. Creo que ha llegado el momento de replantearnos cómo construimos nuestros productos y plataformas, a quién se los vendemos y cómo los comercializamos. Ya lo hacemos de manera implícita, y nuestras decisiones ya reflejan nuestros valores.

Ahora es el momento de poner esta conversación en primer plano.

Nota: Me entusiasma lanzar oficialmente #techrenaissance en la próxima conferencia Meta Conversations: Tech and Humanity Conference.

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