¿Pueden los robots ser buenos compañeros de equipo?

¿Pueden los robots ser buenos compañeros de equipo?
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¿Son nuestros enemigos malvados o nuestros sirvientes personales? Otra posibilidad, muy distinta, es que sean nuestros fiables compañeros de trabajo, que nos ayudan a montar esa nueva estantería de Ikea.

En el Yale Social Robotics Lab, dirigido por el profesor de Ciencias de la Computación Brian Scassellati, los robots están aprendiendo las habilidades necesarias para ser buenos compañeros de equipo, lo que permite a las personas trabajar de forma más segura, eficiente y efectiva. Entre estas habilidades se incluyen estabilizar piezas, pasar objetos, organizar un espacio de trabajo o ayudar a las personas a usar mejor una herramienta.

Algunos robots son perfectamente capaces de realizar por sí solos determinadas tareas y se utilizan con frecuencia en la fabricación. Pero sus capacidades son limitadas, ya que ejecutan tareas de forma repetitiva en las cadenas de montaje. Es extremadamente difícil fabricar un robot que realice una gran variedad de tareas, algo necesario para su uso en una pequeña empresa o en un hogar.

Desarrollar robots compañeros de equipo es una vía para lograrlo con la tecnología actual. Se ha trabajado poco en este ámbito. Por un lado, compartir un espacio de trabajo con la mayoría de los robots puede resultar peligroso.

«Solo ahora está empezando a ser viable desarrollar robots que puedan operar de forma segura cerca de las personas y a su alrededor», declaró Brad Hayes, el doctorando que dirigió el proyecto. «Estamos tratando de alejar a los robots de ser máquinas aisladas y de desarrollarlos como compañeros de trabajo que potencien las fortalezas y capacidades de cada miembro del equipo al que pertenecen.»

En particular, el trabajo de Hayes se centra en que los robots aprendan «comportamientos de apoyo», es decir, acciones que facilitan el trabajo de los demás. Estos comportamientos requieren que el robot aprenda sobre las tareas y las preferencias de sus compañeros, pero no tienen los mismos requisitos mecánicos que realizar la tarea completa por sí solo.

Entonces, ¿cómo aprende un robot a ser un buen compañero de equipo?

«Una forma es de manera autónoma: el robot intenta averiguar cómo ayudar durante las tareas simulando cientos de miles de posibilidades distintas y luego estima si eso va a ser útil para usted», explica Hayes. Pero esto puede llevar mucho tiempo y, en ciertas tareas, es posible que nunca llegue a averiguarlo.

Otro enfoque consiste en mostrárselo directamente. «Aquí, usted le está demostrando al robot de forma natural y este retiene ese conocimiento», explica. «Luego puede guardar ese ejemplo y determinar si es buena idea generalizar esa habilidad para usarla en situaciones nuevas.»

Hayes considera que la tecnología tiene valor tanto para el entorno laboral como para el hogar, especialmente para la fabricación flexible a pequeña escala o para personas que han perdido parte de su autonomía y podrían necesitar ayuda con los platos u otras tareas domésticas.

«Los robots colaborativos pueden desplegarse en estos espacios, ser útiles y cambiar la vida de las personas de una forma mucho más inmediata que esperar 20 años a que resolvamos algunos de los problemas difíciles asociados a que los robots hagan por sí solos algunas de estas cosas», afirma.

Este artículo se publica en colaboración con Yale News. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.

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Autor: William Weir es redactor de Yale News

Imagen: Robot humanoide de una empresa británica. REUTERS/Wolfgang Rattay.

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