A primera vista, el abismo entre Silicon Valley y el sector tecnológico europeo parece tan grande como el Gran Cañón.
Pregunte a cualquier persona ajena al sector que nombre algunas grandes empresas tecnológicas y la mayoría enumerará una lista compuesta íntegramente por compañías estadounidenses. Si le pide a esa misma persona que nombre una start-up europea, lo más probable es que reciba una mirada en blanco.
Fuente: egovlab
¿Cómo se comparan?
Para hacerse una idea de cómo se comparan los sectores tecnológicos de Europa y Estados Unidos, observe el número de «unicornios» –start-ups con valoraciones de 1000 millones de dólares– que surgen a ambos lados del Atlántico.
Según el banco de inversión tecnológica GP.Bullhound, Europa produjo 13 unicornios en los doce meses hasta mayo de 2015.
En el mismo periodo, Estados Unidos produjo 22 unicornios.
Hasta ahora, todo es alentador. Pero observe la valoración de todos los unicornios europeos existentes en conjunto: 120 000 millones de dólares. Compárelo con una sola empresa estadounidense, Facebook, cuya capitalización bursátil asciende a 227 000 millones de dólares, y se hará una idea de lo diminuto que es el sector europeo.
¿Por qué es así?
Silicon Valley es el centro indiscutible de la tecnología mundial. En parte se debe a razones históricas, ya que la zona se encuentra cerca de buenas universidades y de centros de investigación militar, pero, más recientemente, buena parte de la explicación también es financiera. Tradicionalmente, el volumen de capital riesgo disponible en Estados Unidos ha eclipsado con creces al de Europa.
Un análisis de White Star Capital, un fondo tecnológico con sede en Nueva York y Londres, muestra que Silicon Valley cuenta con más de tres veces más inversores tecnológicos en fase inicial que Europa.
La inversión en fases tempranas permite que más empresas echen a andar y que más compañías tengan capacidad para crecer rápidamente.
La profesora Mariana Mazzucato, miembro del Consejo sobre Economía de la Innovación del Foro Económico Mundial, considera que los sectores tecnológicos no necesitan solo capital riesgo para prosperar.
La economista sostiene que la inversión pública también es clave y que, en ese terreno, Estados Unidos ha tenido buenos resultados en el pasado: «¿Por qué surgen en Estados Unidos y no en Europa todas las empresas innovadoras, como Apple, Amazon, Google y Facebook? La respuesta que a menudo se oye es: Europa tiene mucha cultura, pero hay demasiado Estado y no suficiente mercado. Como resultado, no es lo bastante emprendedora.»
Continúa: «Esta visión pasa por alto el hecho de que todas las tecnologías revolucionarias que hacen que el iPhone sea tan inteligente fueron, en realidad, financiadas por el Estado. No mediante políticas estrechas de corrección del mercado, sino mediante políticas orientadas a una misión, que catalizaron la creación de tecnologías y sectores completamente nuevos.»
¿Tiene importancia?
Solo estamos viviendo los inicios de la revolución industrial digital. Quienes ostenten el poder cuando se despliegue la nueva revolución industrial podrán impulsarla y darle forma.
Gigantes como Google y Facebook ejercen una influencia enorme sobre la forma en que utilizamos internet y la tecnología móvil. Como saben las empresas a costa propia, pequeños cambios en el algoritmo de búsqueda de Google o en la política de noticias de Facebook pueden tener un impacto enorme.
Como declaró David Galbraith, socio de la firma de capital riesgo Anthemis, al diario The Guardian: «Si observa Europa hoy, nos encontramos en una fase equivalente a, digamos, 1920, sin fabricantes de automóviles. Ni Citroën, ni BMW, ni Rolls Royce, ni Fiat, nada.»
Observe el alcance de Google. Superando barreras lingüísticas y culturales, es el motor de búsqueda dominante en todo el mundo. Con casi el 90% de las búsquedas en el Reino Unido, el 93% en Alemania y un asombroso 96% en India, resulta evidente que la compañía ocupa una posición de gran poder.
Fuente: Statista
¿Puede cambiar?
En el pasado ha existido una tendencia a que las start-ups europeas fueran adquiridas por gigantes tecnológicos estadounidenses poco después de alcanzar el estatus de «unicornio». Quizá el ejemplo más famoso sea Skype.
El servicio de videollamadas, fundado por el danés Janus Friis y el sueco Niklas Zennström en 2003, fue vendido a eBay por 2600 millones de dólares en 2005. Este tipo de operaciones parecía consolidar el dominio estadounidense al limitarse a comprar cualquier éxito que lograra Europa.
La tentación de vender se ha atribuido con frecuencia a la relativa escasez de capital riesgo en Europa dispuesto a respaldar a los emprendedores tecnológicos. Si los emprendedores de start-ups querían dinero, a menudo se veían obligados a recurrir a Estados Unidos.
En los últimos años, sin embargo, esta situación ha empezado a cambiar, con más dinero que nunca fluyendo hacia las empresas tecnológicas europeas. Según las cifras de Dow Jones VentureSource, una base de datos de inversiones, la financiación del sector digital del continente casi se duplicó, pasando de 4000 millones de dólares anuales a 7700 millones de dólares entre 2010 y 2014.
Mark Tluszcz, consejero delegado de Mangrove, la firma de capital riesgo con sede en Luxemburgo que fue inversora temprana en Skype, declaró al FT: «Realmente creo que es cuestión de tiempo que Europa produzca su gran empresa tecnológica… porque ya no es un asunto de capital.»
Así pues, es posible encontrar personas dispuestas a afirmar que la balanza podría inclinarse pronto más a favor de Europa. Pero sería muy difícil encontrar a alguien dispuesto a predecir el fin del dominio de Silicon Valley.
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Autor: Keith Breene es redactor sénior en Formative Content.
Imagen: Aparecen personas en silueta frente a un conjunto de códigos QR. REUTERS.




