Como individuos, a veces sentimos que hay muy poco que podamos hacer frente a grandes desafíos globales como las pandemias, las crisis financieras o el cambio climático. Pero, si profundizamos en las causas de esos problemas, a menudo descubrimos que nuestra forma de vida es un factor importante que contribuye a ellos.
Esto significa que, si grandes cantidades de personas empezaran a comportarse de otra manera, muchos pequeños cambios podrían tener efectos realmente grandes (como la introducción del lavado de manos a finales del siglo XIX como una vacuna «hágalo usted mismo»). La necesidad de cambiar nuestros estilos de vida no exime de responsabilidad a los actores institucionales, incluidos los gobiernos, las empresas o las organizaciones sin ánimo de lucro. Tienen un papel importante que desempeñar al ofrecer incentivos que nos animen a tomar mejores decisiones en beneficio de nuestra salud, el medio ambiente y nuestras finanzas.
Cambiar el comportamiento es difícil. Para lograrlo, deben confluir la información, la motivación y la capacidad; y mantener el cambio exige eliminar muchos de los obstáculos que nos hacen volver a los viejos hábitos: las costumbres, la comodidad y el deseo de gratificación instantánea, por nombrar solo algunos. En los últimos años, científicos, publicistas y diseñadores han ideado formas innovadoras de hacer que los cambios sean más fáciles y divertidos.
La gamificación es un enfoque que ha demostrado ser eficaz en diversos contextos. Se sabe que usar el cinturón de seguridad reduce aproximadamente a la mitad las lesiones graves y las muertes; sin embargo, el 55 % de los adolescentes (de 13 a 20 años) que murieron en accidentes de tráfico en EE. UU. en 2012 no llevaban puesto el cinturón en el momento del choque. Play belt, una idea de Nevana Stojanovic, de Serbia, es un cinturón de seguridad que solo activa el sistema de entretenimiento del automóvil cuando se lleva puesto. Funciona porque aborda la causa subyacente de nuestra peligrosa inacción: la motivación, no la falta de información o capacidad.
En el futuro, muchos de nosotros tendremos al alcance de la mano información instantánea sobre nuestro propio comportamiento. Las tecnologías ponibles nos ofrecerán información sobre nuestros patrones de sueño, actividad física, hábitos alimentarios y mucho más. Pero ¿cambiará nuestro comportamiento? No necesariamente. Sin embargo, en combinación con enfoques que permiten comparar resultados con los de otras personas y recibir apoyo, los resultados cambian drásticamente.
Un ejemplo del sector energético fue desarrollado por Opower, una empresa de software del sector de los servicios públicos. Su informe incluye una calificación que evalúa el consumo de energía en relación con el de otras personas del vecindario. Se muestran dos caritas sonrientes si el hogar consumió menos del 80 % de lo que consumió su vecino; una si el consumo fue inferior al 50 %; y ninguna si el uso fue superior al de la mayoría de los vecinos. En cuanto los clientes recibieron sus primeros informes y vieron el recuadro de la carita sonriente, empezaron a mejorar su eficiencia energética. Este enfoque combina varios aspectos: apela a la percepción que tenemos de nuestra capacidad, nos proporciona información práctica y despierta nuestro espíritu competitivo. Si nuestros vecinos pueden ahorrar energía, nosotros también podemos.
Por último, cuando se trata de tomar decisiones financieras, los seres humanos confiamos demasiado a menudo en nuestro instinto y nuestros impulsos inmediatos, en vez de considerar analíticamente nuestras necesidades a largo plazo. Los enfoques de diseño centrados en las personas no se basan en cómo deberíamos tomar decisiones en un mundo idealizado, sino en nuestra realidad «imperfecta». Piggymojo, por ejemplo, permite a las personas vincularse con su pareja u otra persona y trabajar juntas para alcanzar una meta de ahorro. En lugar de compras impulsivas, Piggymojo registra «ahorros impulsivos» (por ejemplo, decidir no comprar esa taza de café), que se comparten con la persona que colabora en el ahorro y que el servicio contabiliza para alcanzar la meta.
Otro enfoque son los programas de ahorro vinculado a premios (PLS), como el que pusieron a prueba D2D y las cooperativas de crédito de Nebraska y Michigan. Los programas PLS utilizan un modelo de lotería, que hace que ahorrar sea divertido al ofrecer premios pequeños y relativamente frecuentes, como tarjetas de regalo. Las recompensas tangibles e inmediatas añaden un componente destacado de deseo a una decisión que, de otro modo, sería puramente de deber , al vincular la pérdida inmediata de dinero con el consumo inmediato.
Estos ejemplos son solo pequeñas muestras de cómo cada uno de nosotros puede influir en nuestra propia capacidad de resiliencia como individuos, tomando decisiones que mejoren nuestra salud, protejan el medio ambiente y creen una red de seguridad financiera; y de cómo los enfoques sencillos pueden hacer que eso sea más divertido y sostenible.
¿Qué cambio quieres ser?
Autora: Claudia Juech, vicepresidenta asociada de Investigación Estratégica, The Rockefeller Foundation.
Imagen: Un palestino salta dentro de una piscina en el complejo turístico al-Nour, en la ciudad de Gaza, el 12 de junio de 2013. REUTERS/Mohammed Salem

