2015 ya ha sido un año extraordinario para la ciencia de la evolución humana.
Hemos sido testigos de una convergencia sorprendente de descubrimientos sobre los orígenes del género humano, Homo, y todo lo que ello implica para comprender la evolución de una serie de características humanas, entre ellas la cultura y la fabricación de herramientas.
Sin embargo, las implicaciones de esta investigación son mucho más profundas de lo que la mayoría pensaría de inmediato. Permítanme explicarlo.
50 años de dogma
Los principales descubrimientos de este año atañen a varios temas históricos importantes en la investigación sobre los orígenes humanos y abarcan décadas de estudio. Sus implicaciones son amplias e involucran uno de los pilares teóricos clave sobre los orígenes humanos, que explica, entre otras cosas:
La aparición de la locomoción terrestre plenamente consolidada (o bipedismo obligado),
El aumento y la reorganización del cerebro,
El habla y el lenguaje,
Los inicios de una cultura similar a la humana y la fabricación de herramientas complejas,
Un estilo de vida de caza y recolección,
La carrera de resistencia, quizá vinculada a la «caza por persistencia»,
El consumo habitual de carne, y
El uso del fuego y la cocina.
Es probable que muchos elementos de este «paquete» de rasgos anatómicos y conductuales comenzaran con la aparición de Homo, hace unos 2,3 millones de años. De hecho, el descubrimiento de una nueva mandíbula de Homo en Etiopía, datada en 2,8 millones de años, sobre el que escribí en marzo, retrasa ese momento otros medio millón de años.
Si somos sinceros, supongo que deberíamos haber esperado que este pilar central de la teoría de la evolución humana se desmontara en cualquier momento, pues desde hace bastante tiempo había indicios de que eso ocurriría.
2015 resulta ser el año en que el impulso ha llegado a un punto, gracias a descubrimientos fortuitos, en el que toca reevaluar el modelo antiguo y avanzar con uno nuevo.

El homínido de Olduvai 7 es el espécimen tipo de la especie Homo habilis.
¿Homo, el «manitas»?
Desde 1964, cuando Louis Leakey, Phillip Tobias y John Napier anunciaron Homo habilis, y con ello redefinieron Homo, nuestro género se ha vinculado a la cultura y a la fabricación de herramientas.
Raymond Dart propuso el nombre habilis, pues en latín significa «capaz, hábil, mentalmente diestro o vigoroso».
La fabricación de herramientas de piedra, indicio de los inicios de la cultura, una «pinza de precisión» bien desarrollada en la mano y el comienzo de una tendencia a largo plazo al aumento del cerebro se vincularon todos con Homo y con su miembro más reciente y antiguo en aquel entonces, Homo habilis.
Antes de ese momento, la pertenencia al género humano se basaba sobre todo en la idea de un «Rubicon cerebral», según la cual una especie debía tener un tamaño cerebral estimado de 700 centímetros cúbicos o más para pertenecer a él.
Desde 1964 se han añadido algunos rasgos al paquete, como el uso del fuego y la cocina, y la carrera de resistencia.
Desmontar el paquete de Homo
Desde que la fabricación de herramientas se vinculó exclusivamente con Homo, ha habido disidentes.
En la garganta de Olduvai, en Tanzania, los propios Leakey encontraron herramientas, bautizadas como industria «olduvayense», asociadas tanto al «hombre cascanueces» o Paranthropus bosiei como a Homo habilis.
En la década de 1960, Jane Goodall, una de las protegidas de Leakey, demostró que los chimpancés también usaban herramientas en estado salvaje.
La semana pasada, Jill Pruetz, de la Universidad Estatal de Iowa, y su equipo informaron que chimpancés de Senegal usaban lanzas de madera para cazar, el único ejemplo de una especie no humana actual que lo hace.
En las últimas dos décadas también hemos aprendido que animales muy diversos usan herramientas: desde hormigas hasta pulpos, desde cuervos hasta nutrias, y desde delfines hasta monos y simios.
En Sudáfrica también se han recuperado herramientas de piedra en varios yacimientos de cuevas antiguas, junto a fósiles de Homo y Paranthropus de hace 2 millones de años.
Los estudios de los huesos de la mano de Paranthropus realizados por Randy Susman en la década de 1980 mostraron que su anatomía era similar a la humana; sin embargo, no tenemos idea de si tenían la motivación, la necesidad o la inteligencia para fabricar herramientas.
En 2010, Shannon McPherron y su equipo informaron de marcas de corte en huesos de grandes mamíferos, hechas por homínidos primitivos con herramientas de piedra en Etiopía y datadas en 3,39 millones de años.
Esto llevó el uso de herramientas mucho más allá de Homo y Paranthropus, hasta Kenyanthropus o incluso Australopithecus.
La semana pasada, Sonia Harmand y su equipo de la Universidad de Stony Brook anunciaron en una conferencia en California que habían encontrado herramientas de piedra en las orillas del lago Turkana, en Kenia, datadas en unos 3,3 millones de años.
¡Este descubrimiento retrasa en nada menos que 800.000 años la antigüedad de las herramientas más antiguas!
Esta nueva industria de herramientas se diferencia de la olduvayense por ser mucho más tosca e incluir herramientas de hasta 15 kilogramos de peso: según un reportaje de Ewen Calloway publicado en Nature esta semana (el trabajo aún no se ha publicado en una revista científica).
Y, precisamente esta semana, un nuevo estudio publicado por Thomas Feix, de la Universidad de Yale, y sus coinvestigadores propuso que la especie de África Oriental Australopithecus afarensis, que vivió aproximadamente entre hace 3 y 4 millones de años, también pudo haber tenido una prensión manual similar a la humana.
Esto se suma a la investigación presentada en enero por Matthew Skinner, de la Universidad de Kent, y su equipo , que mostró que la especie de África austral Australopithecus africanus también pudo haber fabricado y usado herramientas de forma habitual.
Todos estos descubrimientos ponen en entredicho el paquete completo de Homo: si homínidos como Australopithecus fabricaban herramientas, entonces estas no pueden asociarse al bipedismo obligado, al aumento del cerebro, al habla y el lenguaje ni al uso del fuego.
Son características que asociamos únicamente con los miembros de Homo.

Herramientas de piedra olduvayenses de Melka Kunture, Etiopía, datadas en unos 1,7 millones de años. Hasta este último descubrimiento, este tipo de herramientas, asociado con Homo habilis, era el más antiguo conocido.
Wikimedia Commons
¿Un simio culto?
En las últimas décadas, el sorprendente hallazgo de que artrópodos, moluscos y muchas especies de cordados (entre ellas aves y mamíferos) usan herramientas ha supuesto un enorme obstáculo para los científicos que intentan abordar la noción de «cultura».
En un bando —normalmente el de los biólogos—, la definición de cultura se ha ampliado para incluir la mayoría o la totalidad de los casos de uso de herramientas por parte de animales no humanos.
En el otro —formado principalmente por arqueólogos—, se ha restringido para incluir únicamente conductas observadas en Homo sapiens y algunos de nuestros primeros antepasados.
Pero ¿hay rasgos únicos en la manera en que los humanos y nuestros parientes bípedos extintos fabricaban y usaban herramientas de piedra?
Los humanos destacamos por fabricar una extraordinaria diversidad de herramientas, incluidas algunas muy complejas, compuestas por muchos elementos que interactúan de maneras complejas; algunas herramientas se basan en investigaciones experimentales o en conocimientos profundos sobre la naturaleza.
Basta pensar, por ejemplo, en el automóvil o el teléfono inteligente como herramientas de alta tecnología.
A los arqueólogos les ha resultado difícil lidiar con el problema de la singularidad de la cultura humana, especialmente ante la complejidad de las culturas de los simios, así como el uso de herramientas por parte de animales de tipos muy diversos.
Por ejemplo, se sabe que las aves paseriformes y la mayoría de los primates usan cantidades similares de herramientas y en situaciones de complejidad comparable. Sin embargo, los humanos hacemos las cosas de otra manera.
Los arqueólogos Iain Davison, de la Universidad de Nueva Inglaterra, y William McCrew, de la Universidad de Cambridge, creen haber precisado, desde una perspectiva conductual, qué distingue tanto a los humanos.
Creen que somos mucho más creativos, pues generamos nuevos tipos de conducta a partir de lo aprendido de otras personas, y que la fabricación humana de herramientas de piedra ha creado un «nicho» para adoptar herramientas y procedimientos de fabricación de herramientas en distintos contextos.
Sin embargo, resulta extremadamente difícil poner a prueba estas ideas basándose únicamente en la arqueología.
Reevaluar la singularidad
Parece que hemos llegado a un momento de la historia científica en que el paquete de rasgos normalmente asociado con los comienzos de Homo ya no parece válido, tras 50 años de uso.
Se ha demostrado de forma convincente que muchos de los rasgos distintivos del género humano también estaban presentes en otras especies de homínidos mucho más antiguas, y algunos incluso en otros tipos de animales.
Al mismo tiempo, encontrar los orígenes evolutivos del «abismo» real que existe entre nosotros y las demás formas de vida —que, hay que admitirlo, se reduce cada año— parece ser un reto cada vez más difícil para la ciencia.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lea el artículo original.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Darren Curnoe es especialista en evolución humana y ARC Future Fellow en UNSW Australia.
Imagen: El cráneo y la mandíbula de Homo heidelbergensis (de hace 500.000 años) se exhiben en el Museo de la Evolución Humana de Burgos. REUTERS/Felix Ordonez

