5 rasgos de los líderes con inteligencia emocional

5 rasgos de los líderes con inteligencia emocional
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En noviembre de 1974, poco después de incorporarme a la empresa de promoción inmobiliaria Trammell Crow Company, la revista Fortune publicó un perfil del fundador de la empresa, Trammell Crow. El artículo, titulado «Trammell Crow triunfa porque uno quiere que triunfe», y escrito por Wyndham Robertson, retrataba el extraordinario don de Crow para reclutar a personas que deseaban verlo triunfar. Siete años después, presencié en primera persona una de las formas en que lo hacía, cuando fundó Wyndham Hotels.

Trammell fue un pionero del sector inmobiliario y, durante los casi dos decenios que trabajé en Crow, varias personas me dijeron que ellas fueron quienes le concedieron a Trammell su primer préstamo. La gente se sentía comprometida con su éxito porque él lo compartía con ellos. Daba reconocimiento a los demás. Buscaba activamente pequeñas maneras de reconocer a quienes trabajaban con él.

Una vez hice un comentario casual sobre un reloj que llevaba. El lunes siguiente, al llegar a la oficina, encontré una caja con un reloj nuevo sobre mi escritorio, sin ninguna nota. No me cupo duda de quién se había tomado la molestia de hacerme aquel regalo inesperado.

A la hora de contratar, Trammell también daba prioridad a las relaciones humanas. Solía decir que la inteligencia y el corazón eran requisitos básicos, pero que los nuevos empleados tenían que ser personas con las que uno «querría salir a tomar una cerveza». Hoy, todo el sector inmobiliario está lleno de antiguos socios de Crow, seleccionados por Trammell por sus habilidades interpersonales.

Trammell comprendió que la inteligencia emocional encierra genialidad, al igual que la inteligencia intelectual. Las personas con un alto coeficiente emocional no solo se relacionan con los demás, sino que también tienen una percepción de la situación y un sentido de las prioridades que son difíciles de enseñar.

Tras años buscando este tipo de personas para puestos de liderazgo empresarial, he llegado a la conclusión de que comparten varios rasgos.

  1. Les gustan los deportes de equipo. Quienes tienen una agenda personal dominante suelen acallar a los demás, no escuchan bien, ven todo desde una perspectiva personal y son excesivamente combativos. Aunque pueden rendir muy bien individualmente, pueden destruir un equipo y rara vez cuentan con un nutrido grupo de seguidores propios.

  2. Tienen una confianza serena en sí mismos. Las personas más arrogantes que conozco suelen ser inseguras. A menudo son las más calladas quienes tienen una gran profundidad y no sienten verdadero temor cuando están bajo presión. Así que no confundas la confianza exterior con la fortaleza interior: pueden ser inversamente proporcionales. Cuando las cosas se ponen difíciles, a menudo la gente quiere seguir a las personalidades reservadas y estables.

  3. Tienen una visión a largo plazo. Todo el mundo vela por sus propios intereses; es de esperar. Sin embargo, quienes son buenos líderes, buenos socios y colaboradores sólidos pueden discernir las consecuencias de segundo y tercer orden. Tienen la capacidad de «ver más allá» y anticipan las consecuencias a largo plazo y la sabiduría que se desprende de considerar todos los factores en las opciones que tienen ante sí. También toman decisiones con un interés propio ilustrado que tiene en cuenta las perspectivas de los demás.

  4. Son amables. Esto lo vi en Trammell, pero lo aprendí realmente de mi madre, que siempre decía que no cuesta nada decir algo amable y levantar el ánimo de los demás. Volviendo a Trammell, recuerdo que se marchó de un banquete de premios al que asistía cuando uno de los invitados de su mesa sufrió una ofensa. En vez de quedarse para los festejos, Trammell llevó a la persona ofendida a una cena privada.

  5. No esperan recibir algo a cambio. Las personas a quienes los demás desean ver triunfar suelen hacer cosas sin esperar recompensa y sin llevar la cuenta. El reto es encontrar a quienes disfrutan ganando, pero tienen la inteligencia emocional para querer que los demás también ganen.

Quienes actúan con egoísmo a corto plazo y dan prioridad absoluta a progresar descubrirán que su comportamiento probablemente resulta contraproducente. Aunque la gente no siempre recuerde o corresponda a las buenas acciones, casi siempre recuerda las que le hicieron daño y a menudo busca la oportunidad de devolver el golpe. Quienes convierten ese comportamiento en hábito se encontrarán con las gradas vacías de seguidores y quizá también sin compañeros de equipo.

El orador motivacional y experto en ventas Harry «Zig» Ziglar afirmó: «Conseguirás todo lo que quieras en la vida si ayudas a suficientes personas a conseguir lo que quieren». El reto suele reducirse al orden en que se establecen estas prioridades. Si puedes dar prioridad a ayudar a los demás a triunfar, descubrirás que a veces te lo devuelven. Pero también comprobarás que, más a menudo que no, no es así, y no puedes dejar que eso cambie nada.

El reto es no cambiar de rumbo cuando no te devuelven el favor. Si puedes vivir de ese modo, descubrirás que muchos admiradores, amigos y compañeros de equipo maravillosos querrán, en silencio, que triunfes.

Este artículo se publica en colaboración con Linkedin. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Joel Peterson es presidente de JetBlue Airways.

Imagen: Matteo Achilli (D) trabaja con uno de sus asistentes en su oficina de Formello, al norte de Roma. REUTERS/Tony Gentile

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