3 preguntas importantes sobre las tecnologías emergentes

3 preguntas importantes sobre las tecnologías emergentes
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El Meta-Consejo sobre Tecnologías Emergentes del Foro Económico Mundial publicó recientemente su Top 10 de tecnologías emergentes de 2015, llamando la atención sobre las tendencias recientes del cambio tecnológico. La lista incluye avances en inteligencia artificial, robótica y fabricación.

Las perspectivas de la Comunidad Global de Prospectiva Estratégica sobre los cambios globales permiten comprender cómo podrían utilizarse en el futuro estos avances tecnológicos, así como las oportunidades y los riesgos que presentan. Sus miembros plantean las preguntas que deberíamos hacernos ahora si queremos guiar la evolución de estas tecnologías hacia resultados positivos.

¿Podría nuestro entorno construido «inteligente» volverse demasiado inteligente?

La tecnología se parece cada vez más a los seres humanos; los avances en inteligencia artificial permiten que las computadoras aprendan por sí solas y comprendan el lenguaje humano; los chips informáticos inspirados en el cerebro buscan emular la forma en que este procesa la información.

Aplicadas a nuestros entornos construidos, estas tecnologías podrían hacerlos «tan inteligentes que parezcan conscientes», afirma Jerome Glenn, director ejecutivo del Millennium Project. Chris Luebkeman, director global de Prospectiva, Investigación e Innovación de Arup Group Ltd, destaca las oportunidades de un entorno construido inteligente, al que denomina «inteligencia ambiental». Esto nos permitirá, afirma, «coordinar las funciones de las ciudades y eliminar ineficiencias para que las grandes metrópolis prosperen en un futuro con recursos limitados».

Pero rodearnos de edificios y electrodomésticos inteligentes también presenta riesgos, en particular si permitimos que la inteligencia artificial opere fuera de nuestro control. Glenn afirma: «Cuando la inteligencia artificial pueda reescribir su propio código basándose en la información recibida de redes globales de sensores, podrá volverse más inteligente de un momento a otro. Podría evolucionar fuera de nuestro control, de manera positiva o destructiva». Sugiere que, al explorar los posibles futuros de la evolución de la inteligencia artificial, podemos tomar decisiones fundamentadas sobre qué capacidades tecnológicas desarrollar para nuestro entorno construido.

¿Cómo podríamos beneficiarnos todos de la automatización?

A medida que la inteligencia artificial y la robótica se vuelven más avanzadas, la automatización —la realización de tareas por máquinas con una intervención humana mínima— ofrece beneficios sociales cada vez más importantes. Nouriel Roubini, profesor de Economía y Negocios Internacionales en la Universidad de Nueva York, señala que estas nuevas tecnologías están «generando un entusiasmo febril por una transformación radical de la producción industrial», dando lugar a lo que él y otros han empezado a llamar la tercera revolución industrial.

Peter Schwartz, vicepresidente sénior de Relaciones Gubernamentales Globales y Planificación Estratégica de salesforce.com, opina de manera similar que la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes tienen un gran potencial para impulsar el crecimiento económico futuro, ya que no solo «aumentarán la productividad…, sino que también darán origen a una nueva generación de productos y servicios».

Sin embargo, la amplia expansión de la automatización también podría provocar una pérdida masiva de empleos, pues es probable que las máquinas asuman tareas cada vez más complejas. Roubini sostiene: «Se crearán empleos altamente cualificados para quienes tengan la formación necesaria para participar en el nuevo mundo manufacturero de alta tecnología. Sin embargo, para los trabajadores que no tengan la fortuna de participar en estos beneficios, puede parecer que toda la revolución está ocurriendo en otra parte». De manera similar, Claudia Juech, vicepresidenta asociada y directora general de Investigación Estratégica de la Fundación Rockefeller, cree que «las personas que carezcan de medios para cursar estudios avanzados o de las competencias necesarias para adaptarse a las soluciones tecnológicas podrían no reunir los requisitos para acceder a las pocas ofertas de empleo estables».

En este contexto, Jill Wong, directora de la Oficina de Política Estratégica de la División del Servicio Público de la Oficina del Primer Ministro de Singapur, insta a los gobiernos a actuar, y sostiene que «desempeñan un papel fundamental a la hora de orientar el avance de la tecnología». Plantea varias preguntas pertinentes para los responsables de formular políticas, entre ellas: ¿Deberían los gobiernos actuar con audacia para fomentar la innovación y, al mismo tiempo, ayudar a los «perdedores» a participar en las mejoras generales, o al menos protegerlos de sus efectos negativos?

Roubini coincide en que el sector público tendrá un papel en ayudar a los trabajadores a adaptarse y adquirir nuevas competencias, aunque como parte esencial de un esfuerzo social más amplio; añade que cualquier solución «debe incluir un componente educativo importante». En consonancia, Juech sostiene que la naturaleza cambiante del trabajo —debido, entre otros factores, a la automatización— exige que adaptemos los sistemas de apoyo social.

¿Podrían las nuevas tecnologías de fabricación empoderar a las personas o volverlas más vulnerables?

La impresión 3D, junto con la maduración de la internet de las cosas —es decir, la conexión de cualquier objeto a internet—, transformará la forma en que diseñamos, producimos y distribuimos productos, en particular al hacer posible la llamada «fabricación distribuida». Aunque el diseño de un producto puede recurrir a la colaboración colectiva a escala mundial, su fabricación podría realizarse en los lugares de consumo. Este tipo de fabricación nos permitirá pasar de un modelo predominantemente de producción en masa a uno de «personalización masiva».

Trudpert Schelb, director de Transformación Estratégica de Siemens AG, predice que esto trastornará a las empresas establecidas y permitirá que más personas «creen negocios de nicho con poca inversión de capital y alcance en los mercados globales a través de plataformas de comercio electrónico».

Stefan Hajkowicz, científico principal de Prospectiva Estratégica de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO), prevé lo siguiente: « ya no será necesario tener una fábrica … para generar valor en la fabricación: cualquiera con capacidad para el diseño creativo podrá hacerlo, lo que reducirá aún más las barreras de entrada a la economía global».

Sin embargo, el desafío para aprovechar estas oportunidades, como señala el asesor sénior del FORO Nacional Internacional Francisco Sagasti , es que «se requieren iniciativas e inversiones de gran envergadura [como la infraestructura de TIC] para proporcionar los productos y servicios subyacentes que hacen posibles estas interacciones y explosiones de emprendimiento». Schelb destaca un riesgo quizás aún mayor: una «peligrosa dependencia de los sistemas digitales esenciales, como las plataformas informáticas y las redes eléctricas inteligentes, que concentran un grado considerable de poder monopolístico». Esto le lleva a plantear algunas preguntas: ¿Deberíamos considerar que partes de la infraestructura digital esencial sean de propiedad pública o consagrar los derechos individuales a su uso? ¿Podemos revitalizar la competencia entre proveedores de sistemas para reforzar la posición de las personas?

A medida que el rápido cambio tecnológico abre nuevas posibilidades —como vivir en entornos más seguros, eficientes y mejor organizados; aumentar la productividad mediante la automatización; y sacar a las personas de la pobreza con nuevos modelos de emprendimiento—, ¿qué enfoques podemos adoptar para maximizar los beneficios para todos y minimizar los efectos negativos? Si queremos dar forma al futuro que deseamos, debemos abordar esta cuestión ahora.

Autores: Trudi Lang es directora y jefa interina de Prospectiva Estratégica del Foro Económico Mundial. Kristel Van der Elst es miembro de la Comunidad Global de Prospectiva Estratégica.

Imagen: Un empleado supervisa una biblioteca automatizada de sustancias en el Centro de Investigación Farmacéutica de Bayer HealthCare en Wuppertal, el 24 de febrero de 2014. REUTERS/Ina Fassbende

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