Tu cerebro podría recordar un idioma, aunque no lo hayas oído desde que naciste

A child touches her pregnant mother's stomach at the last stages of her pregnancy in Bordeaux April 28, 2010. A January 2010 report indicates that life expectancy and fertility of French women are among the highest in Europe. REUTERS/Regis Duvignau (FRANCE - Tags: SOCIETY HEALTH) - RTR2DBMQ
Remarkably, what we learn before we can even speak stays with us for decades.Image: REUTERS/Regis Duvignau
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Nuevas pruebas sugieren que los primeros rastros de un idioma pueden perdurar hasta la edad adulta, incluso si ya no hablamos ni entendemos ese idioma. Además, la exposición temprana también parece acelerar el proceso de volver a aprenderlo más adelante en la vida.

En el nuevo estudio, publicado recientemente en Royal Society Open Science, se entrenó a adultos neerlandeses para que escucharan contrastes de sonidos en coreano. Algunos participantes afirmaron no haber estado expuestos antes al idioma; otros habían nacido en Corea y fueron adoptados por familias neerlandesas antes de cumplir seis años. Todos los participantes dijeron que no podían hablar coreano, pero los adoptados de Corea distinguían mejor los contrastes y pronunciaban los sonidos coreanos con mayor precisión.

«El aprendizaje de un idioma puede conservarse de forma subconsciente, aunque no existan recuerdos conscientes de ese idioma», afirma Jiyoun Choi, investigadora posdoctoral de la Universidad Hanyang, en Seúl, y autora principal del estudio. Al parecer, un breve período de exposición temprana ya beneficia el aprendizaje posterior; cuando Choi y sus colaboradores compararon los resultados de personas adoptadas antes de cumplir seis meses con los de otras adoptadas después de los 17 meses, no encontraron diferencias en sus capacidades auditivas ni del habla.

«Es emocionante que estos efectos se observen incluso en adultos que estuvieron expuestos al coreano solo hasta los seis meses de edad, antes de que aparezca el balbuceo», afirma Janet Werker, profesora de Psicología de la Universidad de Columbia Británica, quien no participó en la investigación. Sorprendentemente, lo que aprendemos antes incluso de poder hablar permanece con nosotros durante décadas.

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