¿El secreto para poner fin a una guerra? Más mujeres en las negociaciones de paz

A woman holds a paper dove during a march to mark the International Day for the Elimination of Violence against Women in Lima November 23, 2011. REUTERS/Mariana Bazo (PERU - Tags: SOCIETY) - GM1E7BO0Q6T01
When women take a seat at the table, peace lasts 20% longer, according to UN data.Image: REUTERS/Mariana Bazo
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Todos somos conscientes del desequilibrio de género en las juntas directivas, los estudios de Hollywood y la política. Pero ¿qué ocurre en las conversaciones de paz mundiales? Solo el 4% de los signatarios de acuerdos de paz entre 1992 y 2011 eran mujeres, y apenas el 9% de los negociadores. Y, sin embargo, los estudios han demostrado que la participación de las mujeres es clave para garantizar una paz duradera.

Poner fin a una guerra es un proceso complejo y arriesgado, y lo que está en juego es mucho. Entre los ejemplos recientes de fracaso figura el colapso de las conversaciones de paz de Sudán del Sur celebradas en Etiopía. La participación de las mujeres en las negociaciones formales fue mínima, como suele ocurrir. En conflictos recientes que van de Siria a Yemen y el noreste de Nigeria, las mujeres han sido retratadas sobre todo como víctimas. Este estereotipo les impide ocupar un lugar significativo en la mesa de negociación, sobre todo porque las conversaciones formales tienden a centrarse en reunir a las partes en conflicto. Menos del 10% de los negociadores de paz son mujeres.

Esto resulta aún más problemático porque las mujeres pueden aumentar considerablemente las posibilidades de alcanzar un acuerdo de paz. Según ONU Mujeres, cuando las mujeres participan en un proceso de paz, aumenta en un 20% la probabilidad de que la paz dure más de dos años. El Consejo de Seguridad de la ONU ha pedido que las mujeres participen más en la resolución de conflictos.

Por supuesto, las mujeres en zonas de guerra sufren atroces actos de violencia sexual y física. Pero no son solo víctimas. Son artífices de la paz, perpetradoras, mediadoras y agentes económicos, a veces al mismo tiempo. Históricamente, las mujeres han estado a menudo en primera línea, impulsando el cambio.

Image: ONU Mujeres

En Irlanda del Norte, Betty Williams y Mairead Maguire cofundaron la Comunidad de los Pueblos por la Paz y movilizaron a más de 10.000 mujeres católicas y protestantes para marchar y defender la paz. En 1976 recibieron el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para poner fin a las hostilidades.

En Liberia, Leymah Gbowee unió a mujeres cristianas y musulmanas en un movimiento interreligioso, la Acción Masiva de las Mujeres de Liberia por la Paz. Las mujeres actuaron como intermediarias entre Charles Taylor y los líderes rebeldes, organizaron sentadas para impedir que los negociadores abandonaran el palacio presidencial e incluso llevaron a cabo huelgas de sexo con la intención de que los hombres dejaran de luchar. Sus esfuerzos contribuyeron al exilio de Charles Taylor y desempeñaron un papel en el establecimiento de la paz en su país. También sentaron las bases para el ascenso de Ellen Johnson Sirleaf, la primera mujer africana jefa de Estado. En 2011, tanto Gbowee como Johnson Sirleaf recibieron el Premio Nobel de la Paz.

Más recientemente, en 2014, Miriam Coronel-Ferrer encabezó el equipo negociador del Gobierno filipino. Fue la primera mujer en firmar un importante acuerdo de paz: el Acuerdo Global sobre Bangsamoro. El tratado proporcionó un marco para poner fin al conflicto de 40 años entre el Gobierno filipino y el Frente Moro de Liberación Islámica (MILF), un grupo rebelde que aspiraba a crear un Estado independiente de mayoría musulmana. Las mujeres representaban el 33% de ese equipo negociador y el 25% de los signatarios. Junto con organizaciones locales de la sociedad civil, se aseguraron de que el acuerdo incluyera políticas para ampliar las oportunidades de las mujeres. El acuerdo no se aplicó de inmediato, pero en 2017 se hicieron esfuerzos para incorporar sus disposiciones a la legislación nacional.

En Colombia, en 2016 se firmó un tratado de paz para poner fin al conflicto de 50 años entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC). El conflicto se había cobrado más de 200.000 vidas y había provocado el desplazamiento de unos 7 millones de personas. Las mujeres representaban el 20% del equipo del Gobierno y el 43% del equipo negociador de las FARC. Fue la primera vez que se incluyó una subcomisión de género en una negociación de paz. La participación significativa de las mujeres en todos los niveles, desde las negociadoras hasta las activistas locales, tuvo un impacto muy positivo. El tratado final incluyó diversas disposiciones para las mujeres, entre ellas la promoción de sus derechos sociopolíticos y económicos y medidas contra la violencia de género.

Por desgracia, estos ejemplos siguen siendo la excepción y no la regla. En una multitud de conflictos en curso, se ignora el potencial de las mujeres como artífices de la paz. En Nigeria, por ejemplo, las mujeres han quedado excluidas de los debates sobre la reciente crisis entre agricultores y pastores. En Yemen y Sudán del Sur, las mujeres aún no están incluidas de manera significativa en los procesos formales.

Las mujeres pueden cambiar la sociedad. Pueden ayudar a poner fin a la guerra y lograr una paz duradera. Es hora de darles la oportunidad de hacerlo.

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