Las mujeres han sido borradas de la historia de la ciencia. Es hora de recuperarlas

A worker poses for a photograph in the anti-doping laboratory which will analyse samples from athletes during the London 2012 Olympic Games, in Harlow, southern England January 19, 2012. The lab will analyse over 6250 samples throughout the Olympic and Paralympic Games, and will be in operation 24 hours a day, seven days a week, according to a press release from the London Organising Committee of the Olympic Games and Paralympic Games. REUTERS/LOCOG/Pool (BRITAIN - Tags: CRIME LAW SPORT OLYMPICS) - LM1E81J1EOZ01
It is important to remember those women scientists who did contributeImage: REUTERS/LOCOG/Pool
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¿Puedes nombrar a una científica de la historia? Lo más probable es que digas Marie Curie. Curie, ganadora del Premio Nobel en dos ocasiones, y la matemática Ada Lovelace son dos de las pocas mujeres de la ciencia occidental que han recibido un reconocimiento popular duradero.

Una de las razones por las que las mujeres suelen estar ausentes de los relatos sobre ciencia es que no resulta tan fácil encontrar científicas en los registros públicos. Incluso hoy, el número de mujeres que se incorporan a la ciencia sigue siendo inferior al de los hombres, especialmente en ciertas disciplinas. Cifras de los exámenes de nivel A muestran que en 2018 las chicas representaban solo el 12% de quienes se presentaron a informática y el 22% de quienes se presentaron a física.

Otra razón es que las mujeres no encajan en la imagen común de un científico. La idea del genio solitario masculino sigue siendo extraordinariamente persistente. Pero recurrir a la historia puede cuestionar esta imagen y, a la vez, ofrecer algunas explicaciones de por qué la ciencia sigue teniendo un sesgo tan marcado hacia lo masculino.

Para empezar, la visión tradicional de la ciencia como un conjunto de conocimientos, en lugar de una actividad,ignora las contribuciones de las mujeres como colaboradoras y se centra, en cambio, en los hechos que produjeron los grandes descubrimientos (y en los hombres que los hicieron famosos).

Lise Meitner con Otto Hahn.

La astrónoma del siglo XIX, Caroline Herschel, queda eclipsada por su hermano William. La física Lise Meitnerse quedó sin el Premio Nobel de 1944 por el descubrimiento de la fisión nuclear, que fue otorgado, en cambio, a su colaborador más joven, Otto Hahn. Incluso Curie fue atacada por la prensapor supuestamente atribuirse el mérito del trabajo de su marido, Pierre.

La historiadora Margaret Rossiter acuñó el término «efecto Mateo-Matilda». Antes del siglo XX, la posición social de las mujeres implicaba que normalmente solo podían negociar su acceso a la ciencia colaborandocon familiares o amigos varones, y en la mayoría de los casos solo si tenían dinero. Esto las dejó expuestas a la tradicional suposición jerárquica de que la mujer debía apoyar y ayudar al hombre.

Hertha Ayrton Image: Helena Arsène Darmesteter/Girton College, Universidad de Cambridge

Una necrológica publicada en Nature en diciembre de 1923 sobre la física e ingeniera eléctrica Hertha Ayrton, quien recibió la Medalla Hughes de la Royal Society por sus investigaciones originales en 1906, lo ilustra. La necrológica criticó a Ayrton por descuidar a su marido y afirmó que, en lugar de concentrarse en la ciencia, debería haberle «puesto zapatillas de estar por casa» y «haberlo alimentado bien» para que él pudiera hacer mejor ciencia. El tono de esta necrológica allanó el camino para que su legado cayera en el olvido.

Estas actitudes persistentes sobre el papel «apropiado» de la mujer contribuyen a ocultar sus aportaciones científicas. También nos llevan a pasar por alto a las mujeres que colaboraron en ámbitos históricamente más acogedores, como la divulgación científica, la traducción y la ilustración.

Además de olvidar a las científicas, también olvidamos que la ciencia solo se convirtió en una profesión a finales del siglo XIX. Entonces pasó a desarrollarse en nuevos entornos institucionales, dejando a las mujeres en el hogar, donde su labor científica se volvió invisible para la historia. Por ejemplo, pocas personas recuerdan a pioneras como Henderina Scott, quien en 1903 fue una de las primeras en utilizar la fotografía a intervalos para registrar el movimiento de las plantas.

La exclusión de las mujeres de los espacios profesionales en aquella época es una de las razones por las que comenzaron a participar más activamente en disciplinas científicas que aún dependían en gran medida del trabajo de campo, como la astronomíay la botánica. Fue entonces cuando la ciencia empezó a dividirse en una jerarquía de ciencias «duras», dominadas por hombres, como la física, y ciencias «blandas», como la botánica y las ciencias biológicas, que se consideraban más aceptables para las mujeres.

Excluidas

Por lo general, se negaba a las mujeres el ingreso en las instituciones científicas de élite, así que sus nombres no aparecen en las listas de miembros. Las primeras mujeres fueron elegidas miembros de la Royal Society en 1945, y la Academia de Ciencias de Francia no admitió a su primera mujer miembro hasta 1979. Cuando la Royal Geographical Society debatió en 1892 y 1893 la posibilidad de admitir mujeres como miembros, los consejeros mantuvieron una acalorada disputa en la sección de cartas de The Times; la sociedad no admitió finalmente a mujeres hasta 1913.

Aun así, las científicas se abrieron paso por las grietas. Entre 1880 y 1914, unas 60 mujeres contribuyeron con artículos a las publicaciones de la Royal Society. Algunas mujeres siguieron trabajando como científicas sin cobrar ni tener un cargo. Dorothea Batefue una paleontóloga destacada, vinculada al Museo de Historia Natural desde 1898, pero no recibió un salario ni se incorporó al personal hasta 1948, cuando ya rondaba los setenta años.

¿A qué se debía esta ambivalencia generalizada hacia las científicas? A finales del siglo XIX, la ciencia enseñaba que existían diferencias intelectuales innatasentre los sexos que limitaban la aptitud de las mujeres para la ciencia. (Otra razón por la que las sociedades científicas no querían que la presencia de mujeres miembros empañara su prestigio.) Charles Darwin sosteníaque la competencia evolutiva había impulsado un mayor desarrollo del cerebro masculino.

Académicas como Carolyn Merchant y Londa Schiebingerhan demostrado que el nacimiento de la ciencia moderna, a finales del siglo XVII, encarnó un ethos masculino hostil a la participación de las mujeres. La feminidad pasó a asociarse con el objeto pasivo de la investigación científica, en oposición directa al investigador activo, el hombre.

La naturaleza desvelándose ante la ciencia (Musée d'Orsay).Image: emilee radeer/Flickr, CC BY-SA

La ciencia y la naturaleza se personificaban habitualmentecomo mujeres hasta principios del siglo XX, mientras que se caracterizaba al investigador varón como quien penetraba sus secretos. Esta concepción cultural de la ciencia —que no tiene nada que ver con el número de personas de cada sexo que la practican— planteaba a las mujeres un desafío que aún hoy resulta reconocible.

Aunque debemos tener cuidado de no exagerar hasta qué punto las mujeres participaron históricamente en la ciencia, es importante recordar a las científicas que sí contribuyeron y las barreras que superaron para participar. Esta es una de las vías para abordar la tensión persistente entre feminidad y ciencia, ofrecer modelos femeninos y aumentar la participación de las mujeres en todas las disciplinas científicas.

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