Una acción climática ambiciosa podría crear más de 65 millones de nuevos empleos en 2030, muchos de ellos en campos de infraestructuras sostenibles como la energía limpia, el transporte público y los edificios eficientes. Sin embargo, como parte de una transición justa, tendremos que asegurarnos de que hombres y mujeres se beneficien por igual de estos millones de nuevos empleos.
Históricamente, las mujeres han quedado al margen de los campos tradicionales de la infraestructura. Solo ocupan el 17,5 por ciento de los empleos del sector del transporte de la UE y representan únicamente el 20-25 por ciento de la fuerza laboral del sector energético. La infrarrepresentación de las mujeres en estos campos no solo les perjudica a ellas, sino que perjudica a todos. Garantizar que las mujeres tengan acceso a oportunidades en proyectos de infraestructura sostenible puede impulsar el crecimiento económico, mejorar los resultados medioambientales y generar beneficios sociales.
El acceso de las mujeres al empleo importa a todos
Más de 2.700 millones de mujeres en todo el mundo siguen enfrentándose a barreras importantes, a menudo arraigadas en la legislación, que limitan su participación en la fuerza laboral. Esta exclusión reduce la productividad y perjudica a todos. Las investigaciones de la New Climate Economy muestran que la participación en igualdad de condiciones de las mujeres en la economía podría aumentar el PIB mundial hasta en 28 billones de dólares anuales para 2025 y mejorar los beneficios de las empresas. Más mujeres en los consejos de administración del sector energético pueden aportar mayores rendimientos tanto en el capital como en las inversiones. Por ejemplo, las 20 empresas de servicios públicos de energía con mayor diversidad de género superan en rendimiento a las menos diversas.
La inclusión de las mujeres en la fuerza laboral también puede impulsar un desarrollo sostenible y bajo en carbono. Las pruebas demuestran que las empresas con más mujeres en sus consejos de administración y en puestos directivos tienen más probabilidades de mejorar de forma proactiva la eficiencia energética, invertir en energía renovable y medir y reducir las emisiones de carbono.
Además de los beneficios económicos y medioambientales, la inclusión de las mujeres en los sectores de empleo también aporta cambios sociales que mejoran la posición de las mujeres en sus comunidades. En Tanzania, por ejemplo, un proyecto de la ONU que formó a mujeres para instalar y mantener paneles de energía solar no solo benefició económicamente a las participantes, sino que también animó a las mujeres miembros de los comités de energía solar de las aldeas a participar de forma más activa en los procesos de toma de decisiones medioambientales.
¿Cómo aumentar la participación de las mujeres en la fuerza laboral de la infraestructura sostenible?
1. Igualar las condiciones y facilitar la formación de competencias.
Muchas de las oportunidades de empleo generadas por la transición hacia una economía baja en carbono requerirán sólidas competencias técnicas. La disparidad entre hombres y mujeres en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) en todo el mundo no es ningún secreto, y la brecha se está ampliando en algunos países. Las mujeres representan solo el 35 por ciento del alumnado matriculado en campos STEM a nivel mundial, y las mujeres tienen más probabilidades de abandonar sus carreras STEM que los hombres por motivos como el acoso por razón de género. Es esencial aplicar políticas legales e institucionales para que los entornos de trabajo y estudio de las mujeres favorezcan más su éxito. Programas como Red Mundial de Mujeres para la Transición Energética, Mujeres en Infraestructuras y Mujeres en Cleantech y Sostenibilidad han creado redes de apoyo y oportunidades de tutoría para profesionales femeninas en diversos campos relacionados con las STEM.
La formación en el puesto de trabajo también ayuda a cerrar la brecha de competencias. Muchas iniciativas de energías renovables, como Solar Sister en comunidades rurales africanas y Grameen Shakti en Bangladés, fomentan, respectivamente, el emprendimiento de las mujeres y su capacidad para reparar sistemas solares domésticos, como elementos integrales de un proyecto exitoso. Varios estados de Estados Unidos, entre ellos California, Massachusetts y Virginia Occidental, han utilizado programas de preaprendizaje para impulsar las carreras de las mujeres en la construcción y otros oficios relacionados con la infraestructura.
2. Contratar en todos los niveles y a lo largo de toda la cadena de suministro.
En todos los sectores relacionados con la infraestructura, las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en las divisiones técnicas y en los niveles superiores de la escala profesional. Solo el 17,5 por ciento de los empleados del sector del transporte de la UE son mujeres, y estas solo representan el 10 por ciento de la fuerza laboral de las divisiones técnicas u operativas. La mayoría trabaja en funciones administrativas o de atención al cliente. Las mujeres también representaban menos del 17 por ciento de la fuerza laboral del sector de agua, saneamiento e higiene (WASH) en los países en desarrollo. Aplicar políticas justas de contratación y promoción puede acelerar el cambio: contratar a más mujeres para puestos directivos a menudo genera un ciclo de contratación inclusiva.
Muchas empresas han adoptado ambiciosos compromisos en materia de igualdad de género, pero el cumplimiento sigue siendo un reto. Los financiadores de proyectos de infraestructura sostenible pueden utilizar herramientas como las calificaciones de diversidad e inclusión o Bloomberg GEI, que exigen diversidad de género en los consejos de administración y garantizan el cumplimiento de las políticas de contratación y laborales inclusivas.
3. Fomentar un entorno de trabajo inclusivo.
Fomentar la diversidad de género en el lugar de trabajo no es suficiente. Las mujeres siguen cobrando un 50 por ciento menos que los hombres en puestos directivos del sector energético. La brecha salarial de género, es decir, la diferencia entre los salarios de hombres y mujeres, es del 35 por ciento en la industria de infraestructura básica y del 39 por ciento en el sector de la movilidad. En muchas empresas, los sesgos internos y las culturas de oficina impiden la promoción profesional de las mujeres hacia puestos de toma de decisiones. Para atraer y retener a la fuerza laboral femenina, las corporaciones deben eliminar las desigualdades estructurales, empezando por adoptar políticas centradas en la igualdad salarial, los horarios flexibles, la baja por maternidad y la reparación del acoso.
Invertir en economías nuevas y bajas en carbono ofrece una oportunidad excepcional de garantizar que los empleos en infraestructura sostenible no conlleven las injusticias inherentes a los campos tradicionales de la infraestructura. Con el tema principal de la próxima semana, la 63.ª Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer centrado en el acceso de las mujeres a la protección social, los servicios públicos y la infraestructura sostenible, impulsar una mayor presencia de mujeres en la fuerza laboral de la infraestructura sostenible es una de las muchas estrategias que los líderes mundiales pueden adoptar. Ha llegado el momento de ver a las mujeres como constructoras de un futuro bajo en carbono, resiliente y justo.

