Por qué necesitamos una edad mínima universal para contraer matrimonio

Por qué necesitamos una edad mínima universal para contraer matrimonio
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Cuando la hermana menor de Memory Banda fue obligada a casarse con tan solo 11 años, Memory se propuso garantizar que ninguna otra niña tuviera que sufrir el destino de su hermana. Desde entonces, esta extraordinaria joven de una zona rural de Malaui ha contribuido a convencer a su gobierno para que eleve la edad mínima para contraer matrimonio en todo el país, y está abriendo camino para que todas las niñas sigamos su ejemplo.

La hermana de Memory quedó embarazada durante una tradicional «ceremonia de purificación» sexual, un rito de paso en algunas zonas de Malaui que supuestamente prepara a las niñas púberes para la edad adulta y el matrimonio. La obligaron a casarse con el padre del hijo que no había planeado tener, un hombre de poco más de 30 años, y tuvo que asumir todas las responsabilidades de la vida adulta. Ahora, con 16 años, cría sola a tres hijos y no ha podido volver a la escuela.

El incidente inspiró a Memory a luchar por un futuro mejor para las niñas. Se involucró en un grupo local de base, Girls Empowerment Network, y se unió a otras jóvenes y organizaciones de la sociedad civil de todo Malaui para instar a las autoridades de las aldeas y a los ministros del Parlamento a poner fin a los matrimonios infantiles. El mes pasado, los esfuerzos de Memory, junto con los de miles de personas más, dieron fruto cuando el gobierno de Malaui promulgó una nueva ley que fija en 18 años la edad mínima para contraer matrimonio.

El logro de Memory es importante. Cada año, unos 15 millones de niñas se casan antes de cumplir 18 años, y su difícil situación suele pasar inadvertida. Una niña obligada a casarse suele sufrir presiones para tener hijos antes de estar física o emocionalmente preparada. Y el resultado puede ser mortal. Las niñas que dan a luz antes de cumplir 15 años tienen cinco veces más probabilidades de morir durante el embarazo o el parto que las mujeres de veintitantos años.

Las consecuencias del matrimonio infantil duran toda la vida. Las niñas casadas suelen abandonar la escuela y pierden la oportunidad de adquirir las habilidades y los conocimientos necesarios para salir ellas y sus familias de la pobreza. Como la hermana de Memory, a menudo se casan con hombres mayores, una situación que les dificulta garantizar que reciban un buen trato. ¿Se imaginan tratar de enfrentarse a un hombre al que no eligieron, a quien no aman y que no las respeta?

La educación de las niñas es fundamental para acabar con el matrimonio infantil. El paso de la escuela primaria a la secundaria es especialmente importante, pues suele coincidir con la adolescencia, una etapa de la vida de las niñas que sienta las bases del éxito y el bienestar en la edad adulta. Las niñas con educación secundaria tienen hasta seis veces menos probabilidades de casarse a temprana edad que aquellas con poca educación o sin ella. Además, es probable que una mujer con estudios tenga menos hijos y pueda planificar un futuro más saludable y próspero para ella y su familia.

Hay que convencer a las niñas de su propio valor y reafirmárselo. En lugares como India, Tanzania y Zambia, los clubes de empoderamiento de niñas, donde sus integrantes comparten sus dificultades y aprenden a superarlas, han demostrado ser eficaces. Estos clubes dan a las niñas la confianza y las habilidades que necesitan para tomar las riendas de las decisiones importantes de sus vidas, entre ellas si se casarán, cuándo y con quién.

Pero no se debe dejar solas a las niñas para que pongan fin al matrimonio infantil. Este fenómeno se da en países, religiones y culturas muy diversos, y las familias, las comunidades y las sociedades comparten la responsabilidad de acabar con él. Los gobiernos deben aprobar leyes que establezcan los 18 años como edad mínima para contraer matrimonio, sin dejar margen para excepciones como las prácticas tradicionales o el consentimiento de los padres.

Hay que involucrar a padres, hermanos y líderes varones para que protejan y empoderen a las niñas. Se debe apoyar a las organizaciones de la sociedad civil que dialogan con padres, docentes y líderes tradicionales para sensibilizar a las comunidades sobre las consecuencias del matrimonio infantil.

Las niñas tienen la clave para construir sociedades prósperas. Todas y todos debemos ser modelos para las niñas de nuestro entorno. Nos hemos beneficiado de la sabiduría de nuestros padres, parejas, colegas y mentores. Ahora nos corresponde alentar y cultivar las ambiciones de las niñas. Debemos poner fin a una práctica que impide que millones de ellas alcancen su potencial. Dejemos que las niñas sean niñas, no esposas.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autoras: Graça Machel es fundadora de Graça Machel Trust. Mabel van Oranje es presidenta de Girls Not Brides: The Global Partnership to End Child Marriage.

Imagen: Una pareja pronuncia sus votos matrimoniales durante la ceremonia de boda. REUTERS/Amit Dave.

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