Según un nuevo estudio, las mujeres profesionales tienen motivos de peso para ignorar las recomendaciones que las instan a hacerse más visibles en el trabajo.
Aunque las investigaciones han demostrado que la visibilidad en el lugar de trabajo es clave para progresar profesionalmente, la realidad es que, para algunas mujeres, es más fácil decirlo que hacerlo.
Durante dos años, tres sociólogos de la Universidad de Stanford se integraron en un programa de desarrollo profesional para mujeres de una gran organización sin ánimo de lucro de Estados Unidos. Entrevistaron a 86 participantes del programa y observaron 36 grupos de debate y 15 reuniones generales del programa, en las que muchas mujeres compartieron los obstáculos y sesgos que encontraban en su organización, así como las estrategias que usaban para superarlos. La investigación se publicó en Sociological Perspectives.
Descubrieron que, para muchas de las mujeres estudiadas, las expectativas contrapuestas les impedían seguir consejos profesionales habituales como «ocupa un lugar en la mesa», «habla con autoridad» e «intervén en las reuniones».
Una encrucijada
Muchas de las mujeres que participaron en el estudio dijeron a los investigadores que se sentían en una encrucijada: si trabajaban en segundo plano, sus colegas podían eclipsarlas y podían pasar por alto sus candidaturas a ascensos. Sin embargo, muchas pensaban que adoptar una actitud más asertiva en la oficina también podía volverse en su contra.
En cambio, estas mujeres adoptaron una estrategia que los investigadores denominaron «invisibilidad intencional»: un enfoque reacio al riesgo y al conflicto para desenvolverse en lugares de trabajo desiguales.
«Para forjar carreras gratificantes, las mujeres intentaban reducir las posibilidades de conflicto interpersonal y aumentar las oportunidades de establecer relaciones cordiales dentro de sus equipos de trabajo…»
Aunque las mujeres del estudio reconocían que ser menos visibles en la oficina podía reducir sus posibilidades de ascenso u otras oportunidades profesionales, admitían que transgredir las normas femeninas —por ejemplo, mostrándose asertivas o autoritarias cuando se espera que sean amables, colaboradoras y solidarias— podía tener el mismo efecto.
Una mujer del estudio contó que le preocupaba que los conflictos laborales pudieran perjudicar sus relaciones con sus colegas. Dijo a los investigadores que, en las reuniones, los hombres la confundían con una secretaria, cuando en realidad era ingeniera de software. En vez de enfrentarse al estereotipo, decidió restarle importancia. Para reducir al mínimo su exposición a los conflictos, optó por mantener un perfil bajo y avanzar poco a poco en su carrera sin sufrir represalias.
«Para forjar carreras gratificantes, las mujeres intentaban reducir las posibilidades de conflicto interpersonal y aumentar las oportunidades de establecer relaciones cordiales dentro de sus equipos de trabajo», escriben los investigadores.
«Nunca voy a destacar»
Trabajar entre bastidores también resultaba atractivo para muchas mujeres del estudio, que asociaban la visibilidad con conductas para llamar la atención, como ser agresivas o promocionarse a sí mismas. Según contaron, eso chocaba con su propio carácter.
En un grupo de debate observado por los investigadores, una mujer dice a sus compañeras: «Quiero decir, nunca voy a destacar, simplemente no soy así». Explica que, aunque en su oficina había hombres con personalidades arrolladoras, ese estilo no encajaba con el suyo.
«…Me sentía muy incómoda con la palabra “liderazgo” hasta que pude redefinirla a mi manera».
Estas mujeres cuestionaban la norma según la cual los empleados eficaces deben llamar la atención. «Los verdaderos líderes no tienen que decir cuál es su cargo ni presumir de sus logros ni nada por el estilo», afirma una mujer. «El trabajo debe hablar por sí solo».
En lugar de imitar conductas que consideraban poco auténticas y masculinas, muchas mujeres optaron por cuestionar discretamente las definiciones convencionales del éxito profesional y adoptar un estilo de trabajo diferente, afirman los investigadores.
En una entrevista, una mujer dice: «No es que haya nada malo en quienes quieren promocionarse, ganar dinero y tener cargos importantes; es solo que me sentía muy incómoda con la palabra “liderazgo” hasta que pude redefinirla a mi manera».
Un acto de equilibrio
En consonancia con investigaciones anteriores que muestran que las mujeres suelen asumir una parte desproporcionada de las responsabilidades familiares, los investigadores descubrieron que quedarse entre bastidores era una estrategia especialmente común entre las mujeres que cuidaban de sus hijos en casa. Mantenerse fuera del foco en el trabajo ayudaba a estas mujeres a conservar la estabilidad tanto profesional como personal.
Sin embargo, para algunas mujeres, reducir su visibilidad para lograr un equilibrio entre el trabajo y la vida personal implicaba renunciar a dar grandes pasos en su carrera.
«Las mujeres de nuestro estudio eligieron esta estrategia entre un conjunto limitado de opciones…»
Por ejemplo, una mujer contó que redujo sus ambiciones laborales cuando diagnosticaron a uno de sus hijos una afección médica que requería más supervisión adulta. Pasó de un puesto de alto nivel a otro menos estresante y menos visible.
Muchas mujeres del estudio, escriben los investigadores, «descubren que solo pueden perseguir sus ambiciones hasta cierto punto para garantizar la estabilidad». Las mujeres que se adaptaban a las cambiantes necesidades familiares a menudo concluían que adoptar un enfoque entre bastidores les permitía ser eficaces, mantenerse fuera del foco y evitar repercusiones negativas.
El avance hacia la igualdad de género en el trabajo se ha «estancado»
«Las mujeres de nuestro estudio eligieron esta estrategia entre un conjunto limitado de opciones», afirma la coautora Priya Fielding-Singh. «Como no había un camino claro para tenerlo todo, muchas optaron por priorizar la autenticidad y la reducción de conflictos en el trabajo y en casa».
Repensar la visibilidad
En última instancia, dicen los autores, son las organizaciones —y no las mujeres que trabajan en ellas— las que deben adaptarse para crear igualdad de género.
«Las organizaciones deberían reconocer que pedir a las mujeres que sean visibles sin tener en cuenta el coste que esa visibilidad conlleva no equivale realmente a nivelar el terreno de juego», afirma la coautora Swethaa Ballakrishnen. «Para ser verdaderamente igualitarias, las organizaciones deben replantearse cómo asignan y recompensan la visibilidad».
Aunque su estudio no analizó los efectos de las estrategias adoptadas por las mujeres, los autores sospechan que trabajar entre bastidores puede perjudicar a quienes aspiran a ocupar los puestos más altos de sus organizaciones. Mientras las organizaciones no ofrezcan igualdad de oportunidades, las mujeres tendrán incentivos para seguir adoptando esta estrategia.
De cara al futuro, dicen, las organizaciones deben garantizar que las mujeres no sufran represalias de sus responsables y colegas cuando asuman funciones visibles.
«Mientras tanto, es importante comprender cómo influyen las barreras estructurales en las decisiones de las mujeres y, en última instancia, en los resultados de sus carreras profesionales», afirma Fielding-Singh.
El Instituto Clayman de Investigación de Género de Stanford respaldó la investigación.

