En una visita reciente a un campamento de refugiados sirios en Turquía, fui testigo de algunas de las manifestaciones de resistencia humana más poderosas que cualquiera pueda imaginar. Y, sin embargo, entre todas las historias de trauma y pérdida, lo que más me conmovió fue la inagotable sed de educación de estas familias refugiadas.
Los niños con quienes hablé me contaron que seguían deseando aprender en las escuelas improvisadas del campamento, hacinados en las aulas y con clases por turnos que iban desde antes del amanecer hasta después del anochecer. Sus padres hablaron de la esperanza que depositan en el poder transformador de la educación.
Siria llegó a presumir de educación universal. Ahora, con más de cuatro millones de personas obligadas a huir de sus hogares debido a la violencia que azota el país, se ha convertido en uno de los muchos lugares del mundo que sufren lo que solo puede describirse como una crisis mundial de la educación. Se estima que hay 58 millones de niños en edad de cursar primaria sin escolarizar en todo el mundo, y quienes se ven afectados por conflictos y desastres naturales se encuentran entre los más difíciles de alcanzar.
Peor aún, el número de niños refugiados que se han quedado sin acceso a la escuela —en lugares como Nepal, Myanmar y Yemen— aumenta a un ritmo alarmante. Si la comunidad internacional no actúa para apoyar y educar a estos niños, el ciclo de pobreza y conflicto se reproducirá durante generaciones.
El hecho de que tantos niños se hayan quedado sin acceso a la educación constituye un claro fracaso por parte de los gobiernos del mundo, que prometieron en 2000, cuando se adoptaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), garantizar la enseñanza primaria para todos los niños antes de 2015. Para lograrlo, no basta con matricular a los niños en la escuela: hay que conseguir que permanezcan en ella y ofrecerles una educación de calidad. La UNESCO estima que al menos 250 millones de niños en edad de cursar primaria en el mundo no saben leer ni escribir, ni realizar operaciones aritméticas básicas.
Esta semana, la comunidad internacional tendrá la oportunidad de hacer algo ante esta situación escandalosa. Responsables políticos de todo el mundo se reunirán en Corea del Sur, en el Foro Mundial sobre la Educación para acordar los objetivos mundiales de educación que sustituirán a los ODM.
Es muy apropiado que Corea del Sur sea la anfitriona de este foro, porque a menudo se la considera un modelo de lo que puede lograrse mediante la inversión en educación. Se destina a la educación alrededor del 8 % del PIB de Corea del Sur, y la UNESCO estima que cada dólar invertido en escuelas primarias genera entre 10 y 15 dólares en beneficios económicos. Corea del Sur, que en solo dos generaciones ha pasado de estar entre los países más pobres del mundo a figurar entre los más ricos, demuestra que la educación da sus frutos.
Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible que se acordarán este año ponen de relieve los desafíos que los gobiernos del mundo deben abordar para 2030. Insisto en que la educación primaria universal de calidad debe ser una de las principales prioridades de los ODS. Aquí, el énfasis está en la calidad. El éxito no se mide solo por el número de niños que matriculamos ni por sus resultados en pruebas estandarizadas; los resultados más importantes son los efectos tangibles e intangibles de la educación en la calidad de vida de los estudiantes. Esta es la tarea pendiente de los ODM.
Adondequiera que viaje con la fundación Education Above All, encuentro niños brillantes y motivados a quienes se ha negado la oportunidad de aprender. Mientras el mundo avanza hacia nuevas prioridades, no podemos olvidar nuestra responsabilidad con quienes han sido defraudados por nuestra indiferencia. La tarea no ha terminado. Debemos mantener nuestro compromiso de alcanzar el objetivo de una educación primaria de calidad para todos los niños, no algunos, ni siquiera la mayoría, vivan donde vivan.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Sheikha Moza bint Nasser, presidenta de Education Above All, es enviada especial de la UNESCO para la educación básica y superior y miembro del Grupo de Defensa de los ODM de la ONU.
Imagen: Una alumna se sienta en los escalones fuera de su aula en la escuela Syed Pasha, construida por tropas canadienses, cerca de la base aérea de Kandahar. REUTERS/Finbarr O’Reilly

