Por qué la economía necesita la historia económica

Por qué la economía necesita la historia económica
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La actual crisis económica y financiera ha suscitado un intenso debate sobre el estado de la economía y la formación que reciben los estudiantes de economía de posgrado y de grado. Lo más importante es que entre quienes defienden con más fuerza un cambio en la manera de formar a los jóvenes economistas se encuentran los empleadores finales de estos estudiantes, tanto en el sector privado como en el público. Los empleadores se quejan cada vez más de que los jóvenes economistas no entienden cómo funciona realmente el sistema financiero y están mal preparados para pensar en políticas adecuadas en tiempos de crisis.

Llama la atención que muchos empleadores y responsables de políticas sostengan también que el conocimiento de la historia económica podría resultar especialmente útil.

  • Stephen King, economista jefe del grupo en HSBC, sostiene que: “Son muy pocos los economistas recién llegados al mundo financiero que tienen un conocimiento real de hechos que, aunque a veces ocurrieron en un pasado lejano, pueden tener una enorme relevancia para la actualidad…La crisis financiera mundial puede interpretarse y comprenderse con mayor facilidad por alguien que conoce el crac de 1929, la Gran Depresión y, por qué no, el pánico de 1907” (Coyle 2012).

  • Andrew Haldane, director ejecutivo de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra, ha escrito que “la historia financiera debería habernos llevado a tomar en serio los ciclos crediticios”, y que la desaparición de subcampos como la historia económica y financiera, así como el dinero, la banca y las finanzas, del currículo básico contribuyó a que los responsables de políticas descuidaran estos factores, un error que “ahora debe corregirse” (Coyle 2012, pp).

  • En una reciente conferencia Humanitas en Oxford, Stan Fischer afirmó que “creo que he aprendido tanto estudiando la historia de la banca central como conociendo la teoría de la banca central, y aconsejo a todos los que quieran ser banqueros centrales que lean los libros de historia” (2013).

Los beneficios de intentar comprender la historia económica

  • El conocimiento de la historia económica y financiera es fundamental para pensar la economía de varias maneras.

Lo más evidente es que obliga a los estudiantes a reconocer que las grandes discontinuidades en el desempeño económico y en los regímenes de política económica se han producido muchas veces en el pasado y, por tanto, podrían volver a producirse en el futuro. Estas discontinuidades han coincidido a menudo con crisis económicas y financieras, que, en consecuencia, no pueden descartarse como teóricamente imposibles. Una formación histórica inmunizaría a los estudiantes contra la complacencia que caracterizó la “Gran Moderación”. Basta alejar el zoom para que ese cisne no parezca tan negro después de todo.

  • Un segundo punto, relacionado con el anterior, es que la historia económica enseña a los estudiantes la importancia del contexto.

Como señala Robert Solow, “la elección adecuada de un modelo depende del contexto institucional” (Solow 1985, p. 329), y esto también vale para la elección adecuada de políticas. Además, la institución “correcta” puede depender a su vez del contexto. La historia está llena de ejemplos de instituciones que surgieron para resolver los problemas de una época, pero que más tarde se convirtieron en problemas por derecho propio.

  • En tercer lugar, la historia económica es un campo abiertamente empírico, dedicado exclusivamente a comprender el mundo real.

Hacer historia económica obliga a los estudiantes a añadir a la rigurosidad técnica de sus programas una dimensión adicional de rigor: preguntarse si sus explicaciones de los acontecimientos históricos encajan realmente con los hechos. Esto no significa, desde luego, seleccionar solo los hechos que respaldan la tesis propia y descartar todos los que no lo hacen: el mundo es un lugar complicado, y los economistas deberían formarse para reconocerlo. La exposición a la historia económica genera una mentalidad empírica y la disposición a admitir que el marco teórico propio no siempre funciona para explicar el mundo real. Son hábitos mentales esenciales para los jóvenes economistas que deseen aplicar sus competencias en el entorno laboral y, es de esperar, también en el ámbito académico.

  • En cuarto lugar, la historia económica es una rica fuente de teorización informal sobre el mundo real, que puede ayudar a motivar después un trabajo teórico más formal (Wren-Lewis 2013).

Habakkuk (1962) y Abramowitz (1986) son dos ejemplos que enseguida vienen a la mente, pero hay muchos más.

  • En quinto lugar, incluso cuando la actual crisis económica y financiera haya pasado, los grandes desafíos a largo plazo a los que se enfrenta el mundo seguirán presentes.

Entre ellos está la cuestión de cómo sacar de la pobreza a miles de millones de nuestros semejantes, una pobreza que parecería intolerable a quienes vivimos en la OCDE. Y, sin embargo, esa pobreza ha sido la suerte de la gran mayoría de la humanidad a lo largo de la gran mayoría de la historia: lo sorprendente no es el hecho de que “ellos sean tan pobres”, sino que “nosotros seamos tan ricos”. Para entender este último enigma, debemos recurrir al registro histórico. Lo que dio origen al crecimiento económico moderno es la pregunta que motivó el nacimiento de la historia económica en primer lugar, y sigue siendo tan relevante hoy como lo era a finales del siglo XIX. Además de cuestiones como el auge de Asia y el declive relativo de Occidente, otros problemas a largo plazo que se beneficiarían de un enfoque de largo plazo incluyen el calentamiento global, el futuro de la globalización y la cuestión de con qué rapidez podemos esperar que avance la frontera tecnológica en las próximas décadas.

  • En sexto lugar, la propia teoría económica viene subrayando desde hace más de 20 años que la dependencia de la trayectoria es omnipresente (David 1985).

  • Por último, y quizá lo más importante desde la perspectiva de un profesor de economía de grado, la historia económica es una excelente manera de convencer a los estudiantes de que la teoría que aprenden en sus clases de microeconomía y macroeconomía les resulta útil para dar sentido al mundo real.

Lejos de verse como una alternativa “blanda” a la teoría, la historia económica debería considerarse un complemento pedagógico esencial. No hay nada tan gratificante como ver a los estudiantes de grado darse cuenta de que un poco de teoría sencilla puede ayudarles a comprender fenómenos complejos del mundo real. Piénsese en el uso que hacen Obstfeld y Taylor del trilema de Mundell-Fleming para enmarcar la comprensión de los estudiantes sobre la historia de la integración de los mercados internacionales de capitales en los últimos 150 años; o en el uso que hace Ronald Rogowski de la teoría de Heckscher-Ohlin para analizar las divisiones políticas en todo el mundo a finales del siglo XIX; o en la tesis de Domar, citada en Temin (2013), que es una excelente forma de hablar con los estudiantes sobre qué impulsa los rendimientos decrecientes del trabajo. La historia económica está llena de oportunidades de este tipo para los profesores que quieren motivar a sus alumnos.

Referencias

Abramovitz, M (1986), “Catching Up, Forging Ahead, and Falling Behind,” Journal of Economic History 46, 385-406.
Coyle, D (2012), What’s the Use of Economics?: Teaching the Dismal Science After the Crisis, London Publishing Partnership.
David, P A (1985), “Clio and the Economics of QWERTY.” The American Economic Review (Papers and Proceedings) 75, 332-37.
Fischer, S (2013), vídeo, la cita comienza en el minuto 43.48, disponible en línea en http://www.youtube.com/watch?v=5Y-ZhFbw2H4.
Habakkuk, H J (1962), American and British Technology in the Nineteenth Century, Cambridge University Press.
Solow, R (1985), “Economic History and Economics,” The American Economic Review 75, 328-31
Temin, P (2013), “The Rise and Fall of Economic History at MIT,” MIT Department of Economics Working Paper 13-11 (junio).
Wren-Lewis, S (2013), “Economic History and Krugman’s Crib Sheet”.

Este artículo apareció originalmente en voxeu.org

Autor: Kevin H O’Rourke. Catedrático Chichele de Historia Económica, All Souls College, Universidad de Oxford; y director de programa, CEPR.

Imagen: estudiantes acuden a una feria de empleo y prácticas en Nueva York REUTERS/Andrew Burton

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