La noche debería ser un período de descanso y recuperación, pero para muchas personas no es así. Nuestro nuevo estudio sobre parejas europeas ha descubierto que las exigencias cotidianas de la familia para las mujeres y del trabajo para los hombres reducen la calidad del sueño.
Es más probable que el sueño de las mujeres se vea interrumpido por los hijos y las obligaciones familiares, mientras que el de los hombres se ve afectado por las exigencias laborales, como preocuparse por las finanzas del hogar o estar desempleados.
Por suerte, hay esperanza: vivir en un país con mayor igualdad de género mejora el sueño de las parejas.
El sueño y el género
Cualquier progenitor de un bebé puede decirte que la frase «dormir como un bebé» debió de inventarla alguien sin hijos. Los bebés, en particular, alteran mucho el sueño de sus progenitores debido a sus estómagos diminutos, su hambre insaciable y su crecimiento acelerado. Sin embargo, incluso a medida que los hijos crecen, sus necesidades nocturnas siguen interrumpiendo el sueño de sus progenitores.
Por lo general, los hombres consideran que dormir es una forma de recuperarse y prepararse para el trabajo, mientras que las mujeres cuidadoras ven la noche como una prolongación de sus obligaciones diurnas con sus familiares.
Es más probable que se llame a las madres para que consuelen a los niños pequeños en mitad de la noche y los lleven de vuelta a la cama. También es más probable que las madres de adolescentes que los padres se queden despiertas por la noche preocupándose por la seguridad de sus hijos o esperen a que vuelvan a casa después del toque de queda.
Los hombres también sufren interrupciones del sueño, normalmente por el estrés laboral y económico. Un estudio de parejas estadounidenses de clase trabajadora mostró que los hombres que decían tener problemas para conciliar el sueño o permanecer dormidos por la noche estaban preocupados por el trabajo del día siguiente y por cómo su salario afectaba a las finanzas familiares.

En estas parejas, ambos miembros justificaban que se protegiera el sueño de los hombres por encima del de las mujeres debido a que ellos eran el sostén económico del hogar y contribuían más a las finanzas familiares. Se consideraba que los hombres tenían más derecho que las mujeres a dormir sin interrupciones, dada su necesidad de «estar en plena forma» para trabajar al día siguiente.
Esto no significa que las empleadas sean inmunes a los efectos del trabajo en el sueño. Todos los trabajadores, independientemente del género, afirman que dedicar más tiempo al trabajo deja menos tiempo para dormir. Los trabajadores a tiempo completo que se sentían molestos o alterados en el trabajo también dijeron dormir peor, al igual que los trabajadores con menos control y más exigencias en el trabajo, independientemente del género.
El papel del contexto nacional
Antes de que nos demos por vencidos o nos echemos una siesta, nuestro estudio ofrece cierta esperanza para reducir las diferencias de género en el sueño.
Los resultados de una encuesta a 14.143 personas con pareja de 23 países europeos mostraron que, en 22 de esos 23 países, más mujeres que hombres afirmaron haber tenido un sueño inquieto durante la semana anterior.
El sueño de las mujeres se veía interrumpido por los hijos menores de cinco años, y los hombres afirmaban dormir de forma más inquieta si no estaban satisfechos con las finanzas de su familia. Tanto en hombres como en mujeres, tener un trabajo estresante interrumpía el sueño. Sin embargo, todo el mundo dormía mejor en las sociedades con mayor igualdad de género.

En las sociedades con igualdad de género, las mujeres disfrutan de una distribución más equitativa de las tareas domésticas, y los hombres asumen un papel más activo en el cuidado de los hijos. Vivir en un contexto más amplio de igualdad se traduce en un sueño más reparador para las mujeres. Para los hombres, vivir en un entorno con mayor igualdad de género ofrece numerosos beneficios, entre ellos que los hombres declaran tener mejor salud y ser más felices. Además, como mostró nuestro estudio, los hombres también dormían mejor.
A medida que más familias compaginan las exigencias del trabajo y la vida familiar, cobra cada vez más importancia quién tiene derecho a un sueño reparador. El género, un factor importante que organiza nuestra vida diurna, también influye de manera crucial en quién se levanta a consolar al bebé y a quién se le interrumpe el sueño por preocuparse por las finanzas familiares.
Las sociedades que gestionan mejor la igualdad de género en las relaciones económicas y políticas tienen ciudadanos que duermen mejor. Dado que el sueño es una dimensión fundamental de la salud y el bienestar, no se puede subestimar el beneficio económico, sanitario y social de estar bien descansados. Así que trabajemos juntos para acostarnos.

