¿Qué países ofrecen a sus ciudadanos la mejor educación superior?

Students work in the campus of the University of Leiden, Netherlands, March 27, 2017.
Some countries are failing to provide equal access to their top-quality universitiesImage: REUTERS/Cris Toala Olivares
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Las universidades son fundamentales para desarrollar el capital humano. Son engranajes esenciales de la economía mundial del conocimiento. Si antes la educación superior solo estaba al alcance de unos pocos, ahora es casi un requisito para acceder a la clase media, y aún más para llegar a las filas de la élite.

La competencia entre universidades ha dado lugar a clasificaciones que intentan determinar cuáles son las más competitivas del mundo. Estas listas suelen basarse en indicadores como la producción investigadora, el prestigio y los logros de sus antiguos alumnos. Aunque las distintas medidas arrojan órdenes diferentes, las mejores universidades del mundo son muy similares en todas las evaluaciones.

El número de universidades de un país incluidas en las clasificaciones mundiales se utiliza invariablemente para medir la calidad de su educación superior. Sin embargo, esta perspectiva pasa por alto la creciente desigualdad en la educación superior.

El desafío de nuestro tiempo: la desigualdad

La desigualdad es uno de los mayores desafíos de la sociedad. Sin embargo, gran parte del debate se ha centrado en la desigualdad de ingresos y riqueza; se ha prestado mucha menos atención a la desigualdad de oportunidades para acceder a una educación terciaria de alta calidad. No obstante, la desigualdad educativa impulsa la desigualdad de ingresos y es una fuerza que favorece el emparejamiento selectivo: las personas privilegiadas tienden a asistir a las mismas universidades y a casarse entre sí, lo que agrava aún más la desigualdad de ingresos.

Una perspectiva alternativa sobre la calidad de la educación, que pone el foco en la desigualdad, consiste en considerar qué proporción de las universidades de un país aparece en las clasificaciones mundiales. Esto da una idea de qué parte de la población de un país tiene acceso a una educación terciaria de alta calidad. De hecho, la diferencia entre el desempeño de un país en cuanto al número absoluto de instituciones competitivas y la proporción de sus universidades incluidas en clasificaciones internacionales es una medida del alcance de la desigualdad educativa.

La desigualdad educativa —sobre todo la falta de acceso a la educación de élite para quienes la merecen, pero tienen menos recursos— está creando una brecha en la sociedad. Las élites se concentran en universidades prestigiosas, mientras que las mayorías se ven relegadas a centros menos competitivos. Las universidades de élite no solo ofrecen mejores entornos para acumular capital humano, sino que también sirven para fomentar redes y desarrollar capital social —al tiempo que excluyen a quienes están en una posición menos aventajada—, aspectos fundamentales para tener éxito en la vida.

¿Son las universidades estadounidenses tan buenas como creemos?

Entonces, ¿Estados Unidos —que suele encabezar las listas de países con las mejores universidades— realmente ofrece una educación de calidad? Aunque allí se encuentra la mayoría de las universidades incluidas en las clasificaciones mundiales, solo una fracción de los estadounidenses asiste a sus universidades de élite. La mayoría de las universidades estadounidenses no figura en las clasificaciones mundiales. De hecho, apenas el 3% aparece entre las 200 mejores del mundo; el 5%, entre las 500 mejores; y el 8%, entre las 1.000 mejores (lo que sitúa al país en los puestos 13, 21 y 22, respectivamente). Es decir, el estudiante terciario medio de Estados Unidos no asiste a una universidad competitiva a escala mundial. La educación superior estadounidense funciona para las élites, pero no para las mayorías. ¿Cómo se compara con la de otros países?

Los gráficos siguientes muestran la diferencia de desempeño entre (i) el número absoluto de universidades de élite y (ii) la proporción de instituciones nacionales incluidas en las clasificaciones mundiales. Las flechas indican el cambio de posición entre las clasificaciones según estos dos indicadores. (Nota: las listas de países no tienen por qué coincidir.)

Figura 1: Universidades entre las 200 mejores por país frente a la proporción de universidades nacionales entre las 200 mejores
Figura 2: Universidades entre las 500 mejores por país frente a la proporción de universidades nacionales entre las 500 mejores
Figura 3: Universidades entre las 1.000 mejores por país frente a la proporción de universidades nacionales entre las 1.000 mejoresImage: ARWU, Universidad Jiatong de Shanghái, Webometrics

Hong Kong cuenta con solo cuatro universidades entre las 200 mejores, pero eso representa el 18% de sus centros; además, más de una cuarta parte (27%) de sus universidades figura entre las 500 mejores.

El Reino Unido destaca tanto por tener un elevado número absoluto de universidades incluidas en las clasificaciones mundiales (solo por detrás de Estados Unidos) como por la alta proporción de universidades que aparecen en ellas. Ocupa el segundo puesto por la proporción de sus universidades entre las 200 y las 500 mejores, y lidera la clasificación mundial entre las 1.000 mejores.

Una persona asignada al azar a una universidad de Suecia tendría una probabilidad de 1 entre 4 (24%) de asistir a un centro incluido en las clasificaciones mundiales.

China tiene 43 universidades entre las 1.000 mejores, pero esto representa apenas el 2% de sus instituciones. Japón y Corea —otras dos naciones de Asia Oriental con fama de buen rendimiento académico— también cuentan con un gran número de universidades incluidas en las clasificaciones mundiales (37 y 27, respectivamente), pero obtienen resultados mucho peores al medir la proporción de centros incluidos en ellas (4% y 7%, respectivamente).

India —que pronto será el país más poblado del mundo— solo tiene siete universidades incluidas en las clasificaciones mundiales, menos del 1% de sus universidades.

Esto plantea la pregunta: ¿qué importancia tiene la educación superior de élite? Los economistas de Princeton Alan Krueger y la investigadora Stacy Dale Berg sostienen que los estudiantes capaces que asisten a centros menos selectivos no ven perjudicados sus ingresos a lo largo de la vida; sin embargo, los estudiantes en situación de desventaja económica sí obtienen beneficios al asistir a una universidad selectiva. Aun así, su estudio se limitó a universidades de élite y a otras buenas, aunque menos selectivas.

Otra perspectiva consiste en considerar si una mayor proporción de universidades de élite en un país —un indicador indirecto del acceso a una educación universitaria de alta calidad— se traduce en un mejor rendimiento académico medio. La figura siguiente evalúa esa relación mediante las puntuaciones GMAT promedio por país como indicador del rendimiento académico.

Figura 4: Proporción de universidades incluidas en las clasificaciones mundiales frente a la puntuación GMAT promedioImage: ARWU, GMAC, Universidad Jiatong de Shanghái, Webometrics

Aunque la correlación entre la proporción de universidades incluidas en las clasificaciones mundiales y la puntuación GMAT promedio no es fuerte (ρ = 0.218), es positiva y estadísticamente distinta de cero. Además, si se excluyeran China e India de la muestra, la relación se ajustaría mucho más a los datos.

Lo que importa al residente medio de un país no es si cuenta con universidades como Stanford u Oxford, sino la calidad de las universidades a las que probablemente asistirán sus hijos. En este sentido, los responsables de formular políticas deben recordar que es necesario garantizar que la educación terciaria de alta calidad sea accesible para todos, y no solo para las élites. Una educación superior inclusiva podría salvar las divisiones sociales que separan a la sociedad.

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