Cuando la información falsa se vuelve viral

Cuando la información falsa se vuelve viral
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Toda nueva tecnología de comunicación atraviesa una fase en la que la gente hace suposiciones sobre sus poderes y problemas, por lo que es importante recordar que la propagación de la desinformación no es un problema exclusivamente digital. Basta con recordar lo ocurrido con la obra de Orson Welles La guerra de los mundos – cuando se emitió por primera vez por radio en 1938, la gente huyó de sus hogares convencida de que la Tierra estaba siendo invadida por extraterrestres.

Cualquier información en línea forma parte de una ecología más amplia y compleja, con numerosos factores interconectados. Por ello, resulta muy difícil trazar por completo los procesos implicados en la rápida propagación de la desinformación, o identificar de dónde procede esta información. Además, debemos esforzarnos por mirar más allá del medio específico y considerar el entorno político-cultural en el que se difunde e interpreta la desinformación.

Durante los disturbios de verano de 2011 en el Reino Unido, por ejemplo, se difundió en Twitter un rumor según el cual un hospital infantil había sido atacado por saqueadores. La historia encajaba con las ideas preconcebidas de la gente sobre quiénes eran los alborotadores y de lo que podían ser capaces, y captó la atención del público. Pero, curiosamente, fue la comunidad de Twitter la que desmintió rápidamente el rumor, acabando con él mucho antes de la confirmación oficial del hospital y de los medios de comunicación.

Un tipo distinto de desinformación se produjo en Estados Unidos durante los tiroteos de Newtown de diciembre de 2012 y los atentados de Boston de abril de 2013. En el caso de Newtown, los medios en línea y los tradicionales identificaron erróneamente una página de Facebook como la del tirador. Tras los atentados de Boston, diversos usuarios de redes sociales se dedicaron a labores de investigación detectivesca en línea, examinando imágenes tomadas en la escena y afirmando, sin fundamento, que un estudiante desaparecido era uno de los autores. Pero en este caso, los medios de comunicación tradicionales también contribuyeron a perpetuar y validar la desinformación al publicar imágenes de los sospechosos equivocados.

En otro ejemplo reciente, de nuevo en la intersección entre los medios sociales y los tradicionales, surgieron bulos durante las protestas en Turquía que comenzaron como respuesta a la remodelación de la plaza Taksim. Los “provocadores” de Twitter fueron condenados por ser responsables de difundir desinformación, incluida una fotografía de multitudes en el maratón de Eurasia, que se presentó como “Una marcha desde el puente del Bósforo hasta Taksim”. Pero culpar a Twitter ignora el contexto: los medios de noticias tradicionales del país habían tardado en responder a las protestas, creando un vacío en el que la desinformación se propagó con facilidad, especialmente cuando era citada por medios de comunicación extranjeros.

Tampoco siempre resulta fácil establecer qué significa realmente “falso”. Una imagen muy difundida durante el huracán Sandy en 2012 mostraba a soldados montando guardia ante la Tumba del Soldado Desconocido en el Cementerio de Arlington, desafiando la tormenta que se acercaba. A diferencia de las fotos de la maratón en el puente del Bósforo, el encuadre de la imagen no atribuía un significado radicalmente distinto a su sujeto, pero tampoco mostraba lo que la gente creía estar viendo. La imagen se había tomado durante una tormenta anterior y era indudablemente real, pero no guardaba relación alguna con el huracán Sandy.

Hoy en día es habitual que las organizaciones de noticias obtengan imágenes en internet, por lo que debemos mejorar en la comprensión de cómo pueden verificarse estas imágenes. Storyful, que se describe como “la primera agencia de noticias de la era de las redes sociales”, está desarrollando directrices y técnicas inestimables que pueden ayudar en este proceso esencial de verificación. Comprender las formas en que los medios se influyen mutuamente, así como las cuestiones culturales y sociales más amplias, puede ayudarnos a entender el contenido de tales imágenes.

También es imprescindible destacar el volumen y la rápida difusión de la desinformación en línea. Cuando se trabaja con redes sociales, se trabaja con Big Data. Simplemente no es posible leer los 1.000 millones de tuits que se producen cada dos días y medio. Para comprender adecuadamente estos datos, debemos utilizar el procesamiento asistido por ordenador y combinarlo con la evaluación humana para situar la información en contexto.

Por último, debemos recordar que cada caso de desinformación es único y debe considerarse de forma independiente, prestando atención a la complejidad del ecosistema en el que circula. En cuanto a la interpretación de la desinformación, la evaluación humana seguirá siendo esencial para situar la información en contexto, y el contexto es, en última instancia, de lo que se trata.

Este es un extracto de Outlook on the Global Agenda 2014, publicado esta semana.

Lea un blog sobre las 10 principales tendencias que afectan al mundo en 2014.

Autora: Farida Vis es investigadora en Ciencias Sociales en la Universidad de Sheffield, Reino Unido, y miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Redes Sociales.

Imagen: Personas navegan por internet en un cibercafé. REUTERS/Stringer.

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