5 cosas que hay que saber sobre el empleo y las competencias en 2017

The World Economic Forum's Human Capital Report rates nations on how well they develop their workforcesImage: Luca Bravo
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Actualmente, el mundo solo ha desarrollado el 62% de su capital humano, según la medición del Índice Global de Capital Humano 2017.

O, dicho de otro modo, las naciones desaprovechan o malgastan, en promedio, el 38% de su talento.

En todo el Índice, solo hay 25 naciones que han aprovechado el 70% o más del capital humano de su población. Son países que han establecido ciclos virtuosos en torno a la educación, el trabajo y el crecimiento.

El Índice clasifica a 130 países, que abarcan más del 93% de la población mundial, según el grado en que desarrollan el capital humano de sus ciudadanos: los conocimientos y las competencias que poseen las personas y que les permiten crear valor en el sistema económico mundial.

El Informe sobre Capital Humano aboga por una visión del futuro del trabajo centrada en las personas, en la que estas adquieran y utilicen sus conocimientos y creatividad como motores clave de una economía próspera e inclusiva.

Este año, el informe recoge 5 hallazgos globales fundamentales.

1. En promedio, hoy la mayoría de las personas del mundo tienen más educación y de mayor calidad que sus padres, vivan donde vivan.

Durante el último siglo, el mundo ha realizado colectivamente una inversión histórica en la educación formal de sus ahora 7.5 mil millones de habitantes.

La reserva mundial de talento está formada por un número creciente de personas con titulaciones acreditadas oficialmente, así como titulaciones avanzadas, en un conjunto cada vez más diverso de especialidades.

En casi todas partes del mundo, las generaciones más jóvenes han cursado más años de educación formal que las generaciones mayores.

El mundo tiene mucho que ganar si aprovecha al máximo las ideas y la creatividad de esta reserva mundial de talento en expansión.

2. Los jóvenes, las mujeres y las personas mayores todavía no encuentran las oportunidades que desean en la mayoría de los mercados laborales.

Pese al aumento generalizado del nivel educativo, muchas personas siguen sin tener la oportunidad de aplicar sus competencias en el mercado laboral.

En todo el mundo, las personas cuyo potencial de capital humano está infrautilizado suelen pertenecer a uno de estos tres grupos: mujeres afectadas por las brechas de género en el empleo; trabajadores de más edad que desean seguir trabajando; y trabajadores jóvenes afectados por el desempleo juvenil.

Muchas personas empiezan a optar por nuevas oportunidades de trabajo digital en lugar del lugar de trabajo tradicional.

3. Tenemos que reformar la educación para la próxima generación. Pero eso no basta. También tenemos que mejorar las competencias de la fuerza laboral actual.

La idea de que una única etapa educativa proporcione a las personas un conjunto de competencias para toda la vida es una reliquia del pasado.

A medida que las economías actuales se basan cada vez más en el conocimiento, están impulsadas por la tecnología y se globalizan, y dado que sencillamente no sabemos cómo serán los empleos del mañana, cada vez se reconoce más que debemos preparar a la próxima generación con competencias para el futuro y con capacidad para seguir aprendiendo durante toda la vida.

Sin embargo, es imperativo que invirtamos en la reconversión y mejora de las competencias de los tres mil millones de personas de todo el mundo que ya forman parte de la fuerza laboral mundial y que ya han completado la educación formal. Para ello, la colaboración entre el sector público y el privado es fundamental.

4. Demasiados empleadores y gobiernos de todo el mundo se centran en una reserva de talento reducida.

Tenemos que pensar en grande.

La Cuarta Revolución Industrial ofrece a todos una oportunidad única de realizar un trabajo más interesante, creativo y seguro.

En muchas economías se ha convertido en una idea ampliamente aceptada que invertir en trabajadores altamente cualificados de un sector limitado de la población basta para impulsar la innovación, o que competir sobre la base de una mano de obra barata contribuye al desarrollo económico, en lugar de procurar mejorar las competencias de la fuerza laboral nacional.

Esta es una receta para que los países sufran disrupciones en la Cuarta Revolución Industrial.

Incluso los países que han desarrollado una gran capacidad de capital humano mediante la educación formal no ofrecen ampliamente a su población oportunidades laborales de calidad que exijan competencias y conocimientos especializados.

La Cuarta Revolución Industrial puede ser una oportunidad única para potenciar una amplia variedad de profesiones y ofrecer a las personas trabajos nuevos, interesantes y más seguros.

Para aprovechar este potencial, debemos replantearnos por completo las políticas de educación y empleo, incluido el desarrollo de una infraestructura educativa mundial para la formación en el puesto de trabajo y el aprendizaje permanente.

5. Las empresas y las instituciones educativas deben profundizar su colaboración en materia de educación, reconversión y mejora de las competencias en todo el mundo.

Las empresas deben replantearse su papel como consumidoras de capital humano «prefabricado».

Varias empresas mundiales líderes comprenden esta necesidad y ya invierten en el aprendizaje continuo, la reconversión y la mejora de las competencias de sus empleados; sin embargo, demasiadas empresas siguen considerando a las personas como un coste que hay que minimizar.

A corto plazo, esto puede parecer eficiente o resultar rentable para determinadas empresas, pero a largo plazo reducirá la innovación y la cohesión social.

Las empresas deben empezar a considerar la reconversión y la mejora de las competencias de su fuerza laboral como una inversión y una responsabilidad social.

Profundizar el diálogo entre educadores y empresas será clave para garantizar que la formación impartida en las instituciones educativas proporcione las competencias que necesitan las economías y el talento que necesitan las empresas, y constituya una inversión que merezca la pena para las propias personas.

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