¿Qué revela la investigación más reciente sobre los MOOC?

¿Qué revela la investigación más reciente sobre los MOOC?
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Hoy, un equipo conjunto de investigación del MIT y la Universidad de Harvard publicó uno de los estudios más amplios realizados hasta la fecha sobre los cursos en línea masivos y abiertos (MOOC). A partir del trabajo previo de estos investigadores — un informe de enero de 2014 que describía el primer año de cursos en línea abiertos lanzados en edX, una plataforma de aprendizaje sin fines de lucro fundada por ambas instituciones—, el esfuerzo más reciente incorpora otro año de datos, lo que eleva el total a casi 70 cursos sobre materias que van desde la programación hasta la poesía.

«Exploramos 68 cursos que otorgan certificados, 1,7 millones de participantes, 10 millones de horas de participación y 1.100 millones de eventos registrados por los participantes», afirma Andrew Ho, profesor de la Facultad de Posgrado de Educación de Harvard. El equipo de investigación también utilizó encuestas para obtener más información sobre los antecedentes y las intenciones de los participantes.

Ho e Isaac Chuang, profesor de ingeniería eléctrica e informática y decano asociado sénior de aprendizaje digital del MIT, dirigieron un trabajo en equipo que profundizó en la demografía de quienes estudian en los MOOC, analizó las intenciones de los participantes y examinó los patrones que suelen seguir los «participantes habituales de MOOC», es decir, quienes toman más de un curso.

«Lo que más me llamó la atención fue la encuesta que reveló que, en algunos casos, hasta el 39 por ciento de nuestros estudiantes son docentes», afirma Chuang. «Este hallazgo nos obliga a ampliar nuestra concepción de a quiénes sirven los MOOC y de cómo podrían contribuir a mejorar el aprendizaje».

Hallazgos clave

Los investigadores realizaron un análisis de tendencias que mostró una proporción creciente de participantes mujeres, residentes en Estados Unidos y de mayor edad, así como un análisis de encuestas sobre las intenciones, que reveló que casi la mitad de las personas inscritas no estaban interesadas en obtener un certificado o no estaban seguras de quererlo. En este estudio, los investigadores redefinieron la población estudiantil: en vez de incluir a quienes simplemente se inscribieron en cursos (sin realizar ninguna acción posterior) —una métrica utilizada en hallazgos anteriores y citada a menudo por proveedores de MOOC—, incluyeron a quienes participaron (por ejemplo, iniciando sesión en el curso al menos una vez).

1. La participación en los cursos abiertos en línea de HarvardX y MITx ha crecido de forma constante, mientras que la participación en cursos repetidos disminuyó y luego se estabilizó.
Del 24 de julio de 2012 al 21 de septiembre de 2014, un promedio de 1.300 participantes nuevos se incorporó cada día a un curso de HarvardX o MITx , para un total de 1 millón de participantes únicos y 1,7 millones de participantes en total. Con el aumento de las segundas y terceras ediciones de los cursos, los investigadores descubrieron que la participación en las segundas ediciones disminuyó un 43 por ciento, mientras que se mantuvo estable entre la segunda y la tercera edición. Hubo casos atípicos, como el curso CS50x de HarvardX (Introducción a la informática), cuyo tamaño se duplicó, quizá debido a una mayor flexibilidad para los estudiantes: podían participar durante un período de un año a su propio ritmo y finalizar en cualquier momento.

2. Una ligera mayoría de quienes cursan MOOC busca obtener un certificado, y muchos participantes son docentes.

Entre el tercio de participantes que respondió a una encuesta sobre sus intenciones, el 57 por ciento expresó su deseo de obtener un certificado; casi una cuarta parte de esas personas encuestadas terminó obteniéndolo. Además, entre los participantes que no estaban seguros o no tenían intención de obtener un certificado, el 8 por ciento finalmente lo obtuvo. Al parecer, estos estudiantes se sintieron motivados a terminar un MOOC incluso después de declarar inicialmente que no tenían intención de hacerlo.

De los 200.000 participantes que respondieron a una encuesta sobre la enseñanza, el 39 por ciento se identificó como docente actual o pasado; el 21 por ciento de esos docentes indicó que enseñaba en el área temática del curso. La gran participación de docentes sugiere que incluso quienes no están interesados en obtener un certificado pueden aprovechar los MOOC de forma productiva.

3. Las áreas académicas influyen en la participación, la obtención de certificados y las redes de cursos.

En particular, los participantes se sintieron atraídos por los cursos de informática, cuya participación por curso fue casi cuatro veces superior a la de los cursos de humanidades, ciencias y ciencias sociales. Dicho esto, las tasas de obtención de certificados en informática y en otras ofertas de ciencias y tecnología (7 por ciento y 6 por ciento, respectivamente) fueron aproximadamente la mitad de las de humanidades y ciencias sociales.

Los conjuntos de datos más amplios también permitieron a los investigadores estudiar a quienes participaban en más de un curso y revelaron que los cursos de informática sirven como centros de conexión para los estudiantes, que se desplazan de forma natural hacia cursos relacionados y desde ellos. La secuenciación intencional, como la aplicada en el curso de historia china de HarvardX en 10 partes, «ChinaX», produjo algunas de las tasas más altas de obtención de certificados del estudio. Otros cursos con altas tasas fueron «Introducción a la informática», deMITx , y «Justicia» y «Salud en cifras», de HarvardX.

4. Quienes optan por certificados de pago con verificación de identidad obtienen certificados en mayor proporción.

En 12 cursos, los participantes que pagaron por certificados «verificados mediante identificación» (con precios de entre 50 y 250 dólares) obtuvieron certificados en una proporción mayor que los demás participantes: un promedio del 59 por ciento, frente al 5 por ciento. Al parecer, los estudiantes que optan por la modalidad con verificación de identidad tienen una intención más firme de completar los cursos, y el compromiso económico podría aportar una motivación adicional.

Preguntas e implicaciones

A partir de estos hallazgos, Chuang y Ho identificaron preguntas que podrían «reajustar y reorientar las expectativas» en torno a los MOOC.

En primer lugar, aunque muchos creadores y proveedores de MOOC han ampliado el acceso a oportunidades de aprendizaje, quienes acceden a ellos son, de manera desproporcionada, personas que ya tienen títulos universitarios y de posgrado. Los investigadores no consideran necesariamente que esto sea un problema, ya que la experiencia académica puede ser un requisito en los cursos avanzados. Sin embargo, para atender a grupos infrarrepresentados y tradicionalmente desatendidos, los datos sugieren que podrían ser necesarias estrategias proactivas.

«Estos cursos gratuitos y abiertos ofrecen oportunidades extraordinarias a millones de estudiantes», subraya Ho, «pero la equidad no puede aumentar solo con abrir puertas. Esperamos que nuestros datos ayuden a docentes e instituciones a reflexionar sobre el público al que quieren llegar y sirvan como punto de referencia para medir los avances».

En segundo lugar, si mejorar el aprendizaje en línea y en los campus es una prioridad, entonces «hay que formalizar el flujo de innovaciones pedagógicas», afirma Chuang. Por ejemplo, muchos de los MOOC del estudio utilizaron innovaciones de sus equivalentes presenciales, como evaluaciones de física del MIT y prácticas de lectura atenta de los cursos de clásicas de Harvard. Asimismo, el profesorado de los programas presenciales utiliza contenidos de los MOOC, como vídeos y algoritmos de calificación de evaluaciones, en cursos magistrales tradicionales de menor tamaño.

«El verdadero potencial reside en fomentar ciclos de retroalimentación entre ambos ámbitos», afirma Chuang. «En particular, la gran cantidad de docentes participantes indica que existe un enorme potencial de impacto más allá de Harvard y el MIT, sobre todo si se tomaran medidas deliberadas para compartir las mejores prácticas».

En tercer lugar, impulsar la investigación mediante los MOOC podría requerir una definición más matizada del público. Gran parte de la investigación realizada hasta la fecha apenas ha diferenciado entre los diversos participantes de estos entornos de aprendizaje gratuitos y a ritmo propio.

«Aunque aumentar la finalización de los cursos ha sido un tema de interés, dado que muchos participantes tienen un interés limitado, incierto o nulo en completar los MOOC, aplicar recursos de investigación para aumentar la finalización de manera indiscriminada puede no ser productivo», explica Ho. «Quizá los investigadores quieran centrarse más específicamente en subpoblaciones bien encuestadas o que pagan, cuyas expectativas y motivaciones conocemos mejor».

En términos más generales, Ho y Chuang esperan mostrar el potencial y la diversidad de los MOOC y de sus datos mediante listas de los «cinco principales», basadas en atributos de los cursos, como la escala (un curso de informática del MIT registró 900.000 horas de participación); la demografía (el MOOC con mayor representación femenina es un curso de museología de HarvardX llamado «Tangible Things», mientras que los cursos de informática de MITxatrajeron al público global más numeroso); y el tipo y nivel de interacción (quienes participaban en ChinaX publicaban con mayor frecuencia en los foros en línea, mientras que quienes participaban en un curso introductorio de informática de MITx reproducían vídeos con mayor frecuencia).

«Estos cursos reflejan la amplitud de los planes de estudio de nuestras universidades, y consideramos necesario destacar en nuestros análisis la diversidad de sus diseños, filosofías, públicos y resultados de aprendizaje», afirma Chuang. «¿Qué curso es el adecuado para usted? Depende, y estas listas podrían ayudar a los estudiantes a decidir qué características de un MOOC determinado son más importantes para ellos».

Entre los autores adicionales del informe figuran Justin Reich, Jacob Whitehill, Joseph Williams, Glenn Lopez, John Hansen y Rebecca Petersen, de Harvard, y Cody Coleman y Curtis Northcutt, del MIT.

Este artículo se publica en colaboración con MIT News. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Kimberly Allen es redactora de MIT News.

Imagen: Un estudiante trabaja en una computadora en una biblioteca. REUTERS/Adnan Abidi.

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