Los 1.800 millones de jóvenes que hay hoy, una cifra récord, representan una enorme oportunidad para transformar el futuro. Pero solo podrán hacerlo si cuentan con la educación y las competencias que necesitan, salud y opciones reales en la vida.
Invertir en el capital humano de los jóvenes puede ayudar a los países a aprovechar un dividendo demográfico capaz de sacar a millones de personas de la pobreza y elevar el nivel de vida. La transición demográfica en curso en muchos países en desarrollo está dando lugar a una población en edad de trabajar muy numerosa, que puede ser una poderosa fuerza para el crecimiento económico.
En Asia Oriental, aprovechar el dividendo demográfico impulsó y transformó la economía en un período históricamente corto y contribuyó a un crecimiento medio anual del 6 % de los ingresos per cápita entre 1965 y 1995.
Si el África subsahariana aprovechara la experiencia de Asia Oriental, la adaptara al contexto local e hiciera inversiones comparables en los jóvenes, la región podría vivir su propio milagro económico, añadiendo hasta 500.000 millones de dólares a sus economías cada año durante un máximo de 30 años.
Asia Oriental ofrece un caso de estudio interesante. En 1950, Filipinas, Tailandia y la República de Corea tenían aproximadamente la misma población total, unos 20 millones de habitantes, y un PIB per cápita similar, de entre 800 y 1.000 dólares.
Gracias a las inversiones de Corea del Sur en educación, salud y planificación familiar voluntaria, la fecundidad descendió más rápidamente que en los demás países, lo que se tradujo en menos personas dependientes y más recursos disponibles para crear o ampliar empresas, construir infraestructuras y realizar inversiones productivas que impulsaron el crecimiento económico.
Entre 1950 y 2008, el PIB de Corea del Sur creció alrededor de un 2.200 %, mientras que el de Tailandia aumentó un 970 % y el de Filipinas, apenas un 170 %.
El éxito del próximo gran impulso de la comunidad internacional en favor del desarrollo sostenible depende de lo bien que apoyemos a los jóvenes y los involucremos en las decisiones que afectan a sus vidas y a nuestro futuro común. A medida que los países persiguen un dividendo demográfico, los avances logrados deben traducirse en un crecimiento inclusivo y equitativo que beneficie a todos.
Promover la igualdad de oportunidades para todos puede tener un impacto exponencialmente positivo en las economías, las comunidades y las naciones. Esto significa proteger los derechos de las mujeres y las niñas, así como promover la participación y la inclusión.
Invertir en los jóvenes de manera que permita a los países aprovechar sus dividendos demográficos puede impulsar los ingresos per cápita durante las próximas décadas. Entre las inversiones clave figuran la educación, la salud —incluida la salud sexual y reproductiva—, la formación en competencias, la creación de empleo y la igualdad para las mujeres y las niñas.
El éxito de los nuevos objetivos de desarrollo sostenible depende de que los jóvenes se vean a sí mismos como protagonistas del futuro.
Autor: El Dr. Babatunde Osotimehin es director ejecutivo del UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, y presidente del Consejo de la Agenda Global sobre el Dividendo Demográfico.
Imagen: Los hijos de pobladores de asentamientos informales aparecen en silueta mientras juegan junto a su refugio improvisado bajo un puente en Manila, el 10 de julio de 2011. REUTERS/Cheryl Ravelo

