Necesitamos cerrar la brecha educativa de los refugiados, según un nuevo informe del ACNUR

A man in a black and white shirt writing on a chalk board
We need to close the digital divide with better and more affordable connectivity as well as low-tech or no-tech educational platforms.Image: Unsplash/Jordan Rowland
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  • Entre 2018 y 2020, casi un millón de niños nacieron como refugiados.

  • Desde el inicio de la pandemia, más de 1.600 millones de estudiantes se han visto afectados por el cierre de sus escuelas o universidades.

  • Los datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) indican que el 68 % de los niños refugiados de todo el mundo está matriculado en la educación primaria.

  • Solo el 34 % está matriculado en la educación secundaria.

  • El ACNUR se ha fijado el ambicioso objetivo de que el 15 % de los refugiados se matricule en la educación superior para 2030.

Entre 2018 y 2020, casi un millón de niños nacieron como refugiados. Desde el principio, estos jóvenes se enfrentan a pasar su infancia, e incluso toda su vida, fuera de los países que deberían considerar su hogar. El impacto de la COVID-19 en sus vidas será profundo. La UNESCO calcula que, desde el inicio de la pandemia, más de 1.600 millones de estudiantes se han visto afectados por el cierre de sus escuelas o universidades.

Sin duda, esta perturbación sin precedentes en la educación afecta a todos los niños. Pero, para los jóvenes refugiados, que ya afrontan importantes obstáculos para acceder a la educación, podría truncar todas las esperanzas de recibir la escolarización que necesitan. En todos los niveles, la matriculación de los refugiados es inferior a la de los no refugiados. Sin embargo, a medida que los niños refugiados crecen, la situación empeora rápidamente, y los que cursan la educación secundaria corren el mayor riesgo de quedarse atrás.

Los datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) indican que el 68 % de los niños refugiados de todo el mundo está matriculado en la educación primaria. En cambio, la tasa bruta de matriculación de los refugiados se desploma en la educación secundaria, situándose en solo un 34 % de media.

Pero existen grandes diferencias regionales; en algunos países, la tasa de matriculación en la educación secundaria de los refugiados es de un solo dígito. Por eso, el eje del ACNUR en su Informe sobre Educación 2021 es la educación secundaria. El informe destaca la demanda, los beneficios y las carencias en la oferta y en las oportunidades de una educación secundaria de calidad.

Más allá de la primaria

En el caso de los adolescentes refugiados, la presión para abandonar la escuela y mantener a sus familias puede ser intensa; esta presión se ha agudizado a causa de la devastación económica provocada por la pandemia. El riesgo de que niños y niñas sean sometidos a trabajo infantil, incluidas sus formas más explotadoras, es elevado.

Sin embargo, sin una educación secundaria, los jóvenes, que deberían vivir una etapa importante de crecimiento, desarrollo y oportunidades, se enfrentan en cambio a enormes riesgos. Privarlos de la educación secundaria equivale a retirar una gran parte del puente que conduce a su futuro: el puente hacia mejores perspectivas financieras, mayor independencia y mejores resultados en materia de salud.

También es el puente hacia la educación superior.

El ACNUR se ha fijado el ambicioso objetivo de que el 15 % de los refugiados se matricule en la educación superior para 2030, en el marco de nuestra campaña 15by30. La buena noticia es que el nivel de matriculación más reciente en la educación superior se sitúa en el 5 %, frente al 3 % del año anterior y al 1 % de hace solo unos años.

Matriculación de refugiados en la educación.Image: ACNUR

Efectos de la COVID-19

Ese avance, como todos los demás progresos educativos para los refugiados, se encuentra, no obstante, gravemente amenazado por la COVID-19. Aunque es demasiado pronto para medir todo el impacto de la pandemia, es probable que los daños sean terribles. Las estimaciones de las oficinas del ACNUR en 37 países indican que los estudiantes refugiados perdieron una media de 142 días de clase hasta marzo de 2021 a causa del cierre de escuelas, universidades y otras instituciones. Se trata de un enorme déficit que hay que recuperar.

Es cierto que muchos estudiantes y docentes se han adaptado con rapidez. Los recursos en línea son inagotables y, en los últimos meses, hemos visto cómo la tecnología y el aprendizaje digital avanzaban a pasos agigantados. Sin embargo, la desigualdad también está presente en el mundo virtual. El aprendizaje digital es más accesible si se dispone de conexión a internet, de un dispositivo adecuado, del dinero para costearlo y de un lugar tranquilo donde escuchar y aprender.

Con una acción coordinada, podemos recuperar el tiempo perdido y alcanzar nuestro objetivo final, que es ofrecer a todos los niños y jóvenes, incluidos los refugiados, la educación que merecen.

Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

Para miles de estudiantes refugiados que viven en regiones sin conexión, que no tienen acceso a dispositivos digitales (o deben compartirlos con otras personas) y que viven en condiciones de hacinamiento, tales recursos no son realistas.

Afrontar este desafío requiere un esfuerzo masivo y coordinado, y es una tarea que no podemos permitirnos eludir. Para todos los niños y jóvenes, especialmente los más vulnerables, necesitamos una campaña mundial de “vuelta al colegio”. En el caso de los refugiados, en particular, los Estados deben garantizar que formen parte de los sistemas y la planificación educativos nacionales, incluidos los programas de recuperación.

Apoyo internacional

Allí donde los recursos son limitados —teniendo en cuenta que el 27 % de los refugiados se encuentra en los países menos desarrollados del mundo—, los Estados de acogida necesitan apoyo internacional para aumentar la capacidad en la educación secundaria: necesitan más escuelas, materiales didácticos adecuados, formación docente para asignaturas especializadas, instalaciones separadas para las adolescentes, y más.

Y necesitamos cerrar la brecha digital con una conectividad mejor y más asequible, así como plataformas educativas de baja o nula tecnología. Todas estas son medidas claras que darán resultados demostrables.

La pandemia ha dado a muchos de nosotros una idea de lo que los refugiados soportan a diario: aislamiento, restricciones de movimiento, incertidumbre económica y la repentina privación de servicios básicos. Año tras año, cientos de miles de niños nacen en esta realidad.

Estamos perdiendo terreno en el esfuerzo por garantizar una educación completa y de calidad para todos. Pero con una acción coordinada, podemos recuperar el tiempo perdido y alcanzar nuestro objetivo final, que es ofrecer a todos los niños y jóvenes, incluidos los refugiados, la educación que merecen.

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