Si imaginamos el mercado laboral del futuro como un ecosistema, estará poblado tanto por trabajadores como por robots.
De hecho, los empleos están evolucionando rápidamente y casi la mitad de ellos son susceptibles de automatización. Están en riesgo no solo las ocupaciones que implican tareas rutinarias o de fabricación, fácilmente reproducibles mediante algoritmos informáticos, sino también las que incluyen tareas no rutinarias, como la redacción jurídica, las ventas, la conducción y la realización de diagnósticos médicos. Algunas personas perciben el aumento de la automatización como una amenaza para el empleo en el futuro, lo que ha avivado los temores a una economía en crecimiento sin empleo.
Estén o no justificados, vale la pena examinar estos temores. En un escenario tan imprevisible, ¿qué permite a un trabajador sobrevivir? ¿Cómo pueden los empleados mantenerse al día ante los cambios constantes del mercado laboral para no quedarse atrás frente a los robots? ¿Cómo se puede llegar a prosperar?
El voluntariado basado en competencias: más allá de las formas tradicionales de participación
Por suerte, el pasado ofrece una solución para el futuro.
Existen desde hace mucho tiempo actividades que pueden dotar al capital humano de diversas competencias. Estas actividades hacen que los trabajadores sean más flexibles y estén mejor preparados para sobrevivir en un mercado laboral inestable, donde los empleos cambian rápidamente o se automatizan.
Ya se las llame trabajo pro bono, intercambio de competencias o emprendimiento cívico, estas actividades permiten a las personas poner sus competencias al servicio de la mejora de la sociedad, de forma voluntaria y sin obtener beneficio económico.
En adelante, llamaremos a estas actividades voluntariado basado en competencias (VBC). Se diferencia del voluntariado tradicional porque va más allá de las formas convencionales de participación, como firmar una petición o hacer una donación. Estas formas de participación pueden ser limitantes, pues solo permiten a las personas sumarse a campañas existentes, en lugar de empoderarlas para colaborar con otras o compartir sus talentos y espíritu emprendedor en favor del interés público.
En cambio, el voluntariado basado en competencias aprovecha la experiencia de cada persona para abordar causas sociales que le importan, normalmente en colaboración con una organización sin ánimo de lucro.
La causa social que se elija no importa. Puede ser la salud pública, el cambio climático, la educación, la rendición de cuentas de los gobiernos, los derechos LGBT o el bienestar animal. Lo importante es que el VBC impulsa a las personas a ir más allá de las formas sencillas de participación que se realizan con un solo clic y les permite, en cambio, usar su experiencia, sus competencias, ideas, mentalidad emprendedora e imaginación para mejorar la sociedad. Eso es lo que hago en the Good Lobby, una comunidad pionera de incidencia y de intercambio de competencias que se dedica a ayudar a organizaciones de la sociedad civil y grupos de base a alcanzar sus objetivos de interés público. En este sentido, el voluntariado basado en competencias impulsa nuevas formas de participación cívica y allana el camino hacia una ciudadanía activa.
El voluntariado basado en competencias como generador de valor social
La idea del voluntariado basado en competencias no es nueva. Varios movimientos mundiales comprometidos con mejorar el estado del mundo, como Amnistía Internacional, nacieron como comunidades de intercambio de competencias.
Históricamente, el VBC era un privilegio de las personas adineradas, que podían permitirse dedicar su tiempo y experiencia a un bien mayor. Pero hoy en día, el porcentaje de personas que cursan estudios superiores está aumentando considerablemente. Esto significa que el voluntariado basado en competencias está al alcance de todos los que, independientemente de su origen o procedencia, quieran usar sus talentos para contribuir de forma positiva a sus comunidades. Esto es especialmente cierto en el caso de los jóvenes que quieren encontrar su propósito y tener un impacto social positivo en el mundo que los rodea y en su futuro.
La generación millennial posee competencias valiosas que, de un modo u otro, pueden canalizarse para crear un mañana mejor. Desde redactar una entrada provocadora para un blog hasta diseñar una campaña en redes sociales, desde crear un sitio web hasta ofrecer asistencia jurídica a grupos vulnerables, la idea del VBC es que cualquiera puede dedicar su tiempo y sus talentos a apoyar una causa que le importe y así generar valor social.
Cabe destacar que el voluntariado basado en competencias no solo beneficia a la sociedad, sino también a las personas. Les permite prosperar en un ecosistema laboral cambiante y a menudo imprevisible, definido como la Cuarta Revolución Industrial.
Competencias para el futuro
El voluntariado basado en competencias es mucho más que una simple combinación de voluntariado e intercambio de competencias. El VBC también consiste en consolidar las competencias existentes mientras se desarrollan otras nuevas. La variedad de retos, tareas y situaciones que presenta el VBC permite a las personas adquirir un conjunto diverso de competencias. Por lo general, son las que se necesitan para prosperar en la era de la automatización.

Competencias específicas que se pueden adquirir mediante el voluntariado basado en competencias
Colaboración – Las actividades de voluntariado basado en competencias suelen requerir colaboración para alcanzar objetivos de interés público. El VBC anima a las personas a gestionar su propia carga de trabajo y coordinarla como parte del flujo de trabajo general. Los voluntarios deben aprender a establecer prioridades y ajustarlas continuamente, así como a superar obstáculos y conflictos al trabajar con otras personas.
Flexibilidad cognitiva – Quienes participan en el VBC aprenden a trabajar en varias tareas a la vez, tanto dentro como fuera de su entorno profesional. Esto mejora su flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad de pasar rápidamente de una tarea a otra o dominar varios conceptos al mismo tiempo. Una persona con flexibilidad cognitiva puede aprender más rápido, combinar distintas aportaciones para producir un resultado original y reaccionar con mayor eficacia ante situaciones nuevas; todas ellas son grandes ventajas en un mercado laboral inestable.
Negociación – La capacidad de dialogar, conciliar diferencias y alcanzar un acuerdo satisfactorio para todas las partes. Quienes participan en el VBC se acostumbran a trabajar con personas de diversos orígenes. Aprenden a mediar entre distintas posturas y a superar conflictos para alcanzar un objetivo común.
Orientación al servicio – En el VBC, las personas dedican su tiempo a causas sociales. Esto refuerza la orientación al servicio, es decir, la predisposición de una persona a ayudar y cooperar.
Resolución de problemas complejos – En el VBC, las personas utilizan sus competencias, en colaboración con otras, para resolver problemas públicos. Esto mejora su capacidad para interpretar situaciones complejas y encontrar soluciones innovadoras. Esta competencia es especialmente pertinente en una economía cada vez más compleja.
Inteligencia social y emocional – Gran parte del VBC consiste en trabajar con otras personas para alcanzar objetivos de interés público. Los voluntarios aprenden a reconocer y gestionar sus emociones y su comportamiento, así como a lidiar con las emociones y el comportamiento de los demás.
Competencias generales que se pueden adquirir mediante el voluntariado basado en competencias
Creatividad – La creatividad no es una cualidad innata concedida a unos pocos afortunados, sino un proceso que se puede aprender. Quienes realizan voluntariado basado en competencias se enfrentan a diversos retos que requieren soluciones innovadoras. Mediante el VBC, las personas aprenden a adoptar respuestas creativas para resolver problemas públicos de forma colaborativa. Además, la creatividad es un componente esencial del emprendimiento cívico, que requiere desarrollar ideas y convertirlas en proyectos concretos destinados a servir a la comunidaddesarrollar ideas y convertirlas en proyectos concretos destinados a servir a la comunidad. Cabe señalar que, según la OCDE, los empleos que requieren competencias creativas son menos vulnerables a la automatización.
Resiliencia – El voluntariado basado en competencias saca a las personas de su zona de confort. Las plantea retos de diversa índole y les exige compaginar sus responsabilidades profesionales y personales. El VBC amplía los límites de cada persona y le exige aprender nuevas competencias para superar las dificultades. Esta característica intrínseca del VBC refuerza la resiliencia, es decir, la capacidad de recuperarse de los reveses, adaptarse a los cambios y prosperar pese a la adversidad. Esta competencia, que hace adaptable al capital humano, es especialmente importante en un mercado laboral que cambia rápidamente.
Empatía - La capacidad de comprender o sentir lo que otra persona está experimentando y ajustar nuestras respuestas en consecuencia. El VBC es una actividad social que se realiza en equipo y mejora la capacidad de empatizar con los compañeros.
La empatía engloba la mayoría de las competencias mencionadas. Implica pensamiento crítico, inteligencia social y emocional, y sensibilidad, probablemente la competencia más difícil de replicar para los robots. No es casualidad que los empleos que requieren empatía, criterio y análisis sean los que más han aumentado desde la década de 1980.
Adaptabilidad – Aprender nuevas competencias mediante el VBC hace que el capital humano sea más flexible y esté mejor preparado para afrontar los rápidos cambios de una economía dinámica. Una persona con una amplia gama de competencias puede desempeñar mejor distintos roles en un mercado laboral cambiante o cambiar de profesión con rapidez. Esto la hace menos vulnerable a los efectos de la automatización.
Darwin, las competencias y el futuro del trabajo
La automatización no es el fin del mundo, ni representa el comienzo de una economía en crecimiento sin empleo. Al contrario, las máquinas empujan a los seres humanos a desarrollar su ventaja comparativa: especializarse en competencias creativas, cognitivas y sociales, difíciles de replicar para los ordenadores. Al fin y al cabo, los robots pueden producir con mayor eficiencia, pero los seres humanos siguen siendo responsables de asignar los recursos.
Puede parecer sencillo, pero en una época en la que las ocupaciones cambian rápidamente y muchas se automatizan, los trabajadores deben adaptarse para sobrevivir. Parafraseando a Charles Darwin, en un mercado laboral incierto no sobreviven quienes tienen más estudios, sino quienes son más flexibles, adaptables y resilientes, y cuentan con una amplia gama de competencias que poner en práctica. Las actividades de voluntariado basado en competencias pueden ayudarte a prosperar en este ecosistema imprevisible.

