Tres formas de hacer que tus hijos sean más empáticos

Children watch the sun set as they inspect tide pools during low tide in Solana Beach, California, U.S., January 4, 2018. REUTERS/Mike Blake - RC17C4689E30
Empathic children can become empathic parents, spouses, co-workers and friends.Image: REUTERS/Mike Blake
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Johnny tiene cinco años. Ve cómo otros niños se burlan de su amigo Mark y luego observa que Mark empieza a llorar. Como padre, madre o cuidador, ¿qué esperas que haga Johnny?

Para muchos adultos, la respuesta esperada sería que Johnny mostrara empatía. Es decir, que comprendiera y fuera sensible a los sentimientos de Mark, y respondiera con compasión ante su malestar. Pero ¿es realista esperar que los niños pequeños tengan esta capacidad?

Se han documentado signos de preocupación empática en niños desde los ocho a diez meses de edad. Pueden observarse manifestaciones más evidentes de empatía, como mostrar preocupación cuando alguien llora, en los niños pequeños. Pero, como ocurre con todos los aspectos del desarrollo, la cantidad y la calidad del desarrollo de esta habilidad pueden variar mucho de un niño a otro.

Sabemos que, cuando los niños aprenden a ser empáticos desde una etapa temprana de su desarrollo, pueden adquirir habilidades de empatía mucho más sólidas más adelante en la vida y convertirse en adultos que tratan a los demás con amabilidad, respeto y comprensión. Los niños empáticos pueden convertirse en padres, cónyuges, compañeros de trabajo y amigos empáticos.

La empatía no es un rasgo fijo: puede fomentarse. Pueden ayudar a alentarla y cultivarla los hermanos empáticos, así como los cuidadores adultos. Pero la empatía requiere tiempo para desarrollarse.

Padres, docentes y cuidadores suelen preguntar cómo pueden animar a los niños pequeños a ser más empáticos. Aquí tienen algunos consejos:

1. Enseñar con el ejemplo a valorar los sentimientos

En primer lugar, siempre que sea posible, muestren calidez y empatía hacia los niños.

Los niños observan a los demás para aprender formas adecuadas de comportarse e interactuar, y se sabe que les influyen las conductas que ven a su alrededor. Pueden ser un buen modelo al reconocer y valorar los sentimientos de los demás, y mostrar comprensión y compasión cuando alguien está triste, molesto, angustiado, frustrado o necesita ayuda.

Cuando los niños expresen emociones negativas, reconozcan cómo se sienten. Bríndenles apoyo y consuelo hasta que indiquen que están bien y listos para pasar a otra cosa.

A veces, los niños pequeños necesitan ayuda para entender lo que sienten; por eso, pongan nombre a la emoción. Por ejemplo, si están llorando, digan: «Pareces triste. ¿Cómo puedo ayudarte?»

2. Relacionar sentimientos, pensamientos y conductas

En segundo lugar, cuando hablen de los sentimientos, relacionen las conductas con lo que sienten los niños para que comprendan la causa y el efecto.

Por ejemplo: «Max está triste porque Oliver le quitó su juguete. ¿Qué podría ayudar a Max a sentirse mejor?»

También se puede enseñar a los niños la relación entre causa y efecto mediante cuentos, juegos de roles o la lectura de libros. Hablen con ellos sobre los pensamientos, sentimientos y conductas de los personajes. ¿Qué podrían hacer después?

Relacionen estas situaciones con las propias experiencias del niño. Por ejemplo, si el personaje está triste porque extraña a sus padres, vinculen ese sentimiento con alguna ocasión en que el niño también expresó tristeza por algo parecido. Esto le ayuda a comprender con mayor claridad la relación entre sentimientos, pensamientos y conductas.

A los niños mayores (de cinco años en adelante), pídanles que se pongan en el lugar o adopten la perspectiva de otro niño o adulto: «¿Cómo crees que se siente? ¿Por qué podría estar molesto? ¿Qué podríamos hacer para ayudar?»

3. Crear un «clima» de empatía

En tercer lugar, como familia o en el aula, céntrense en trabajar juntos para crear un «clima» que anime a los niños a ser empáticos y comprensivos con sus familiares y amigos.

Si a su hijo o a un niño de su aula le cuesta mostrar empatía, ayúdenlo a tener éxito creando oportunidades para que practique la empatía y señalándole cómo ser amable puede beneficiar a todos los involucrados:

«Qué amable fuiste al ayudar a tu hermana cuando perdió su juguete favorito. Seguro que lo recordará y querrá ayudarte cuando lo necesites».

Esto fomentará que en el futuro se repitan conductas similares.

Las sólidas habilidades de empatía pueden ayudar a los niños a tener éxito en la vida. Padres, docentes, cuidadores e incluso hermanos pueden desempeñar un papel decisivo para ayudarse mutuamente a alcanzar ese éxito.

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