Hay muchos tipos de inteligencia, y nuestro trabajo consiste en descubrir cuáles son y cómo integrarlos en nuestra vida. Las fuentes de inteligencia pueden medirse mediante cocientes. La mayoría conocemos el CI, o cociente intelectual, que se asocia principalmente con nuestra capacidad para memorizar, recuperar información de la memoria y razonar lógicamente.
También hay una nueva promesa, el CC, o cociente de curiosidad, que se refiere a la capacidad de sentir una fuerte motivación por aprender sobre un tema determinado. Gran parte de mi tiempo de investigación y de trabajo con clientes y organizaciones la dedico a centrarme en la inteligencia emocional.
La definición de inteligencia emocional (propuesta inicialmente por los investigadores Peter Salavoy y John Mayer, pero popularizada por el autor Daniel Goleman en su libro homónimo, de gran influencia) es la capacidad de:
- Reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones.
- Reconocer, comprender e influir en las emociones de los demás.
En la práctica, esto significa ser conscientes de que las emociones pueden guiar nuestra conducta e influir en las personas (de manera positiva y negativa), y aprender a gestionar esas emociones —tanto las nuestras como las de los demás—, sobre todo cuando estamos bajo presión.
Somos seres emocionales que a menudo tomamos decisiones y respondemos a los estímulos basándonos en nuestras emociones. Por eso, nuestra capacidad para desarrollar la IE influye enormemente en todas nuestras relaciones, en cómo tomamos decisiones y en cómo identificamos oportunidades. La IE es de suma importancia. A través de mi trabajo, he identificado 10 cualidades que, a mi juicio, caracterizan a una persona con inteligencia emocional.
Espero que esto te resulte valioso y que aprendas a comprender cómo puedes influir en tu mente y en la de los demás si creces emocionalmente cada día, en todo lo que haces.
1. Empatía
Me encanta esta definición de empatía:
«La empatía es la capacidad de comprender o sentir lo que otra persona experimenta desde su propio marco de referencia; es decir, la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona».
Hay dos tipos distintos de empatía. Este artículo del Greater Good Science Center de la Universidad de California en Berkeley los describe muy bien:
La «empatía afectiva» se refiere a las sensaciones y los sentimientos que experimentamos en respuesta a las emociones de los demás; esto puede incluir reflejar lo que siente esa persona o simplemente sentir estrés cuando detectamos el miedo o la ansiedad de otra. La «empatía cognitiva», a veces llamada «adopción de perspectiva», se refiere a nuestra capacidad para identificar y comprender las emociones de otras personas.
Empatizamos en función de nuestra reacción ante los demás. También diría que la empatía puede cultivarse y aprenderse a través de las experiencias. Guarda en tu memoria los sentimientos que experimentas, tanto como reacción como al poner las cosas en perspectiva. Escribe esos pensamientos, analízalos y decide cómo quieres tratar a los demás, del mismo modo que querrías que te trataran a ti.
2. Autoconocimiento
El autoconocimiento es el arte de comprenderte, reconocer a qué estímulos te enfrentas y prepararte para gestionarte tanto de forma proactiva como reactiva. El autoconocimiento es cómo nos vemos a nosotros mismos y también cómo percibimos que nos ven los demás. El segundo aspecto, el externo, siempre es el más difícil de evaluar correctamente.
La doctora Tasha Eurich afirma:
«Los líderes que se centran en desarrollar tanto el autoconocimiento interno como el externo, buscan comentarios sinceros de personas que los aprecian y preguntan “qué” en vez de “por qué” pueden aprender a verse con más claridad y cosechar los muchos beneficios que aporta un mayor conocimiento de uno mismo».
En tu caso, hazte preguntas introspectivas, busca el conocimiento y mantén la curiosidad. En cuanto a los demás, pide comentarios en un entorno sincero y atento.
3. Curiosidad
«No tengo talentos especiales. Solo soy apasionadamente curioso». — Albert Einstein
Muéstrame a una persona curiosa, dispuesta a aprender y mejorar, y te mostraré una historia de éxito a punto de hacerse realidad. Cuando sientes curiosidad, sientes pasión, y cuando sientes pasión, te impulsa el deseo de dar lo mejor de ti. Tienes las «antenas» atentas a las cosas que te gustan y al deseo de crecer y aprender más. Esta mentalidad de aprendizaje influye positivamente en otros ámbitos de tu vida, como las relaciones.
Tomas Chamorro-Premusic escribe:
«En primer lugar, las personas con un CC más alto suelen tolerar mejor la ambigüedad. Este estilo de pensamiento matizado, sofisticado y sutil define la esencia misma de la complejidad. En segundo lugar, el CC conduce, con el tiempo, a mayores niveles de inversión intelectual y adquisición de conocimientos, sobre todo en ámbitos formales de la educación, como la ciencia y el arte». Fuente: HBR
4. Mente analítica
Las personas con mayor inteligencia emocional y más determinación son reflexivas: analizan y procesan toda la información nueva que reciben. Siguen analizando la información, los hábitos y las formas de hacer las cosas que ya conocen para ver si pueden encontrar maneras de mejorar. Todos somos «analistas» en el sentido de que pensamos conscientemente en toda la información nueva que recibimos.
Las personas con una IE elevada son hábiles para resolver problemas y filósofas de la vida cotidiana: reflexionan sobre el «porqué» de la existencia, el «porqué» de lo que hacemos y se preocupan profundamente por llevar una vida virtuosa. Tener una mente analítica significa sentir un sano afán por mejorar continuamente, con el propósito de superarte y mantenerte siempre abierto a nuevas ideas.
5. Fe
Un componente fundamental para mantener el autocontrol emocional es recurrir al poder de la fe para creer en ti, tanto en el presente como en el futuro. Significa creer que las personas y las cosas de tu vida están ahí por una razón, y que, al final, todo saldrá bien.
La fe por sí sola no te ayudará. Hace falta actuar, por supuesto. Pero cuando combinas la fe con valores poderosos como el trabajo duro, la perseverancia y una actitud positiva, construyes los cimientos de un campeón. Todo gran líder y pensador recurre a la fe, ya sea en un contexto práctico, emocional y, sin duda, espiritual.
Dedica tiempo a meditar. Reflexiona sobre cómo crees en ti. Cultiva una fe mayor en la persona que eres y en quien quieres llegar a ser. Y confía y cree que las piezas de tu vida encajarán de una manera que te permitirá vivir con audacia y alegría.
6. Necesidades y deseos
La mente con inteligencia emocional puede distinguir entre lo que necesita y lo que sería «agradable tener», que se clasifica mejor como un deseo. Una necesidad, sobre todo en el contexto de la «jerarquía de las necesidades» de Abraham Maslow, es algo básico, como la seguridad, la supervivencia y el sustento. Una vez satisfechas esas necesidades, podemos pasar a otras y, por supuesto, a los deseos.
Un «deseo» puede ser una casa grande, un buen coche e incluso el último iPhone. No necesitamos esas cosas para sobrevivir; las queremos por nuestros deseos personales o por lo que creemos que la sociedad considera importante. Familiarízate con lo que de verdad necesitas para vivir, alcanzar tus objetivos y apoyar a tus seres queridos y a ti mismo. Asegúrate de distinguir claramente entre lo que necesitas y lo que deseas.
Las personas con inteligencia emocional conocen la diferencia entre estas dos cosas y siempre atienden primero sus necesidades antes de satisfacer sus deseos.
7. Pasión
El liderazgo inspirador y el amor por lo que haces nacen de sentir pasión por un tema o por las personas. Quienes tienen una IE elevada usan su pasión y su propósito para poner en marcha el motor que los impulsa a hacer lo que hacen. Esta pasión es contagiosa: impregna todos los ámbitos de su vida y se transmite a quienes los rodean.
La pasión es una especie de je ne sais quoi que, cuando la sientes o incluso cuando la ves en los demás, sencillamente reconoces. Es el deseo natural, el instinto, el impulso, la ambición y el amor motivado por un tema o por alguien. La pasión aporta energía positiva que nos ayuda a mantenernos y nos inspira a seguir adelante. Y no es ningún secreto que las personas apasionadas y con inteligencia emocional también están dispuestas a perseverar y avanzar con determinación, sean cuales sean sus circunstancias.
8. Optimismo
Si quieres ampliar tus oportunidades, mejorar tus relaciones y pensar con claridad y de manera constructiva, lo mejor es mantener una actitud positiva. De todas las cosas que intentamos controlar e influir, nuestra actitud es la principal que siempre está bajo nuestro control. Podemos elegir vivir cada día con una actitud positiva. Así de sencillo.
«Cuando somos felices —cuando nuestra mentalidad y nuestro estado de ánimo son positivos— somos más inteligentes, estamos más motivados y, por tanto, tenemos más éxito. La felicidad es el centro y el éxito gira a su alrededor». — Shawn Achor
9. Adaptabilidad
«La adaptabilidad no es imitación. Significa capacidad de resistencia y asimilación». — Mahatma Gandhi
Las personas con inteligencia emocional reconocen cuándo deben seguir su rumbo y cuándo ha llegado el momento de cambiar. Esta capacidad de reconocer algo tan importante y de tomar decisiones rápidas y claras en tu propio beneficio se llama adaptabilidad. Debes determinar cuándo mantener el rumbo y cuándo seguir adelante en otra dirección.
Del mismo modo, si una estrategia no funciona, evalúa la situación y averigua si otra podría funcionar. Desde la manera en que te tratas hasta cómo tratas a los demás y tu rutina diaria, mantén siempre la mente abierta y la disposición a adaptarte e incorporar elementos nuevos a tu forma de pensar y actuar.
A lo largo de la vida, tendrás que cambiar de rumbo y valorar si serás feliz y tendrás éxito al elegir un camino u otro. Reconoce que puedes cambiar siempre. Siempre puedes empezar de nuevo. Puede que no siempre sea la decisión más prudente o sensata, pero solo tú sabrás de verdad, en tu interior, qué es lo correcto y qué no. Empieza por dejar abierta esa posibilidad.
10. Deseo de ayudar a los demás a triunfar y de triunfar por cuenta propia
Por último, aunque no menos importante, a una persona con inteligencia emocional le interesan el éxito y los logros en general, no solo los propios, sino también los de sus compañeros. Su liderazgo inspirador y su pasión, junto con su optimismo, la impulsan a querer dar lo mejor de sí misma y de los demás.
Con demasiada frecuencia, nos ensimismamos y solo nos preocupa «¿Qué gano yo con esto?». Debemos preocuparnos por nuestro propio interés. Es imprescindible, así que no dejes que nadie te convenza de lo contrario. Pero, del mismo modo que debemos centrarnos en nuestro interés personal, también debemos mantener el deseo y la esperanza de que las personas que nos rodean triunfen.
Esto no solo es una excelente protección contra la envidia y la avaricia, sino que también revitaliza nuestra pasión y nos impulsa a alcanzar nuestro próximo objetivo. Nos ayuda a ganar aliados y a construir relaciones sólidas que, a su vez, vuelven para ayudarnos.


