Esta investigadora de Stanford ha diseñado un truco de estudio de 15 minutos para mejorar las notas

Students take notes from their iPads at the Steve Jobs school in Sneek August 21, 2013. The Steve Jobs schools in the Netherlands are founded by the O4NT (Education For A New Time) organisation, which provides the children with iPads to help them learn with a more interactive experience. REUTERS/Michael Kooren (NETHERLANDS - Tags: SOCIETY EDUCATION SCIENCE TECHNOLOGY) - RTX12S7Q
Part of the appeal of Chen’s approach is its simplicity: any student, teacher or even parent could use it.Image: REUTERS/Michael Kooren
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Responsables políticos, directivos tecnológicos, docentes y padres buscan constantemente nuevas formas de mejorar el rendimiento escolar de los niños. Las escuelas diseñan y rediseñan los planes de estudio, los docentes adoptan y rechazan nuevas tecnologías educativas, y los padres idean maneras de conseguir que sus hijos estudien más.

Una solución novedosa que, según los investigadores, ayuda a los niños a rendir mejor consiste en hacer que reflexionen sobre cómo piensan —la metacognición— y que planifiquen cómo estudian.

Si esto parece fácil, no lo es. «Con demasiada frecuencia, los estudiantes se ponen a estudiar sin pensar, antes siquiera de planificar qué recursos utilizar, sin entender por qué usan cada recurso y sin planear cómo lo aprovecharán para aprender eficazmente», afirma Patricia Chen, investigadora posdoctoral con doctorado en Stanford. «Me parece muy lamentable, porque socava su propio potencial para aprender y rendir bien».

Sin embargo, se puede enseñar a los estudiantes a pensar estratégicamente sobre el pensamiento y el estudio, afirma Chen, autora principal de un nuevo estudio sobre esta práctica; además, los padres pueden promover este tipo de aprendizaje planteando algunas preguntas estratégicas.

En el estudio que dirigió Chen, los investigadores llevaron a cabo dos experimentos de campo en los que se ofrecieron a algunos universitarios diversas preguntas para ayudarles a reflexionar detenidamente sobre cómo estudiaban y cómo podían prepararse de forma más eficaz para un examen de una asignatura introductoria de estadística. Los demás estudiantes —el grupo de control— solo recibieron un recordatorio de que se acercaba el examen y debían prepararse.

Quienes reflexionaron sobre cómo querían rendir y qué debían hacer para mejorar superaron a quienes no lo hicieron por un promedio de un tercio de una calificación con letra. Quienes recibieron dos veces las indicaciones de la intervención obtuvieron mejores resultados que quienes las recibieron una sola vez.

«La principal conclusión de esta investigación es la importancia de actuar con objetivos claros y reflexionar sobre cómo se eligen y utilizan los recursos para aprender —o para alcanzar cualquier otro objetivo—», dijo Chen.

Hay abundantes pruebas de que la autorregulación y la metacognición son fundamentales para el aprendizaje. Sin embargo, el reto está en enseñar estas habilidades de manera que se arraiguen. Parte del atractivo del enfoque de Chen es su sencillez: cualquier estudiante, docente e incluso padre o madre podría utilizarlo.

Cómo se llevaron a cabo los experimentos de campo

Entre una semana y diez días antes de un examen, la mitad de la clase recibió una encuesta de 15 minutos que les pedía pensar en una prueba que iban a hacer. Se les pidió que pensaran qué nota querían obtener y que valoraran lo importante que era para ellos conseguirla, así como las probabilidades que creían tener de lograrlo.

A continuación, la encuesta pedía a los estudiantes que reflexionaran sobre los tipos de preguntas que podía incluir el examen e identificaran cuáles de los 15 recursos disponibles en la asignatura utilizarían para estudiar, entre ellos, apuntes de clase, preguntas de exámenes de práctica, lecturas del libro de texto, horas de consulta del profesor, debates con compañeros y tutorías particulares. Se les pidió que anotaran por qué sería útil cada recurso y cómo lo utilizarían, trazando así un plan de estudio.

Los estudiantes del grupo de control solo recibieron un recordatorio de que el examen sería dentro de una semana y debían estar preparados.

Los autores señalaron con cuidado que antes del examen no había diferencias estadísticamente significativas en el rendimiento de los estudiantes, ni diferencias importantes en sus promedios de calificaciones de secundaria o en sus niveles de motivación. Tampoco había diferencias estadísticas entre las notas que esperaban obtener los dos grupos, lo que descartaba la motivación como factor explicativo del rendimiento frente a la reflexión y el pensamiento sobre el propio pensamiento. Los resultados se mantuvieron en todos los grupos raciales y sociales, en todos los niveles de rendimiento (estudiantes de rendimiento alto y bajo) y en ambos géneros.

Además de mejorar sus notas, los estudiantes que completaron la encuesta en línea dijeron sentir menos estrés por el examen que sus compañeros y tener una mayor sensación de control sobre su rendimiento.

Metacognición

Según la Educational Endowment Foundation (EEF), que realiza estudios para intentar reducir las brechas de rendimiento, la metacognición es una de las dos intervenciones educativas más eficaces que ha evaluado. (La otra es la retroalimentación). Los estudiantes que participaron en programas diseñados para mejorar su reflexión sobre el pensamiento aceleraron su aprendizaje en un promedio equivalente a ocho meses de progreso académico. El efecto fue mayor entre los alumnos con bajo rendimiento y los de más edad.

En un experimento, niños de 12 y 13 años mejoraron notablemente sus habilidades de escritura al aprender a evaluar mejor la calidad de su propio trabajo. Los estudiantes, procedentes de 23 escuelas primarias de West Yorkshire, Inglaterra, se dividieron en dos grupos; a la mitad se le ofreció orientación para planificar, supervisar y evaluar sus propios textos narrativos. Se enseñó a los niños qué hace que un texto esté bien escrito y cómo revisar su propio trabajo. «En lugar de depender del profesor, se les enseñan estrategias para mejorar su propia escritura; eso es la autorregulación», dijo Emily Yeomans, directora sénior de programas de la EEF. Durante el estudio, estos niños lograron nueve meses adicionales de progreso académico.

Gran parte de esta investigación parece intuitiva. Fijar objetivos nos ayuda a cumplirlos. Elaborar un plan para alcanzar una meta también aumenta las probabilidades de conseguirla. Sin embargo, a veces los educadores tienen dificultades para encontrar formas constructivas de llevar estos hallazgos a la práctica, sobre todo cuando las exigencias que afrontan parecen cambiar cada año (¡aprendizaje personalizado!, ¡un iPad para cada niño!, ¡nuevas evaluaciones!).

Una ventaja importante de las intervenciones de metacognición es que no son caras. Además, sirven para todos: pueden utilizarlas los docentes y también los padres. Chen dijo que su laboratorio no había estudiado este aspecto en concreto, pero señaló que los padres, que a menudo orientan académicamente a sus hijos, pueden animarlos a reflexionar sobre cómo emplean sus recursos de estudio.

«Pueden dar ejemplo de este proceso de pensamiento estratégico expresando en voz alta cómo están razonando sobre el uso de los recursos, o plantear preguntas que animen a los niños a ejercitar por sí mismos este pensamiento estratégico». Estas son las preguntas concretas que sugirió: «Lo que estás haciendo no parece estar dando muy buen resultado. ¿Hay algo más que puedas utilizar para hacerlo mejor?» o «Fíjate en cómo están haciendo las cosas. ¿Crees que podrían haberlo hecho de una manera mejor?».

Como adultos, sabemos que nos beneficiaría planificar más: pensar estrategias para esa conversación difícil, esbozar el memorando que hay que redactar, considerar las carencias de la presentación de PowerPoint. Que lo hagamos o no ya es otra cuestión. Con los estudiantes ocurre lo mismo.

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