Paolo Quattrone sobre cómo cambia la educación en la era digital.
Piense en una clase magistral en un aula tradicional a comienzos del siglo XX: filas de hombres (en su mayoría) sentados en un enorme auditorio, escuchando en silencio cómo un profesor diserta sobre su lección. Piense en un aula de hoy. Transcurridos diez minutos desde el inicio de la clase, los estudiantes ya se muestran incómodos en sus sillas, revisan correos electrónicos en sus tabletas y, muy probablemente, puntúan en tiempo real la clase del profesor en una red social.
Las personas de mi edad (mediados de los cuarenta) hemos aprendido lo que sabemos dedicando horas a leer libros impresos. Quienes nacen ahora tendrán una experiencia de conocimiento completamente distinta de la mía. Tras una cultura oral, manuscrita e impresa, el conocimiento vive una revolución digital. Y las implicaciones de esta revolución del conocimiento no están claras. Así que aquí van algunas ideas para propiciar la reflexión.
Las nuevas formas de aprendizaje tienen implicaciones, en particular si queremos que los estudiantes permanezcan atentos en clase. Su experiencia debe cambiar para tener en cuenta su mucha mayor exposición a un mundo de imágenes en lugar de textos. Por ello, tanto los espacios de aprendizaje como las prácticas de aprendizaje están cambiando.
Hace unos días llamó mi atención una noticia: las inversiones de capital privado en educación siguen siendo relativamente bajas, pero crecen a un ritmo de dos dígitos. Las universidades ya no ocupan un lugar tan central en esta red de producción de conocimiento. Otros actores se están convirtiendo en piezas clave de esta red y, entre ellos, no sorprendentemente, figuran las empresas de medios y entretenimiento. En todo caso, su entrada en el sector hará que las clases sean menos aburridas.
Como profesor con 20 años de experiencia docente, la entrada de los medios en el sector educativo no me sorprende. Creo que en un período relativamente corto habrá un equilibrio diferente entre las distintas actividades de aprendizaje. Cobrarán mayor relevancia las interacciones en línea y en redes sociales. El conocimiento será más una experiencia grupal y social que una relación exclusiva entre profesor y alumno. Habrá menos clases magistrales y más talleres como los que se realizan en estudios de arquitectura y diseño, con la creación de prototipos sustituyendo a los ejercicios, también en campos aparentemente áridos como la contabilidad (¡mi propio campo!).
Esto significa que la clase magistral combinará distintas formas de aprendizaje, lenguajes y estilos de expresión y comunicación. El profesor será más un orquestador de esta nueva experiencia de aprendizaje, colaborando con expertos en medios con fines educativos.
Por supuesto, habrá riesgos y oportunidades. El riesgo se ejemplifica con una anécdota que me contó un colega (no sé si es verdad o no). Un profesor de una importante institución estadounidense grababa una clase para emitirla por internet. En un momento dado, le hace una pregunta al público. No recibe respuesta. Entonces repite la pregunta, pensando que los estudiantes, incluso en las instituciones más prestigiosas, siempre son tímidos. No recibe respuesta, pero uno de los «estudiantes» le susurra: «¡Profesor, no somos estudiantes, somos actores!».
La ventaja es una mayor democratización de la educación, con experiencias más atractivas para todas las partes implicadas. La era digital nos inunda con un océano de información y, sin una mente crítica, no seremos capaces de distinguir lo útil de lo inútil. Y sin una educación que alimente nuestro intelecto en lugar de nuestras habilidades, no tendremos mapas para navegar ese océano.
Creo que debemos movernos entre el mundo de la práctica y el mundo académico. El mundo de la práctica por sí solo no podrá proporcionar la pericia necesaria acumulando experiencia, tanto como el mundo académico no podrá evitar un compromiso constante con el mundo de la profesión, la economía y la sociedad para comprender los cambios en el aprendizaje, la sociedad y la economía. Habitar este nuevo espacio «intermedio» me parece todavía una misión apasionante que merece la pena seguir.
Autor: Paolo Quattrone es catedrático de Contabilidad y Control de Gestión en IE Business School (Madrid, España)
Imagen: Estudiantes escuchan una clase en la Universidad de Varsovia REUTERS/Kacper Pempel

