Con las guerras comerciales, las medidas restrictivas contra la inmigración y los medios polarizados, parece que vivimos en un invierno interminable de descontento político y social. Irónicamente, la principal causa de ese descontento, la situación del empleo en Estados Unidos, pocas veces ha sido tan buena. El desempleo ha caído al 3,8 %, su nivel más bajo en 18 años. Por primera vez en este siglo, desde que la Oficina de Estadísticas Laborales lleva el registro, hoy hay un puesto de trabajo disponible por cada trabajador estadounidense desempleado. Esto no significa que todo el mundo pueda conseguir el trabajo de sus sueños ni que cada vacante tenga a su candidato ideal, pero sí es un hito importante. Además, la brecha entre el desempleo de la población negra y la blanca nunca había sido tan pequeña.
Entonces, ¿por qué preocupa tanto el empleo? ¿Se debe a que los salarios se han estancado y la clase media lleva mucho tiempo sin avanzar? Sin duda, el lento progreso del pasado es una realidad que pesa mucho sobre muchas personas, pero la situación empeora porque el futuro quizá no parezca mucho más prometedor. Una encuesta reciente de Brookings confirma estas preocupaciones sobre los efectos de la tecnología en el empleo. Y lo que empeora aún más la situación es que algunos trabajadores —en particular, las mujeres— pueden tener todavía más motivos para preocuparse por lo que viene.
Muchas personas que han perdido su empleo están viendo las primeras señales de cómo el cambio tecnológico transformará nuestra forma de trabajar, las tareas que realizamos y quiénes tienen acceso al trabajo. Con la IA y la automatización infiltrándose en nuestra vida cotidiana a ese «paso menudo de día en día» propio de Macbeth, si todo lo que se dice sobre la tecnología es cierto, los seres humanos cederán tareas a las máquinas a una escala que deja boquiabierto. El grado de asombro depende de a qué analista se crea. Mientras que la OCDE calcula que solo el 14 % de los empleos actuales se verá afectado, el centro de estudios europeo Bruegel sitúa el factor de desplazamiento en el 54 %. El McKinsey Global Institute ofrece una visión más matizada: en el 60 % de las ocupaciones, al menos el 30 % de las actividades que las componen podría automatizarse, aunque esto varía según la región y la ocupación; para 2030, se desplazaría en promedio alrededor del 15 % de las actividades, y algunas ocupaciones corren el riesgo de que se automatice un tercio de todas sus actividades.
El hecho de que estos cambios estén en marcha y vayan a continuar no debería alarmarnos automáticamente. Los optimistas nos aseguran que quienes pierdan su empleo pasarán a dedicarse a actividades más productivas. Mis antiguos colegas de McKinsey, Susan Lund y James Manyika, señalan que, históricamente, la tecnología ha creado más empleos de los que ha destruido, aunque también advierten que la historia muestra que las transiciones pueden ser dolorosas. Esto me devuelve a la pregunta de si los beneficios y los costes se repartirán equitativamente. Lo que más me preocupa es el impacto del cambio en las mujeres, dado que ya existe un desequilibrio de género en la fuerza laboral y una brecha salarial que cerrar. En otras palabras, pese a las buenas noticias sobre la fortaleza actual del mercado laboral y las esperanzas para el futuro, si las desigualdades fundamentales entre los géneros persisten o empeoran, el invierno del descontento habrá llegado para quedarse.
A primera vista, hay muchos motivos para preocuparse. El personal administrativo de nivel inferior, los cajeros y los oficinistas se encuentran entre quienes más probablemente serán desplazados por una máquina. Un estudio de Oxford ofrece una lista detallada; las ocupaciones que encabezan la lista de Oxford están ocupadas desproporcionadamente por mujeres. De hecho, un informe reciente del Foro Económico Mundial sugiere que las mujeres podrían verse afectadas por hasta el 57 % de los empleos estadounidenses desplazados por las máquinas.
¿Deberían los sectores de la tecnología y las políticas públicas actuar de manera preventiva para corregir el rumbo? Antes de hacerlo, es importante que reconozcan que los efectos del cambio tecnológico rara vez son blancos o negros. El revuelo da para titulares llamativos, pero los efectos netos de la tecnología en la sociedad son matizados. Quienes toman decisiones deberían tener presentes tres categorías de posibles tendencias con aspectos a favor y en contra.
Aunque a corto plazo las mujeres corren más riesgo, a largo plazo las ocupaciones «masculinas» corren más peligro
Un nuevo informe de PwCdistingue tres olas de automatización. Según PwC, son las siguientes: la automatización de tareas computacionales sencillas y el análisis de datos estructurados; la automatización de tareas repetibles, el intercambio de información mediante apoyo tecnológico dinámico y el análisis estadístico de datos no estructurados; y la automatización que implica resolver problemas en situaciones dinámicas del mundo real con respuestas adaptativas, como los automóviles autónomos. Es probable que las dos primeras olas desplacen de manera desproporcionada a más mujeres, pero en la tercera el impacto es mayor en los hombres. En esa tercera ola, el 34 % de los empleos dominados por hombres corre riesgo de automatización, frente al 26 % de los empleos dominados por mujeres.
Con programas de reciclaje profesional, la automatización podría ayudar a reducir la brecha salarial de género
En muchos casos, quienes pierdan su empleo se beneficiarán de programas de reciclaje profesional con visión de futuro. Aunque las mujeres corren mayor riesgo de desplazamiento, según el Foro Económico Mundial, con una formación adecuada, el 96 % de los trabajadores estadounidenses que corren un riesgo más inmediato podría encontrar empleos mejor remunerados. Si se producen estos cambios, el aumento salarial tendrá un efecto distinto según el género: podría beneficiar al 74 % de las mujeres desplazadas y solo al 53 % de los hombres desplazados.
Las aplicaciones de la economía de los trabajos esporádicos pueden atraer a más mujeres al mercado laboral, pero también perpetuar una brecha salarial
Ciertamente, no siempre se trata de competir contra las máquinas. La tecnología también ayudará a los trabajadores a competir por empleos. Desde TaskRabbit hasta Uber y Wag!, proliferan las aplicaciones que conectan a quienes tienen disponibilidad con encargos o trabajos de corta duración. La actividad basada en encargos ha aumentado drásticamente desde 2005, según los estudios realizados por Alan Krueger, de Princeton, y Lawrence Katz, de Harvard; las plataformas digitales no harán más que acelerar esa tendencia. De hecho, según el informe Freelancing in America: 2017, para 2027 la mayoría de los trabajadores de Estados Unidos trabajará por encargo. El hecho de que estos encargos permitan mayor control del tiempo y flexibilidad puede resultar especialmente atractivo para las mujeres, que a menudo deben compaginar múltiples exigencias sobre su tiempo. En principio, las aplicaciones de encargos reducen las barreras de entrada para las mujeres en sectores tradicionalmente dominados por los hombres, como el del taxi, entre otros. Sin embargo, una investigación reciente de Stanford, la Universidad de Chicago y Uber, basada en datos de un millón de conductores de servicios de transporte compartido de Uber, indica que los hombres ganan en promedio alrededor de un 7 % más por hora que las mujeres. Esto se debe a varios factores: los hombres conducen a mayor velocidad, acumulan más experiencia y, según el género, se eligen distintas zonas para conducir. Se espera que estos factores persistan, lo que sugiere que la brecha salarial también podría mantenerse.
El impacto neto del cambio tecnológico en los trabajadores en general y en los grupos de trabajadores según el género es complejo y matizado. Las políticas, la tecnología y los modelos de negocio deben tener presentes estas complejidades al sentar las bases para una mayor inclusión y reducir la incertidumbre en los próximos años.
El director ejecutivo de Google, Sundar Pichaiha señalado que la IA resultará «más trascendental que la electricidad o el fuego». Es fácil entusiasmarse con lo impactante de su predicción. Google, junto con sus pares del sector que están impulsando esta revolución, debe garantizar que la IA también sea un vehículo para una mayor inclusión; de hecho, la disrupción que genera es una oportunidad para revisar viejas premisas. De lo contrario, la IA no solo resultará más trascendental que el fuego: acabará jugando con fuego. Y podemos estar seguros de que no será el tipo de fuego que dé calor en el invierno del descontento, aún más frío, que nos espera en los próximos años.

