Una de las decisiones más importantes que tomé en mi carrera fue una que ni siquiera me di cuenta de que estaba tomando.
Cuando me gradué de la escuela de diseño, tenía bastante claro qué quería hacer con mi vida. Me fascinaba el diseño industrial y me imaginaba felizmente dedicando el resto de mi carrera a desarrollar habilidades y crear productos que tuvieran un impacto duradero. Esperaba emular a mis héroes, diseñadores icónicos como Dieter Rams, Ettore Sottsass y Philippe Starck, cuyas trayectorias de diseño abarcan desde muebles atemporales hasta espectaculares monumentos arquitectónicos.
Aunque sí seguí una carrera en el diseño, esta tomó un rumbo que nunca preví. En lugar de profundizar en la única disciplina del diseño industrial, descubrí por casualidad las satisfacciones de trabajar en distintas disciplinas. Gracias a mi mentor, cofundador de IDEO, Bill Moggridge, pronto sumé otros tipos de trabajo de diseño a mi arsenal: estrategia de diseño, investigación de usuarios, diseño de interacción, diseño de servicios y, finalmente, al asumir el cargo de CEO de IDEO, diseño de negocios.
Cuanta más confianza adquiría en mi capacidad para explorar nuevas disciplinas y cruzar fronteras, más me interesaban los problemas complejos, como el diseño de sistemas de salud o educación. De hecho, creo que estos son algunos de los desafíos creativos y empresariales más fascinantes de la actualidad, y estoy satisfecho con mi decisión de ampliar mi campo de acción.
Pero esto no pretende ser un argumento a favor de elegir la amplitud en lugar de la profundidad. Tengo muchos colegas que tomaron el camino alternativo y han logrado un impacto extraordinario en el mundo, como Jony Ive de Apple o el diseñador industrial japonés Naoto Fukasawa.
Esto es lo que quiero decir: aunque mi trayectoria profesional imprevista terminó saliendo bien, elegir ampliar el campo en vez de profundizar debería ser una decisión consciente, no accidental. Cada camino ofrece enormes recompensas si se recorre con pasión y compromiso, pero cada uno exige habilidades y enfoques distintos para tener éxito.
Profundizar exige una concentración extraordinaria, un compromiso de por vida con una sola causa, disposición a tener paciencia para alcanzar el éxito y confianza para seguir un camino que otros quizá no entiendan ni valoren. Ya sea como científico investigador, diseñador, chef o ingeniero de software, comprometerse con una sola disciplina y llevarla tan lejos como sea posible puede tener un impacto significativo en el planeta.
Ampliar el campo, por otro lado, consiste en establecer conexiones entre lo que ya sabes y aquello que te interesa descubrir. Requiere pensamiento sistémico para que el todo sea mayor que la suma de las partes. Significa desarrollar las habilidades necesarias para colaborar con el propósito de aprender. Se trata de ver las posibilidades creativas que surgen al derribar fronteras y describir de nuevas maneras el mundo, tu organización y el problema. Probablemente también signifique que te cueste explicarles a tus padres a qué te dedicas.
Sin embargo, si se toma en serio, el camino interdisciplinario abre toda una serie de desafíos con propósito que pueden abordarse desde la ciencia, las artes, el mundo empresarial o las organizaciones sin fines de lucro y, por supuesto, desde una combinación de todos ellos.
En tu carrera, ¿qué decisiones estás tomando entre profundizar o ampliar tu campo de acción?
Publicado en colaboración con LinkedIn.
Autor: Tim Brown es el CEO de IDEO y un Influencer de LinkedIn.
Imagen: Señales de tráfico en el desierto de Gobi meridional de Mongolia, a la espera de ser instaladas durante el desarrollo de la mina de cobre y oro Oyu Tolgoi, en Mongolia, el 10 de noviembre de 2007. REUTERS/Tom Miles.

