Este ha sido un debate muy interesante debate y quiero dar las gracias a Omar así como a los organizadores y colaboradores. En esta declaración final, quisiera destacar tanto los aspectos en los que estamos de acuerdo como aquellos en los que seguimos teniendo perspectivas diferentes.
Podemos estar de acuerdo en lo siguiente:
Todos necesitan habilidades y seguir perfeccionándolas. Esto es indiscutible. Todos valoramos la educación y quienes somos padres queremos asegurarnos de que nuestros hijos tengan la oportunidad de aprender y adquirir las habilidades necesarias para convertirse en adultos exitosos. En igualdad de condiciones, a los países con una fuerza laboral más cualificada les va mejor.
Se necesita apoyo para los trabajadores mayores con pocas cualificaciones. Johannes señala algo importante sobre la «generación mayor» vulnerable, es decir, las personas de 40 años o más. Muchos ya perdieron sus empleos (a menudo en empresas ineficientes de tipo socialista) y muchos más los perderán cuando se reestructuren, vendan o cierren las empresas estatales ineficientes. ¿Cómo se puede ayudar a esta generación en transición a adaptarse a los empleos del siglo XXI? Los Balcanes Occidentales no son los únicos que afrontan estos desafíos. Europa del Este, incluida Alemania Oriental, también tuvo que atravesar esta dolorosa transición. El punto de partida debería ser reducir las barreras financieras a la contratación de trabajadores con pocas cualificaciones: los impuestos y las cotizaciones a la seguridad social, por ejemplo, siguen siendo excesivamente altos en los Balcanes Occidentales.
Un entorno empresarial propicio y mejores habilidades se complementan; no son alternativas. Como señala Indira, no siempre existe una disyuntiva. Muchas reformas del entorno empresarial no afectan a los ingresos públicos (de hecho, incluso pueden ayudar al Estado a movilizar más recursos). Los gobiernos pueden mejorar el entorno empresarial y fortalecer las habilidades al mismo tiempo, y ambas iniciativas pueden reforzarse mutuamente, sobre todo si se combinan con reformas del mercado laboral. Pero la relación funciona en ambos sentidos: las habilidades necesitan empleos tanto como los empleos necesitan habilidades.
Sin embargo, hay que establecer prioridades. Algunos comentaristas consideraron que habíamos creado una distinción artificial entre empleos y habilidades, dos elementos clave para el desarrollo económico exitoso. Sin embargo, este debate trataba sobre las prioridades de las políticas. Imaginemos un día normal de un primer ministro de los Balcanes Occidentales en la actualidad. ¿Debería preocuparse sobre todo por crear empleos o por mejorar la calidad del sistema educativo, y cómo deberían secuenciarse mejor las iniciativas de política para maximizar su impacto?
Mi prioridad para los Balcanes Occidentales sería la creación de empleo. He aquí por qué:
El sistema educativo está funcionando mejor que la economía. La mayoría de los datos, incluidos los relativos a los costos laborales, y la experiencia de otros países sugieren que el sistema educativo de los Balcanes Occidentales es suficientemente bueno en relación con las oportunidades profesionales y las necesidades que genera la economía. Si no fuera así, no veríamos a tantas personas de la región buscar y encontrar buenos empleos en el extranjero. Queda mucho por hacer para mejorar el sistema educativo, como destaca Omar, pero lo mismo puede decirse de casi todos los demás aspectos de la economía. Aunque los datos de las encuestas no siempre son coherentes, como señalaron algunos comentaristas, y con unas pocas excepciones, las habilidades no aparecen entre los principales obstáculos según las evaluaciones de las empresas.
Las habilidades por sí solas no determinan las perspectivas a largo plazo de los países; lo hace el entorno económico. El entorno empresarial no es solo un desafío a corto plazo, sino también un factor crítico a largo plazo. La Unión Soviética y sus aliados tenían una fuerza laboral bien educada, pero sus economías colapsaron de todos modos. Además, aunque desarrollar habilidades es importante, también lo es aprovecharlas eficazmente. En los Balcanes Occidentales, demasiados directivos y empleadores dedican su tiempo a lidiar con la burocracia gubernamental en vez de atender a sus clientes.
Necesitamos un concepto dinámico de las habilidades y del entorno empresarial. Hoy, todos formamos parte de un mercado laboral global. La mitad de la población mundial tiene menos de 29 años y la nueva generación tiene mucha más educación que las anteriores. Hasta cierto punto, las brechas de habilidades son inevitables, dada la velocidad a la que cambia la economía global y el ritmo exponencial al que crece el conocimiento global, que se duplica cada 13 meses (según IBM). Las estrategias para cerrar brechas no solo probablemente serán ineficaces, sino que, en última instancia, también fracasarán o resultarán contraproducentes (si quienes tienen mejores habilidades emigran al extranjero). Aunque la industria automotriz de Eslovaquia, Serbia o Macedonia sí necesita trabajadores cualificados, la mejor estrategia probablemente sea abrir los mercados (laborales) para que las empresas encuentren el talento que necesitan allí donde esté. Algunos empleos podrían ir a trabajadores extranjeros, pero la riqueza que crean estas empresas y las oportunidades que surgen cuando la economía crece más rápido benefician a todos.
Ante todo, los Balcanes Occidentales necesitan más empleos, que solo pueden provenir del sector privado porque el sector público ya es demasiado grande. En un entorno dinámico y abierto en el que puedan operar las empresas, los trabajadores adquirirán las habilidades que necesitan, porque gran parte del aprendizaje actual es informal y se produce en el trabajo. No se aprende emprendimiento en cursos académicos. Hay que practicarlo para aprenderlo.
Esta publicación apareció primero en el blog Future Development del Banco Mundial
Autor: Wolfgang Fengler es el economista principal del Banco Mundial para Comercio y Competitividad en los Balcanes Occidentales.
Imagen: Estudiantes hacen un examen en el liceo francés Louis Pasteur de Estrasburgo, el 18 de junio de 2012. REUTERS/Vincent Kessle

