¿De verdad cree que escuchar a un docente leer cientos de diapositivas de PowerPoint le hace más inteligente?
Pregunté esto a una clase de 105 estudiantes de informática e ingeniería de software el semestre pasado.
Un artículo de The Conversation sostuvo recientemente que las universidades deberían prohibir PowerPoint porque vuelve estúpidos a los estudiantes y aburridos a los profesores. Estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, la mayoría de las universidades ignorarán este buen consejo porque, en lugar de medir el éxito por cuánto aprenden sus estudiantes, lo miden mediante encuestas de satisfacción estudiantil, entre otras cosas.
¿Qué tiene de malo PowerPoint?
La dependencia excesiva de las diapositivas ha contribuido a la absurda creencia de que esperar y exigir que los estudiantes lean libros, asistan a clases, tomen apuntes y hagan tareas es poco razonable.
Por tanto, los cursos diseñados en torno a diapositivas propagan el mito de que los estudiantes pueden adquirir habilidades y conocimientos sin trabajar con decenas de libros, cientos de artículos y miles de problemas.
Una revisión de la investigación sobre PowerPoint concluyó que, aunque a los estudiantes les gustaba más PowerPoint que las transparencias, PowerPoint no aumentaba el aprendizaje ni las calificaciones. Que algo guste no lo hace eficaz, y nada indica que las transparencias sean herramientas de aprendizaje especialmente eficaces tampoco.
La investigación que compara la enseñanza basada en diapositivas con otros métodos, como el aprendizaje basado en problemas —en el que los estudiantes desarrollan conocimientos y habilidades al enfrentarse a problemas realistas y exigentes—, respalda mayoritariamente los métodos alternativos.
Las diapositivas de PowerPoint son tóxicas para la educación por tres razones principales:
Las diapositivas desalientan el pensamiento complejo. Alientan a los docentes a presentar temas complejos mediante viñetas, eslóganes, figuras abstractas y tablas demasiado simplificadas, con pruebas mínimas. Desalientan el análisis profundo de situaciones complejas y ambiguas, porque es casi imposible presentar una situación compleja y ambigua en una diapositiva. Esto crea en los estudiantes una ilusión de claridad y comprensión.
Leer las evaluaciones de los estudiantes me ha convencido de que, cuando la mayoría de los cursos se basan en diapositivas, los estudiantes empiezan a concebir un curso como un conjunto de diapositivas. Se critica a los buenos docentes que presentan una complejidad y ambigüedad realistas por no ser claros. Se critica a los docentes que prescinden de las viñetas y usan diapositivas gráficas por no proporcionar apuntes adecuados.
Las diapositivas desalientan las expectativas razonables. Cuando usaba PowerPoint, los estudiantes esperaban que las diapositivas contuvieran todos los detalles necesarios para los proyectos, exámenes y tareas. ¿Por qué perder el tiempo leyendo un libro o asistiendo a clase si pueden sacar un sobresaliente consultando una presentación en casa, en pijama?
Medir lo que no corresponde
Si las presentaciones de diapositivas son tan malas, ¿por qué son tan populares?
Las universidades miden la satisfacción estudiantil, pero no el aprendizaje. Como las organizaciones se centran en lo que miden y a los estudiantes les gusta PowerPoint, este se mantiene, independientemente de su eficacia educativa.
Los hospitales miden la morbilidad y la mortalidad. Las empresas miden los ingresos y los beneficios. Los gobiernos miden el desempleo y el producto interno bruto. Incluso este sitio web mide su audiencia, desglosada por artículo y autor. Pero las universidades no miden el aprendizaje.
En teoría, los exámenes, los trabajos trimestrales y los proyectos en grupo miden conocimientos o capacidades. El aprendizaje es el cambio en los conocimientos y las habilidades y, por tanto, debe medirse a lo largo del tiempo.
Cuando intentamos medir el aprendizaje, los resultados no son alentadores. Investigadores de EE. UU. descubrieron que un tercio de los estudiantes universitarios estadounidenses no mostró una mejora significativa en el aprendizaje durante sus programas de grado de cuatro años. Evaluaron a los estudiantes al principio, a mitad y al final de sus carreras mediante la Collegiate Learning Assessment, un instrumento que evalúa habilidades que cualquier titulación debería mejorar: razonamiento analítico, pensamiento crítico, resolución de problemas y redacción.
Cualquier universidad puede implementar pruebas similares para medir el aprendizaje de los estudiantes. Hacerlo facilitaría evaluaciones rigurosas de distintos métodos de enseñanza. Podríamos cuantificar la relación entre el uso de PowerPoint y el aprendizaje. Podríamos investigar decenas de correlatos del aprendizaje y, con el tiempo, establecer qué funciona y qué no.
Por desgracia, muchos factores clave del aprendizaje parecen reducir la satisfacción estudiantil, y viceversa. Mientras las universidades sigan midiendo la satisfacción, pero no el aprendizaje, continuará la espiral descendente de expectativas más bajas, menos esfuerzo y menos aprendizaje.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Paul Ralph es profesor titular de Informática en la University of Auckland.
Imagen: Estudiantes realizan un examen de acceso a la universidad en un aula magna de la capital andaluza, Sevilla, en el sur de España, el 16 de junio de 2015. REUTERS/Marcelo del Pozo.

