A medida que aumenta la deuda estudiantil en Estados Unidos y se multiplican las preocupaciones por los impagos de los estudiantes, los responsables políticos están considerando numerosas opciones para reducir la deuda de quienes necesitan ayuda urgentemente. Una de esas ideas es el «reparto del riesgo». Según esta política propuesta, si un estudiante incumple el pago de su préstamo, la universidad en la que se graduó sería responsable de pagar una parte.
¿Cómo responderían los centros universitarios a una política como esta? Un nuevo estudio del economista de la Universidad de Temple Douglas A. Webber intenta responder a esa pregunta, al menos en parte. Una posible consecuencia del reparto del riesgo sería el aumento de los costos para los centros. Si tuvieran que asumir parte de los préstamos, el costo marginal de admitir a un estudiante aumentaría.
Webber utiliza datos del Sistema Integrado de Datos de Educación Postsecundaria (IPEDS, por sus siglas en inglés) del Departamento de Educación de Estados Unidos. Los datos abarcan desde el año académico 1987-1988 hasta el 2010-2011, aunque no incluyen todos los años para cada centro. Luego utiliza los datos para crear un modelo que calcula los efectos del reparto del riesgo.
El aumento de las matrículas varía bastante según el tipo de institución de educación superior. Los centros universitarios con mayores tasas de impago y estudiantes con más préstamos y de mayor cuantía experimentarían los mayores aumentos de matrícula. Y como ese tipo de instituciones se concentra en el sector con fines de lucro, las matrículas de estos centros subirían más que las demás.
El modelo de Webber predice que las matrículas de los centros con fines de lucro aumentarían entre un 1 y un 2 por ciento con la modalidad menos estricta de reparto del riesgo, o entre un 3 y un 4 por ciento con el acuerdo más estricto. Los aumentos para otros tipos de centros serían mucho menores. La deuda estudiantil del sector con fines de lucro disminuiría en 13 millones de dólares por institución al año con el acuerdo menos estricto y en 80 millones con la modalidad más estricta.
Pero estos cálculos suponen que las instituciones no harían nada para reducir la tasa de impago de sus estudiantes. Como señala Webber, cabe esperar que esta sea una suposición poco razonable sobre el comportamiento de los centros. La historia demuestra que es poco realista: al parecer, universidades y centros universitarios redujeron las tasas de impago en respuesta a un cambio legislativo de 1991 que sancionaba a las instituciones con tasas elevadas.
¿Qué ocurre con los cálculos de Webber si suponemos que los centros intentarán reducir las tasas de impago? Si estas bajaran un 10 por ciento, los aumentos de matrícula serían menores en todos los tipos de centros universitarios. Y la reducción de la deuda estudiantil sería considerablemente mayor: de unos 42 millones a 130 millones de dólares, según el nivel de reparto del riesgo.
El plan tiene algunos inconvenientes. En particular, Webber concluye que el reparto del riesgo provocaría una disminución del número de estudiantes que asisten a instituciones de educación superior y se gradúan en ellas. Señala que una reducción del número de graduados universitarios quizá no sea preocupante, porque los precios más altos indicarán a algunos estudiantes potenciales que la universidad quizá no sea una inversión económicamente sensata para ellos.
Pero esto supone que los estudiantes que se quedarían fuera debido a los precios más altos necesariamente no serían adecuados para la universidad. Sabemos que eso no es cierto. Otra posibilidad sería destinar los ahorros derivados de la reducción de los impagos y los préstamos a los presupuestos públicos para bajar las matrículas. Por desgracia, esto solo funcionaría en universidades públicas o centros universitarios públicos.
Así que, aunque el reparto del riesgo parece una idea política con cierto mérito, debemos ser conscientes de cómo podría interactuar con otros posibles problemas del sistema de educación superior. Las consecuencias imprevistas siempre están en los detalles.
Este artículo se publica en colaboración con Washington Center for Equitable Growth. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Nick Bunker es analista de políticas del Washington Center for Equitable Growth.
Imagen: Estudiantes ocupan sus asientos para la ceremonia de entrega de diplomas en la Universidad de Harvard, en Cambridge. REUTERS/Brian Snyder

