El libro seminal Primavera silenciosa de Rachel Carson, publicado en 1962, desencadenó el movimiento ecologista, pero en los últimos años la sostenibilidad y el desarrollo sostenible se han convertido en expresiones comodín.
Hemos sido testigos de un creciente interés por la sostenibilidad que ha ido abarcando gradualmente el desarrollo económico, los límites ambientales y los indicadores de desarrollo social, incluido el acceso a la educación.
De los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por la ONU, el cuarto, centrado en la educación, puede considerarse un multiplicador de fuerzas. Actúa como motor y catalizador de todos los parámetros clave del desarrollo: la salud y el bienestar, los medios de vida dignos, la seguridad económica y el pleno desarrollo del potencial humano.
Nuestra visión de la educación
La educación escolar debe responder continuamente a las necesidades cambiantes de la sociedad. Las escuelas deben convertirse en espacios que desarrollen las capacidades individuales y promuevan la democracia y la sensibilidad ante las responsabilidades sociales y ecológicas.
Idealmente, el aprendizaje debería abarcar lo siguiente:
Disciplinas interrelacionadas: La naturaleza es intrínsecamente un todo y no puede descomponerse en elementos básicos. Puesto que el conocimiento es la representación mental de la naturaleza, no puede encasillarse en asignaturas o capítulos. Es necesario articular un marco de disciplinas amplias e interrelacionadas, que incluya las ciencias, las ciencias sociales y las matemáticas.
Habilidades físicas y profesionales: Esto abarca el desarrollo físico y las habilidades relacionadas con el trabajo manual.
Habilidades intelectuales: Deben incluirse el pensamiento creativo, el pensamiento crítico y capacidades como la innovación y la disposición a asumir riesgos.
Filosofía: El aprendizaje debe incluir el estudio de distintos sistemas de valores, creencias y actitudes.
Un marco así ofrece principios rectores sin ser prescriptivo, de modo que el estudiante, la familia, el docente, la escuela y la comunidad puedan adaptarlo a las inclinaciones y capacidades de quien aprende. Dentro de esta estructura orientadora, el estudiante marca su propio ritmo de aprendizaje.
Proporcionar un entorno de aprendizaje
Para crear las experiencias de aprendizaje adecuadas, una escuela necesita:
Un entorno físico: el aula, los patios de recreo, la biblioteca, el laboratorio, las herramientas de aprendizaje, los baños, la cafetería y otras infraestructuras físicas.
Un entorno intangible: el sistema de valores de la escuela, que incluye cuidar a los niños y sentirse responsable del desarrollo integral de cada uno.
En conjunto, los entornos físico e intangible ofrecen al niño un espacio en el que puede aprender sin sentirse intimidado. Las escuelas deben identificar y erradicar toda amenaza física, mental y emocional que pueda obstaculizar el aprendizaje.
El entorno de aprendizaje adecuado depende del contexto de quien aprende y de su comunidad. Por ejemplo, un niño ciego necesita herramientas de aprendizaje no visuales, mientras que el hambre constituye una amenaza física perjudicial para el aprendizaje en las comunidades pobres. La comunidad local tiene la responsabilidad de crear un entorno de apoyo, mientras las escuelas invierten en la enseñanza, las infraestructuras, los sistemas de evaluación y una cultura centrada en las necesidades de quien aprende.
Crear las experiencias adecuadas
Los niños aprenden en todo momento y en todas partes. El estado mental de quien aprende determina para qué está preparado; sus antecedentes determinan cuál podría ser su estilo de aprendizaje preferido. Para alcanzar el nivel de aprendizaje deseado, el docente debe seguir un proceso que permita crear la experiencia adecuada:
Comprender el estado mental de quien aprende: Los conocimientos nuevos se construyen sobre los anteriores. Por ejemplo, un docente no puede enseñar los números enteros si quien aprende no tiene una noción de cantidad. Es importante comprender la base de conocimientos de quien aprende. Las herramientas de evaluación deben medir si ha integrado los conocimientos nuevos con los conceptos que ya tenía y si puede seguir aplicándolos.
Comprender el contexto de quien aprende: Esto se refiere a los procesos mentales que determinan cómo quien aprende interpreta los datos y construye conocimientos, pues estos definen cómo responderá a distintos estilos de aprendizaje. Por ejemplo, algunos niños aprenden mejor haciendo cosas con el propio cuerpo, mientras que otros aprenden mejor en grupos de compañeros. Comprender los antecedentes de quien aprende —su historia y situación familiar— ayudará al docente a definir el resultado de aprendizaje deseado.
Crear la experiencia adecuada: La experiencia adecuada acerca a quien aprende a la educación que se busca mediante un proceso de indagación y descubrimiento. El docente y el estudiante son socios en igualdad de condiciones al crear esta experiencia. Además, el docente actúa como guía para orientar a quien aprende en la dirección deseada.
La sostenibilidad en la educación
La cláusula 4.7 del ODS se refiere a impartir una educación que garantice una comprensión sólida del desarrollo sostenible y de los conceptos relacionados. Dado que la sostenibilidad será uno de los desafíos definitorios del siglo XXI, su importancia debe ser tan axiomática en la educación como lo fue el «aprendizaje tecnológico» en el siglo XX.
Nuestra amplia experiencia en el trabajo sobre cuestiones educativas y nuestra participación más reciente en la ecología nos han llevado a comprender que el problema del desarrollo sostenible es tanto epistemológico y cognitivo como moral.
La sostenibilidad es un problema epistemológico porque lo que sabemos sobre ella no solo es sumamente insuficiente, sino que a menudo también es erróneo, incluso en su orientación.
La sostenibilidad es intrínsecamente transdisciplinaria allí donde las disciplinas de la ecología, la biología, la economía, la ciencia de la complejidad, la teoría de sistemas, las ciencias del comportamiento y la ingeniería aplicada interactúan en configuraciones que cambian constantemente. Nuestra formación educativa no nos prepara para comprenderla lo suficientemente bien.
El paradigma educativo actual, basado en el pensamiento lineal y cartesiano, no puede ayudarnos a comprender la naturaleza no lineal de los bucles de retroalimentación y las cadenas de causa y efecto en los ecosistemas naturales, que suelen desplegarse a través del tiempo y el espacio. La ciencia del clima es un buen ejemplo de este fenómeno.
Otro ejemplo son nuestros sistemas financieros, que no reconocen el valor de los servicios que prestan los ecosistemas naturales. Incluso cuando intentan hacerlo, adoptan un enfoque instrumental y utilizan herramientas mecanicistas de valoración, como el análisis de costo-beneficio y el valor de la utilidad marginal. Un conocido artículo publicado en Nature en 1997 estimó el valor de los servicios ecosistémicos en 33 billones de dólares, el doble del PIB mundial de ese año. Aunque esto parece pragmático y razonable, un enfoque normativo se resistiría a asignar un valor a un servicio ecosistémico como la polinización, porque no se conocen métodos alternativos para lograr que las plantas se reproduzcan.
Por tanto, la alfabetización en sostenibilidad reúne muchos elementos distintos. Entre los enfoques y herramientas cognitivas para comprender cuestiones complejas se encuentran:
La capacidad de comprender los principios organizativos de los «ecosistemas vivos» y aplicarlos a las comunidades humanas (por ejemplo, la interdependencia, la flexibilidad, la resiliencia y los patrones cíclicos).
Los conceptos de existencias, flujos, bucles de retroalimentación, amortiguadores y demoras, aplicados a los espacios ecológicos y sociales en los que vivimos.
Las disyuntivas entre eficiencia, productividad, resiliencia y estabilidad.
Hemos hablado del déficit intelectual y cognitivo de nuestra escasa educación sobre sostenibilidad, pero ¿qué hay de las dimensiones moral y psicológica? A nuestro juicio, no cabe duda de que lo ético y lo cognitivo deben unirse si queremos avanzar.
La dimensión ética se basa en un enfoque holístico e integrado de todo lo que nos rodea; una valiosa muestra de ello es la «perspectiva de las siete generaciones» que comparten muchas culturas indígenas. El espíritu de este enfoque puede resumirse en dos frases: «Camina con cuidado sobre la Tierra para que las generaciones futuras puedan vivir. Actúa solo si tienes la certeza de que tus acciones no afectarán al menos a las siete generaciones siguientes».
Fritjof Capra, ferviente defensor del pensamiento integrador, caracteriza este último contrastándolo con nuestro modo actual de pensamiento autoafirmativo.

David W. Orr, pionero de la educación para la sostenibilidad, señaló en su célebre discurso, «¿Para qué sirve la educación?» que toda educación es educación ambiental. Al decirlo, daba a entender que la verdadera educación consiste en ser capaz de ver el todo.
El siguiente fragmento de su discurso expone aquello de lo que la educación nos ha privado y que, por tanto, debemos esforzarnos por recuperar: «Un mito de la educación superior es que podemos restaurar adecuadamente aquello que hemos desmantelado. En el currículo moderno, hemos fragmentado el mundo en pedazos y partes llamados disciplinas y subdisciplinas. Como resultado, después de 12, 16 o 20 años de educación, la mayoría de los estudiantes se gradúa sin tener una visión amplia e integrada de la unidad de las cosas.
«Las consecuencias para su condición humana y para el planeta son enormes. Por ejemplo, producimos habitualmente economistas que carecen de los conocimientos más elementales de ecología (…) Sumamos al PIB el precio de venta de un bushel de trigo y olvidamos restar los tres bushels de tierra superficial que se pierden al producirlo. Como resultado de una educación incompleta, nos hemos engañado pensando que somos mucho más ricos de lo que somos».
Una buena educación no se limita a las infraestructuras escolares ni a los espacios preparatorios para aprobar exámenes competitivos. En su sentido más auténtico, una buena educación integra lo cognitivo, lo emocional y lo ético para el desarrollo individual. Influye durante décadas en la trayectoria de las acciones de cada persona y, en el plano colectivo, determina el rumbo de la propia sociedad humana. En otras palabras, el avance del resto de los ODS depende fundamentalmente de impulsar el ODS 4.

