El Día Internacional de la Niña, celebrado a principios de este mes, fue una oportunidad para recordar que las niñas se encuentran entre las principales víctimas de la violencia y que en muchos países siguen teniendo oportunidades limitadas de educación y empleo.
Se han logrado avances sustanciales hacia la equidad de género en la educación básica, pero persisten grandes brechas en el nivel secundario. En la figura siguiente, tomada del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GMR) recién publicado, los países están ordenados en el eje horizontal según el PIB per cápita. Las brechas por género en la finalización de la educación secundaria se muestran en el eje vertical. El tamaño de los puntos representa el tamaño de la población de cada país. Se presentan datos de países del África subsahariana en naranja y de países del sur de Asia en azul. En promedio, en los países de la muestra, la probabilidad de que un niño complete la educación secundaria sigue siendo 1,55 veces mayor que la de una niña. Las brechas son mayores en los países más pobres. Pero también hay mucha variación en torno a la línea de regresión, lo que sugiere que es factible reducir las brechas de género en el logro educativo incluso en países de bajos ingresos.
Relación entre las tasas de finalización de la educación secundaria por género

Fuente: Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo del Banco Mundial.
Varias razones pueden explicar por qué los niños y las niñas abandonan los estudios antes de completar la educación secundaria. Por ejemplo, en una encuesta realizada en Uganda en 2012/13, los padres señalaron el costo de la educación como la principal razón del abandono escolar tanto de los niños como de las niñas. La falta de voluntad del niño o la niña para continuar sus estudios fue la siguiente razón mencionada, pero en el caso de las niñas una razón aún más importante para abandonar los estudios era el embarazo, a menudo vinculado al matrimonio precoz. También se mencionaron como motivos de abandono una enfermedad o una desgracia en la familia, así como el hecho de que algunos niños no progresaban lo suficiente en la escuela. Cuando se plantearon preguntas similares a los directores de escuela, las diferencias entre niños y niñas se hicieron aún más evidentes. En el caso de los niños, la falta de interés y el empleo eran motivos clave para abandonar los estudios. En el caso de las niñas, destacaban el embarazo y el matrimonio infantil, que a su vez probablemente estuvieran relacionados con la pobreza, las escasas perspectivas de empleo y factores culturales.
Dado que varias razones pueden contribuir a las brechas de género en el logro educativo, también son múltiples los tipos de intervenciones que podrían aplicarse para reducirlas. ¿Debería reducirse la distancia a las escuelas, ya sea construyendo nuevas escuelas en zonas remotas o reduciendo el tiempo de viaje mediante el transporte público? ¿Deberían ofrecerse becas a las niñas, como se hizo con éxito en Bangladesh hace varias décadas? ¿Deberían contratarse más maestras? ¿Debería darse prioridad a disponer de bloques de baños separados para niños y niñas? ¿Debería prestarse más atención a comprender y cambiar las prácticas culturales? Elegir entre estas y muchas otras posibles intervenciones suele ser difícil, y está claro que las respuestas dependen del contexto de cada país. Sin embargo, las revisiones de la evidencia pueden ayudar, y hoy son cada vez más accesibles gracias al considerable aumento de evaluaciones rigurosas de impacto en los últimos años.
Una revisión de este tipo fue publicada en junio de 2014 por un equipo de académicos encabezado por la UNESCO y financiado por el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido. La revisión evaluó la evidencia sobre el impacto de las intervenciones en la educación de las niñas, centrándose en (i) proporcionar recursos (incluidas transferencias) e infraestructura, (ii) cambiar las instituciones y (iii) cambiar las normas e incluir a los grupos más marginados en la toma de decisiones sobre educación. La revisión resumió el impacto de distintos tipos de intervenciones en tres resultados: participación, aprendizaje y empoderamiento. Para cada tipo de intervención y categoría de resultado, la evidencia sobre la probabilidad de impacto se clasificó como sólida, prometedora, limitada o necesaria (es decir, débil).
En cuanto a la participación, se consideró sólida la evidencia sobre el impacto de las transferencias monetarias condicionadas, la información sobre los posibles rendimientos laborales de la educación y la construcción de escuelas adicionales en zonas desatendidas e inseguras. También se consideró sólida la evidencia sobre algunas intervenciones relacionadas con la formación docente, el aprendizaje en grupo y las medidas para promover escuelas adaptadas a las niñas, así como el aprendizaje fuera del aula, por ejemplo, mediante tutorías. También se constató que varias de estas intervenciones (el aprendizaje en grupo, los programas de aprendizaje fuera del aula y las becas vinculadas al rendimiento estudiantil) tenían efectos claros en el aprendizaje. En general, se consideró más débil la evidencia sobre el impacto de las intervenciones en el empoderamiento.
Este tipo de revisión y los estudios en los que se basan estas revisiones son de gran valor para quienes formulan políticas. En el Banco Mundial, también hemos empezado a elaborar una base de datos sistemática de evaluaciones de impacto, y nuestro Fondo Estratégico de Evaluación de Impacto está financiando evaluaciones rigurosas. ¿Qué más hace falta? Necesitamos más experimentos y evaluaciones. Pero también necesitamos evaluaciones de la costo-efectividad de distintos tipos de intervenciones, para que los ministerios de Educación puedan tomar la decisión adecuada dentro de sus restricciones presupuestarias. Y necesitamos más investigación sobre la economía política de la ampliación de programas para entender cómo pueden ampliarse y sostenerse las grandes innovaciones.
Esta publicación apareció primero en el blog del Banco Mundial
Autor: Quentin Wodon es asesor del Departamento de Educación del Banco Mundial, donde dirige el grupo de trabajo sobre equidad, resiliencia y desarrollo de la primera infancia.
Imagen: Estudiantes toman apuntes en sus iPads en la escuela Steve Jobs, en Sneek, el 21 de agosto de 2013. REUTERS/Michael Kooren

