Por qué los estadounidenses blancos con menor nivel educativo nacidos en la década de 1960 están peor que la generación anterior

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Aunque la economía de Estados Unidos ha crecido considerablemente durante el último medio siglo, no cabe duda de que los beneficios de ese crecimiento se han distribuido de manera desigual. También hay pruebas sólidas de que algunos segmentos de la población están realmente peor que sus homólogos de generaciones anteriores. Un estudio reciente (Guvenen et al. 2017) concluye que los ingresos medianos a lo largo de la vida de los hombres nacidos en la década de 1960 son un 12–19% inferiores a los de los hombres nacidos en la década de 1940. Otro estudio destaca que la proporción de los gastos médicos respecto del consumo se ha duplicado aproximadamente cada 25 años desde la década de 1950 (Hall y Jones 2007). Y Case y Deaton (2015, 2017) han iniciado un importante debate al mostrar que la tasa de mortalidad de los hombres blancos de mediana edad y con menor nivel educativo ha aumentado desde 1999.

Aunque resultan muy sugerentes, los cambios en los ingresos a lo largo de la vida nos dicen poco sobre lo que ha ocurrido con los salarios. Además, las diferencias en la evolución de los gastos médicos y la mortalidad entre hombres y mujeres casados y solteros pueden influir en la magnitud de su impacto final en las parejas y en las personas solteras de ambos sexos.

En una investigación reciente (Borella et al. 2019), comparamos los resultados vitales de dos cohortes nacidas con 20 años de diferencia para explorar estas cuestiones y constatamos que, efectivamente, el sueño americano —la idea de que cualquier niño puede prosperar al llegar a la edad adulta, independientemente de su origen— ha desaparecido sin duda para la generación más reciente de estadounidenses blancos con menor nivel educativo.

Deterioro de las oportunidades a lo largo de la vida

Comparamos los salarios, los gastos médicos y la esperanza de vida de hombres y mujeres blancos, solteros y casados, sin estudios universitarios, nacidos en la década en torno a 1940, con los de sus homólogos nacidos 20 años después, una cohorte que en 2014 tenía entre 49 y 58 años. Luego analizamos cómo esas diferencias han afectado los resultados laborales de ambas cohortes y cómo influirán en sus vidas durante la jubilación. Nuestro objetivo es medir mejor estos importantes cambios en las oportunidades a lo largo de la vida y descubrir sus efectos en la oferta de trabajo, el ahorro y el bienestar de una cohorte de nacimiento relativamente reciente mediante un modelo estructural.

En resumen, constatamos un profundo deterioro de las oportunidades a lo largo de la vida. Los salarios ajustados por inflación disminuyeron para los hombres blancos sin estudios universitarios. Y aunque los salarios de las mujeres aumentaron, fue únicamente porque su capital humano (educación y experiencia en el mercado laboral) creció drásticamente durante este período. También se prevé que estos hombres y mujeres —que representan el 60% de su grupo de edad— afronten gastos médicos de su propio bolsillo mucho más elevados durante la jubilación y una considerable disminución de la esperanza de vida en comparación con sus homólogos de generaciones anteriores. Su situación habría sido mucho mejor si hubieran tenido las oportunidades a lo largo de la vida correspondientes a la cohorte nacida en la década de 1940.

Nos centramos en la población blanca por razones metodológicas —la necesidad de contar con un conjunto de datos suficientemente amplio y homogéneo—, no porque creamos que solo ella atraviesa tiempos difíciles. Los estadounidenses blancos sin estudios universitarios distan mucho de ser la única población desfavorecida que está perdiendo terreno. Un amplio conjunto de investigaciones (Neal 2011, Neal y Rick 2016, Bayer y Charles 2018) ha confirmado el estancamiento de los salarios y la drástica caída de las tasas de empleo entre los hombres negros con menos cualificaciones, así como el aumento de las tasas de encarcelamiento y las persistentes brechas de cualificación entre la población negra y la blanca.

El cambio generacional, para peor

Para llegar a estas conclusiones, construimos una muestra de estadounidenses blancos sin estudios universitarios a partir del Panel Study of Income Dynamics (PSID) y el Health and Retirement Study (HRS), y elegimos una cohorte nacida en la década de 1940 porque es la más antigua con datos sólidos que abarcan todo un ciclo de vida. Los datos incluyen a personas blancas con menos de 16 años de estudios, nacidas entre 1936 y 1945. La comparamos con una cohorte de personas blancas con el mismo nivel educativo, pero nacidas 20 años después, entre 1956 y 1965.

Constatamos que los salarios medios de los hombres cayeron un 9% (ajustados por inflación). Los salarios de las mujeres fueron un 7% más altos, pero, una vez más, únicamente debido a un mayor capital humano (figura 1). Los gastos médicos de su propio bolsillo después de los 66 años aumentaron un 82% (figura 2). La esperanza de vida en la mediana edad disminuyó 1,7 años para los hombres y 1,1 años para las mujeres (tabla 1). Todos estos cambios son considerables y podrían afectar sustancialmente el comportamiento y el bienestar.

Figura 1 Perfiles salariales potenciales: comparación entre las décadas de 1960 y 1940 para personas casadas (panel superior) y solteras (panel inferior)

Image: Vox
Image: Vox

Figura 2 Gastos médicos medios de su propio bolsillo para las cohortes nacidas en las décadas de 1940 y 1960

Image: Vox

Tabla 1 Esperanza de vida de hombres y mujeres blancos sin estudios universitarios de las cohortes nacidas en las décadas de 1940 y 1960

Image: Datos del HRS

Impacto del cambio en el comportamiento

Para comprender el impacto de estos cambios en los resultados a lo largo de la vida, usamos un modelo de ciclo vital de oferta de trabajo y ahorro para personas solteras y casadas que pueden experimentar cambios en su estado civil. El modelo incorpora la adquisición de competencias en el trabajo e incluye los gastos médicos y el riesgo de longevidad. Evaluamos el impacto que los peores perfiles salariales, los gastos médicos y la esperanza de vida de la generación más reciente han tenido en su oferta de trabajo, su ahorro y su bienestar, sustituyendo los valores de cada uno de estos factores por los de la generación anterior. Primero analizamos cada variable por separado —salarios, costes sanitarios y duración de la vida— y luego las tres en conjunto.

Los efectos de estos cambios en la oferta de trabajo y el ahorro varían según el grupo demográfico (hombres, mujeres, personas solteras y personas casadas), pero en la mayoría de los casos son considerables. Por ejemplo, si los salarios se hubieran mantenido en los niveles de la década de 1940, mientras que los gastos sanitarios y la esperanza de vida hubieran cambiado hasta alcanzar los niveles de la década de 1960, los resultados laborales de las parejas casadas nacidas en la década de 1960 habrían sido los más distintos: los maridos habrían permanecido mucho más tiempo en la población activa, y las esposas habrían tenido tasas de participación más bajas y trabajado menos horas, debido a los salarios mucho más altos de los hombres en la década de 1940.

Los cambios aislados en los gastos sanitarios o la esperanza de vida habrían alterado los resultados laborales en menor medida. La disminución de la esperanza de vida redujo principalmente el ahorro para la jubilación, pero el aumento previsto de los gastos médicos de su propio bolsillo lo incrementó aún más.

Pérdidas sustanciales de bienestar

La última cuestión es el impacto en el bienestar general. Calculamos la compensación de suma global que necesitaría una persona de 25 años nacida en la década de 1960 para ser indiferente entre los salarios, los gastos médicos y la evolución de la salud y la supervivencia correspondientes a las décadas de 1940 y 1960. Las cantidades son elevadas: 126.000 dólares para los hombres solteros y 44.000 dólares para las mujeres solteras y las parejas. Los salarios más bajos explican la mayor parte de la pérdida de bienestar: entre el 47% y el 58%, según el grupo demográfico. La menor esperanza de vida explica entre el 26% y el 34% de la disminución del bienestar, y los mayores gastos médicos representan el resto.

Estas profundas pérdidas de bienestar, junto con sus efectos asociados en la oferta de trabajo, el gasto sanitario y la acumulación de activos, contrastan marcadamente con el sólido crecimiento agregado de la economía estadounidense e indican que este amplio segmento de la población no ha disfrutado de los frutos de esa prosperidad económica general. Al poner de relieve esta diferencia, la investigación puede ser muy útil para evaluar hasta qué punto las políticas gubernamentales actuales amortiguan este tipo de perturbaciones y si deberían rediseñarse para reducir su impacto.

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