Por qué 2018 debe ser el año en que las mujeres prosperen

Demonstrators gesture as they take part in a march on International Women's Day in Buenos Aires, Argentina, March 8, 2017. REUTERS/Marcos Brindicci - RC1A62B18070
What opportunities will 2018 bring for women?Image: REUTERS/Marcos Brindicci
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La necesidad de un mayor respeto y de más oportunidades para las mujeres ocupa un lugar cada vez más destacado en el debate público. Quienes llevan mucho tiempo defendiendo el empoderamiento de las mujeres sienten renovada energía, mientras que muchas otras personas —mujeres y hombres por igual— se convencen de la urgencia de esta tarea. Este año, el desafío del empoderamiento de las mujeres también ocupa un lugar central en la agenda del Foro Económico Mundial, porque dar a las mujeres y las niñas la oportunidad de triunfar no solo es lo correcto, sino que también puede transformar las sociedades y las economías.

Los datos económicos hablan por sí solos: aumentar la participación de las mujeres en la fuerza laboral hasta igualarla a la de los hombres puede impulsar el PIB, por ejemplo, hasta un 9 % en Japón y un 27 % en India. La investigación del FMI ha revelado muchos otros beneficios macroeconómicos: reducir las brechas de género en el empleo y la educación puede ayudar a las economías a diversificar sus exportaciones; nombrar a más mujeres en los consejos de supervisión bancaria puede cuestionar el pensamiento grupal complaciente, lo que contribuye a una mayor estabilidad bancaria y resiliencia del sector financiero; y abordar la desigualdad de género puede reducir la desigualdad de ingresos, lo que, a su vez, puede impulsar un crecimiento más sostenible.

En otras palabras, en varias dimensiones debemos reconocer que el potencial de las mujeres es «crítico para la macroeconomía». Cumplir este objetivo puede parecer una tarea ingente, pero simplemente significa aprovechar al máximo el talento de todas las personas. Es un desafío para cualquier país, una tarea de la que todos saldrían beneficiados. Es una misión universal.

Algunas de las barreras que frenan a las mujeres también son universales. Sorprendentemente, casi el 90 % de los países tienen una o más restricciones legales basadas en el género. En algunos países, por ejemplo, las mujeres tienen derechos de propiedad limitados, mientras que en otros los maridos tienen derecho a impedir que sus esposas trabajen. Las mujeres de países en situaciones de fragilidad corren un riesgo especial de discriminación y exclusión. Además de los obstáculos legales, existen barreras relacionadas con la conciliación del trabajo y la vida familiar, la educación, el acceso a la financiación y las presiones sociales.

Al mismo tiempo que crece la conciencia sobre esta tarea fundamental, creemos que ha llegado el momento de avanzar con medidas concretas. Es clave ayudar a las mujeres a permanecer activas en el mercado laboral mientras crían a sus hijos. En países como Noruega, por ejemplo, los servicios de cuidado infantil asequibles y los permisos parentales han permitido que tanto las madres como los padres trabajen. Estos programas son costosos, así que ¿por qué deberían ofrecerlos los gobiernos? Porque son una inversión rentable: la participación de las mujeres contribuye enormemente al crecimiento económico. También ha ayudado a cambiar el papel de los padres; hoy, muchos hombres en Noruega y otros países comparten por igual los permisos parentales y la crianza de los hijos. Esto también permite que las mujeres asuman el liderazgo en el trabajo, los negocios y la vida pública.

Los países que se encuentran en etapas más tempranas de desarrollo económico suelen afrontar otros desafíos relacionados con el género. Entre los más fundamentales están el acceso al agua y un reparto más equitativo de las tareas domésticas entre hombres y mujeres. La educación también es un desafío clave: pese a los avances en la reducción de las brechas de matriculación en la educación primaria en muchos países, las brechas de género persisten en los niveles secundario y terciario. La educación de las niñas es crucial para que las mujeres ejerzan el poder político y económico en la sociedad en igualdad de condiciones con los hombres. Por eso, por ejemplo, la educación de las niñas es una prioridad en los esfuerzos de cooperación internacional para el desarrollo de Noruega. Otra prioridad en muchos países en desarrollo es garantizar que las mujeres tengan acceso a la financiación y puedan participar plenamente en la economía, también como empresarias y emprendedoras, lo que a su vez puede impulsar la innovación y contribuir a la prosperidad de las sociedades.

En estos esfuerzos, organizaciones como el FMI se comprometen a trabajar con gobiernos de todo el mundo para ayudar a las mujeres a desarrollar su potencial. Por ejemplo, los programas respaldados por el FMI en Egipto y Jordania incluyen medidas específicas para empoderar económicamente a las mujeres, entre ellas inversiones en guarderías públicas y mejoras en la seguridad del transporte público. Y, dada su importancia para el crecimiento, el asesoramiento del FMI sobre políticas a los países miembros incluye cada vez más recomendaciones para apoyar la participación de las mujeres en el mercado laboral.

Más allá de las políticas, buena parte del debate actual gira en torno al cambio social más amplio que también hace falta. Y, desde #igualdadsalarial hasta #metoo y más allá, parece que ya está llegando. Nos inspiran las mujeres, las niñas y —sí— los hombres que alzan la voz contra las ideas anticuadas sobre las mujeres que, de distintas maneras, nos frenan a todos.

Líderes de todo el mundo se reúnen en Davos en un momento de recuperación económica mundial, cuando los gobiernos deben hacer todo lo posible para mantener este impulso y sentar las bases del crecimiento a largo plazo. Ayudar a las mujeres a aprovechar al máximo su potencial es una parte clave de esta ecuación.

Se acabó el tiempo de la discriminación y los abusos contra las mujeres. Ha llegado el momento de que las mujeres prosperen.

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