Por qué deben cambiar las actitudes hacia los empleados solteros en la oficina

Too often, employers believe that single, childless people are emotionally untethered and financially untroubled.Image: REUTERS/Erin Siegal
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En el lugar de trabajo actual existen muchos prejuicios sobre las personas solteras. Una vez, un antiguo empleador me despachó sin más cuando planteé el tema del salario y me dijo que, como era una persona soltera y sin hijos, mis preocupaciones no podían deberse realmente al dinero; al fin y al cabo, no tenía a nadie más a quien mantener.

Pensemos también en la reacción del exgobernador de Pensilvania Ed Rendell cuando Janet Napolitano fue nominada para el cargo de secretaria de Seguridad Nacional en 2008. «Janet es perfecta para el puesto», dijo Rendell. «Porque para ese trabajo hay que no tener vida. Janet no tiene familia. Perfecto. Puede dedicarle, literalmente, 19 o 20 horas al día».

Con demasiada frecuencia, los empleadores creen que las personas solteras y sin hijos no tienen vínculos emocionales ni preocupaciones económicas, por lo que deberían estar disponibles para quedarse hasta tarde, viajar los fines de semana, trabajar en días festivos y aceptar cualquier turno de vacaciones que los empleados casados no hayan reservado ya. Todo esto coloca a las personas solteras en una situación muy injusta, además de indeseable. Es hora de que los empleadores dejen de aprovecharse de ellas y empiecen a reconocer la realidad de sus vidas.

Las personas solteras tienen vínculos importantes con sus amistades, sus familias y sus comunidades

Los estereotipos negativos sobre las personas solteras las describen como aisladas, solitarias y centradas únicamente en sí mismas: candidatas perfectas para ir a trabajar o quedarse allí cuando nadie más quiere hacerlo. Pero las investigaciones demuestran lo contrario.

De hecho, las personas solteras hacen más por mantener sus relaciones con sus amistades, vecinos, hermanos y padres que las personas casadas. Mantienen mejor el contacto con ellos, los ayudan y los animan. En cambio, las parejas que se van a vivir juntas o se casan tienden a volverse más aisladas, incluso si no tienen hijos.

Cuando los padres mayores necesitan ayuda, la reciben en una proporción desmedida de sus hijos adultos solteros. Esto ocurre tanto si son negros como blancos, y tanto si sus hijos son hombres como mujeres. También es más probable que las personas solteras estén ahí para quienes tienen una discapacidad o una enfermedad grave y necesitan ayuda continuada, incluso cuando quienes la necesitan no son familiares.

Las personas solteras están profundamente arraigadas en sus comunidades y localidades. Participan más a menudo en actos públicos y asisten a más clases de música y arte. Hacen más voluntariado que las personas casadas en una gran variedad de organizaciones.

Al terminar la jornada laboral, cuando se acerca el fin de semana, llegan los días festivos o toca planificar las vacaciones, las personas solteras suelen tener gente en su vida a quien quieren ver: personas que se preocupan por ellas, dependen de ellas y consideran como familia, aunque no sean familiares en el sentido tradicional.

Mientras tanto, algunas personas solteras esperan con ilusión disfrutar de su soledad. Otras tienen intereses y compromisos que persiguen con pasión. Como grupo, las personas solteras son muy diversas, pero tienen algo en común: todas tienen una vida fuera del trabajo. Quieren tener las mismas oportunidades que los demás para hacer lo que deseen cuando están —o deberían estar— fuera del horario laboral.

Los lugares de trabajo deben garantizar la equidad. Con el tiempo, las asignaciones para quedarse hasta tarde, cubrir los días festivos o aceptar los periodos de vacaciones menos deseables deben repartirse por igual, para que no se señale a las personas solteras.

Lo ideal sería que solo en circunstancias especiales se pidiera a los empleados que justificaran sus solicitudes de permiso. De lo contrario, en una cultura que todavía celebra a las personas casadas y a sus familias y sigue siendo recelosa de las personas solteras y de quienes son importantes en sus vidas, estas pueden recibir un trato injusto. Por ejemplo, los empleadores podrían dar más importancia a una solicitud de permiso para cuidar a un cónyuge enfermo que a una para cuidar a un hermano o una amistad cercana en la misma situación.

Aun así, las personas solteras ya están en desventaja cuando quieren cuidar de otras personas o recibir cuidados. En virtud de la Ley de Licencia Familiar y Médica, cualquier persona que trabaje en un lugar de trabajo que cumpla los requisitos puede tomar una licencia sin sueldo para cuidar de un padre o un hijo, sin importar su estado civil. Sin embargo, las personas casadas también pueden ausentarse del trabajo para cuidar de su cónyuge. La ley no contempla que las personas solteras cuiden de alguien igualmente importante en sus vidas, ni permite que esa persona se ausente para cuidarlas.

Cuando es necesario trasladar a los trabajadores, algunas personas solteras pueden alegrarse de que las elijan. Otras, sin embargo, pueden verlo como una dificultad particular. Entre ellas están quienes tienen raíces en sus comunidades, han creado y cultivado redes de amistades y vecinos, y tienen familiares a quienes ayudan. También están quienes eligieron sus ciudades y localidades por su oferta cultural, su diversidad, sus rutas ciclistas o sus equipos de fútbol americano, y no quieren mudarse a lugares que carezcan de todo ello.

La fragilidad económica de las personas solteras

Años antes de que mi empleador diera por sentado, sin pensar, que no tenía a nadie a quien mantener, mi madre enviudó. Pero él nunca se detuvo a considerar si necesitaba mi apoyo económico. Otras personas solteras brindan apoyo de otras maneras: por ejemplo, ahorran discretamente para los estudios universitarios de sus sobrinos y sobrinas, o los reciben en casa cuando atraviesan momentos difíciles.

Cuando las personas solteras cuidan de sus padres y de otras personas que necesitan ayuda, corren un riesgo económico mayor que las casadas. Si trabajan menos horas o dejan sus empleos, no tienen cónyuge que compense la pérdida de ingresos ni que las mantenga en el seguro médico que ofrece su empleador. Por las mismas razones, también son especialmente vulnerables cuando las despiden o pierden el trabajo.

Las personas solteras que viven solas no se benefician de las economías de escala. No pueden compartir con otra persona el alquiler o la hipoteca, los servicios públicos ni ningún otro gasto del hogar. Además, se pierden todas las ofertas que salen más baratas para parejas, desde las cuotas de los gimnasios y los paquetes de viaje hasta los descuentos en seguros.

Y, lo que es aún más significativo, las personas solteras quedan excluidas de más de 1.000 leyes federales que benefician y protegen únicamente a quienes están casados legalmente. Por ejemplo, las personas solteras están sujetas a más impuestos y penalizaciones relacionados con las cuentas IRA y las transferencias patrimoniales. La Seguridad Social les ofrece menos flexibilidad y seguridad económicas. Cuando mueren las personas que han permanecido solteras toda la vida, no pueden dejar sus prestaciones a nadie: estas vuelven al sistema. Tampoco nadie puede dejar sus prestaciones a una persona soltera.

Un estudio que incluyó únicamente a mujeres mostró que, al acercarse a la edad de jubilación, las mujeres que habían permanecido solteras toda la vida tenían un patrimonio neto mucho menor que las casadas. La brecha es aún mayor entre las mujeres negras que entre las blancas.

A los hombres solteros (pero no a las mujeres solteras) se les paga menos que a sus homólogos casados. Incluso cuando los hombres solteros y casados tienen el mismo nivel de antigüedad y competencia, y hasta cuando son gemelos idénticos, los casados cobran bastante más. Aun así, los solteros no son menos generosos que los casados con el dinero que dan a sus familiares y son más generosos con el que dan a sus amistades.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó recientemente los tipos del impuesto sobre la renta de 35 países miembros para personas solteras sin hijos y parejas con dos hijos en las que solo una persona percibe ingresos. En la mayoría de los países, incluido Estados Unidos, las personas solteras pagan más impuestos que las parejas. La diferencia es mayor en Estados Unidos que en todos los demás países salvo uno de los otros 34.

Las desventajas económicas en materia de impuestos, Seguridad Social, gastos sanitarios y vivienda se acumulan. Según una estimación, las mujeres solteras pierden entre medio millón y un millón de dólares a lo largo de su vida adulta en comparación con las casadas.

Las verdaderas razones por las que deberías valorar a tus empleados solteros

No se debería cargar a los empleados solteros con salarios más bajos ni con horas adicionales solo por ser solteros: su experiencia vital les ha aportado muchas cualidades valiosas que pueden ofrecer a los empleadores.

¿Quieres empleados capaces de sacar las cosas adelante, ya sea realizando las tareas por sí mismos o buscando a otras personas que les ayuden? Las personas solteras —en especial las que viven solas— llevan toda la vida perfeccionando esas habilidades. A diferencia de las personas casadas, que a menudo se reparten las tareas cotidianas y dominan solo aquellas de las que se responsabilizan, las solteras encuentran la manera de hacerlas todas.

¿Quieres empleados que tengan la confianza necesaria para defender sus propias opiniones, incluso cuando el pensamiento grupal apunta en otra dirección? Las investigaciones indican que las personas solteras lo hacen mejor.

¿Quieres empleados comprometidos no solo con su trabajo, sino también con sus organizaciones o profesiones? Un estudio que incluyó únicamente a hombres indica que las personas solteras son los empleados que buscas. Por ejemplo, los hombres solteros participan más que los casados en asociaciones profesionales, sindicatos y organizaciones agrícolas.

¿Quieres empleados que estén constantemente aprendiendo y creciendo? Esto también describe con más frecuencia a quienes han permanecido solteros toda la vida que a quienes se casan.

¿Quieres empleados que acudan principalmente por el sueldo y otros beneficios concretos, o personas que hayan elegido tu lugar de trabajo porque consideran que la labor tiene sentido? Si es lo segundo, probablemente buscas empleados solteros. Las investigaciones muestran que quienes permanecen solteros valoran el trabajo significativo más que quienes se casan, y que ya expresaban esos valores en la secundaria, antes de que nadie se casara.

Cómo lograr que tu lugar de trabajo sea acogedor, amable y justo con todos tus empleados

Me encanta vivir sin pareja y he elegido no tener hijos. Como para mí estos temas no son motivo de angustia, puedo alegrarme sinceramente por quienes han seguido el camino alternativo del matrimonio y la maternidad o paternidad. Me complace felicitarlos, quizá incluso celebrar con ellos, pero no en horario laboral.

Las celebraciones en el lugar de trabajo para empleados que se comprometen o están a punto de convertirse en padres pueden tener las mejores intenciones, pero resultan dolorosas para quienes desearían haber vivido esas experiencias. También son injustas y no tienen cabida en el trabajo. La situación se vuelve aún más inapropiada cuando se presiona a los empleados para que hagan regalos a los recién casados o a los padres. El lugar de trabajo debe centrarse en el trabajo. Las celebraciones deberían limitarse a ocasiones que todos viven, como los cumpleaños, o a logros laborales. Por supuesto, los compañeros que son amigos pueden celebrar lo que quieran en su tiempo libre y fuera del lugar de trabajo.

El favoritismo económico es aún más preocupante. El año pasado, el director ejecutivo de Boxed recibió una avalancha de elogios en los medios cuando se ofreció a pagar las bodas de sus empleados. Otros empleadores ofrecen recompensas que no tienen nada que ver con el desempeño laboral y que favorecen injustamente a las personas casadas o con hijos frente a las demás. Por ejemplo, ofrecen ayudar a pagar la matrícula universitaria de los hijos de sus empleados, cubrir los gastos de traslado de un cónyuge y, más comúnmente, incluir al cónyuge en un plan de salud con una tarifa reducida.

Estoy totalmente a favor de la generosidad de los empleadores. Pero, aparte de las bonificaciones vinculadas a los logros laborales, esa generosidad debería distribuirse por igual. Los planes de prestaciones flexibles son una opción: todos los empleados tienen derecho a la misma cantidad de dinero en prestaciones y pueden elegir las que prefieran.

El aumento de las personas solteras es un fenómeno nacional e internacional. En Estados Unidos, por ejemplo, en 1970, solo el 28 % de los adultos de 18 años o más no estaban casados. Ahora, casi la mitad (45 %) no está casada. Actualmente, los estadounidenses pasan más años de su vida adulta sin estar casados que casados. No hay indicios de que estas tendencias vayan a revertirse. Los lugares de trabajo deben adaptarse a una fuerza laboral cada vez menos casada. Por suerte, los empleados solteros contribuyen más de lo que jamás imaginamos.

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