The Atlantic publicó recientemente un artículo fascinante sobre la función y el significado del matrimonio, en constante evolución.
El autor, el sociólogo Andrew Cherlin, explica que el matrimonio se ha convertido en un "trofeo", ya que muchas parejas se casan solo después de haber tenido hijos juntos y/o alcanzado otros hitos de madurez, y no antes. Como sostendrían algunos investigadores, el matrimonio es hoy más un "remate" que una "piedra angular" de la vida adulta.
Una estadística que cita Cherlin me llamó especialmente la atención: "Según una estimación reciente, la edad media al primer matrimonio en Noruega es sorprendentemente de 39 años para los hombres y 38 para las mujeres, entre seis y ocho años más que la edad media al primer parto".
Al profundizar en la investigación, descubrí que Noruega no es en absoluto el único lugar donde el matrimonio suele llegar después del nacimiento de los hijos. En los países industrializados en todo el mundo (incluido Estados Unidos), cada vez más parejas optan por tener hijos mientras conviven, aunque no hayan intercambiado votos formalmente.
Pero la tendencia es más visible en los países escandinavos (que, por cierto, figuran de forma constante entre los más felices del mundo).
Un estudio que cita Cherlin, publicado en 2015 en la revista Demographic Research, señala que, en 2013, los primogénitos noruegos tenían más probabilidades de tener padres que convivían sin estar casados (50 %) que padres casados (32 %) o padres que no vivían juntos (18 %).
Los escandinavos se casan, pero más tarde en la vida
Es importante señalar que esto no significa que los noruegos rechacen por completo el matrimonio.
El mismo estudio afirma: "La mayoría de los niños nacidos en una unión [en Noruega] tendrán padres casados o que se casarán más adelante". Otro estudio que cita Cherlin, publicado en 2013 en la revista Demographic Research, indica que el 17 % de todos los matrimonios en Suecia se celebraron después de que la pareja ya tuviera dos hijos.
Es posible que esta tendencia no se hubiera consolidado de no ser por los beneficios singulares que se reconocen a las parejas noruegas que conviven. Como señala el estudio de 2015, para los padres resulta "menos arriesgado" vivir juntos sin estar casados que en otros países industrializados.
De acuerdo con la Ley de Infancia de Noruega, cuando un niño nace de padres que conviven, la pareja recibe la responsabilidad parental conjunta, al igual que lo haría una pareja casada.
En Escandinavia, el matrimonio es más una decisión personal que una obligación legal o financiera si se quiere formar una familia "legítima".
Los investigadores autores del estudio conversaron con parejas de Oslo, la capital de Noruega, que les dijeron que el matrimonio suele tener una función simbólica, una forma de "celebrar el amor", como expresó uno de los encuestados.
Por su parte, el investigador autor del estudio de 2013 analizó las tendencias matrimoniales en Suecia y observó que relativamente pocas parejas se casan en el año siguiente al nacimiento de un hijo. Esto sugiere que las personas no sienten la presión de casarse para confirmar, a ojos de la ley o de la sociedad en general, que son una familia.
Como comentó a los investigadores del estudio de 2015 una mujer de Oslo con alto nivel educativo: "La relación se vuelve más seria cuando tienes hijos: entonces estás en una relación para toda la vida, aunque os separéis. Tener hijos es un compromiso mayor. Y debe serlo".


