Estos mitos frenan a las mujeres en el ámbito laboral

It’s gender bias, rather than ability, that turns women off STEM
It’s gender bias, rather than ability, that turns women off STEMImage: REUTERS/Manuel Balce Ceneta
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¿Ese sonido que te ha resultado desconocido y que has oído en los últimos meses? Es la voz de las mujeres. Mujeres que alzan la voz contra el acoso sexual y denuncian la brecha salarial en sectores que van del entretenimiento a la tecnología.

Por fin se toman en serio sus voces. Este avance tan bienvenido llega con mucho retraso. Pero el siguiente paso —la participación plena de las mujeres— será difícil. Las mujeres deben estar representadas en igual número que los hombres en los niveles más altos de nuestras instituciones empresariales y gubernamentales, donde puede lograrse un cambio real.

Las mujeres representan la mitad de la población y obtienen más títulos de posgrado que los hombres en 100 países. Entonces, ¿por qué son una clara minoría en los puestos más altos?

Se han hecho muchos intentos por responder a esta pregunta. He aquí otra respuesta: la forma en que el mundo ve a las mujeres. La sociedad funciona a partir de una serie de ideas preconcebidas sobre las mujeres que las frenan. Hemos trabajado para sacar a la luz estas ideas, que llamamos mitos, junto con la plataforma para el empoderamiento de las mujeres Seneca Women.

Todos hemos oído los clichés que alimentan estos mitos. Las mujeres no levantan la mano, no alzan la voz, no aspiran a los puestos más importantes. No son lo bastante asertivas, no tienen lo necesario para liderar. Según esta forma de pensar, el entorno laboral está bien, pero son las mujeres quienes necesitan arreglarse.

A veces, incluso quienes tenemos las mejores intenciones damos crédito a estos mitos y perpetuamos los sesgos que tratamos de eliminar. Al centrarse en las supuestas carencias de las mujeres, los mitos les dicen que deben cambiar para tener éxito.

Estos son algunos de los mensajes más extendidos:

Mito: Las mujeres necesitan que las arreglen.

Según el mito, las mujeres evitan el conflicto. No asumen riesgos, les falta confianza y son demasiado emocionales. Este mito se desmorona cuando cambiamos de perspectiva y comprendemos que lo que necesita repararse es el sistema, no la mujer.

Las mujeres tienen las habilidades de liderazgo necesarias. Pero su forma de liderar puede ser distinta de la de los hombres. Debemos aceptar estas diferencias de comportamiento, no juzgarlas.

Mito: No hay suficientes mujeres cualificadas para ocupar puestos de dirección ejecutiva.

Cuesta creer que las empresas no encuentren suficientes mujeres para sus puestos más altos, cuando ellas representan el 46 por ciento de la fuerza laboral. El problema no es la cantera de talento. Simplemente debemos desarrollar por igual a nuestros empleados y empleadas, y preparar a ambos para ascender.

Mito: Las disciplinas STEM son cosa de hombres.

La tecnología es el futuro. Pero, según el mito, a las mujeres les faltan las habilidades y la agresividad necesarias para triunfar en este campo.

En realidad, lo que aleja a las mujeres de las disciplinas STEM es el sesgo de género, no su capacidad. No hace falta buscar mucho para encontrar mujeres que refutan con su ejemplo el mito de que las mujeres no sirven para la tecnología.

Mito: Las tareas del hogar son cosa de mujeres.

Independientemente de su edad o sus ingresos, las mujeres siguen teniendo la responsabilidad principal de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos. Eso les resta tiempo que podrían dedicar a sus carreras. La realidad, por supuesto, es que cocinar y limpiar son actividades neutras en cuanto al género. Y cuando ambos progenitores participan en la crianza de sus hijos, estos obtienen mejores resultados en la escuela.

Mito: El acoso sexual es un problema de las mujeres.

Los comportamientos inapropiados e incómodos pueden descarrilar carreras y alejar a las mujeres de trabajos que les encantan. La indignación generalizada contra los hombres depredadores es una corrección necesaria. Debemos escuchar a las valientes mujeres que alzan la voz y reconocer a los hombres que las apoyan.

Si queremos crear un mundo con igualdad de género —un mundo mejor tanto para los hombres como para las mujeres—, debemos disipar estos mitos. Tenemos que cambiar la forma en que pensamos y hablamos sobre las mujeres. Cada uno de nosotros puede marcar la diferencia en su propia organización y en el mundo que nos rodea. De hecho, tenemos la obligación de hacerlo.

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