Mujeres ocultas de la historia: Eleanor Anne Ormerod, la científica autodidacta que probó un tritón vivo

Alexandrine Brion, a beekeeper who breeds queen bees for her beekeeper colleagues that need to regenerate their hives, holds a honeycomb, in La Bollene-Vesubie, France, July 2, 2019. Picture taken July 2, 2019. REUTERS/Eric Gaillard TPX IMAGES OF THE DAY - RC1FF2A30310
Eleanor was born in 1828 to a wealthy British family and her interest in insects started when she was a child.Image: REUTERS/Eric Gaillard
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Los insectos siempre han estado íntimamente relacionados con la agricultura. Los insectos plaga pueden causar daños enormes, mientras que los insectos beneficiosos como los polinizadores y los depredadores prestan servicios gratuitos. La entomología agrícola, un campo relativamente joven, utiliza el conocimiento de la ecología y el comportamiento de los insectos para ayudar a los agricultores a proteger sus cultivos.

Una de las entomólogas agrícolas más influyentes de la historia fue una mujer insaciablemente curiosa y ferozmente independiente llamada Eleanor Anne Ormerod. Aunque carecía de formación científica formal, Ormerod acabaría siendo aclamada como la «Protectora de la Agricultura Británica».

Eleanor nació en 1828 en el seno de una acaudalada familia británica. No asistió a la escuela, sino que su madre le impartió clases particulares en materias que se consideraba que aumentaban sus posibilidades de contraer matrimonio: idiomas, dibujo y música.

Como la mayoría de los entomólogos modernos, el interés de Eleanor por los insectos comenzó cuando era niña. En su autobiografía, relata cómo en una ocasión pasó horas observando chinches de agua nadando en un pequeño vaso de cristal. Cuando uno de los insectos resultó herido, los demás lo devoraron de inmediato.

Consternada, Eleanor corrió a contarle a su padre lo que había visto, pero él desestimó sus observaciones. Eleanor escribe que, aunque su familia toleraba su interés por la ciencia, no lo apoyaba especialmente.

Asegurar un matrimonio ventajoso era, en la época de Eleanor, el objetivo principal de las jóvenes adineradas. Pero su padre era retraído y no le gustaba socializar; en consecuencia, la familia no contaba con los contactos sociales necesarios para concertar matrimonios para los hijos. De las tres hermanas de Ormerod, ninguna llegó a casarse.

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Las hijas de los Ormerod tuvieron relativa suerte: su padre les dio dinero suficiente para vivir cómodamente el resto de sus vidas. Su condición de mujeres adineradas y solteras les dio la libertad de perseguir sus intereses sin las responsabilidades domésticas ni las exigencias de maridos o padres. Para Eleanor, esto significó tiempo para dar rienda suelta a su curiosidad científica.

Espuma en la boca

La primera publicación científica de Ormerod trató sobre las secreciones venenosas del tritón. Tras probar los efectos del veneno en un desafortunado gato, decidió probarlo en sí misma introduciéndose en la boca la cola de un tritón vivo. Los desagradables efectos –que incluyeron espuma en la boca, convulsiones orales y dolor de cabeza– quedaron descritos con todo detalle en su artículo.

El primer acercamiento de Omerod a la entomología agrícola se produjo en 1868, cuando la Royal Horticultural Society solicitó ayuda para crear una colección de insectos tanto útiles como perjudiciales para la agricultura británica. Ella respondió con entusiasmo a la llamada y dedicó la década siguiente a recolectar e identificar insectos en nombre de la sociedad.

En el proceso, desarrolló habilidades especializadas en la identificación, el comportamiento y la ecología de los insectos.

Durante sus viajes para recolectar insectos, Ormerod habló con agricultores que le contaron sus numerosos y variados problemas con las plagas. Se dio cuenta de que los agricultores necesitaban asesoramiento basado en la ciencia para proteger sus cultivos de las plagas de insectos.

Sin embargo, la mayoría de los entomólogos profesionales de la época se centraban en la recolección y clasificación de insectos; tenían poco interés en aplicar sus conocimientos a la agricultura. Ormerod decidió ocupar ella misma el puesto vacante de «entomólogo agrícola».

En 1877, Ormerod publicó por su cuenta el primero de lo que llegaría a ser una serie de 22 informes anualesque ofrecían pautas para el control de las plagas de insectos en diversos cultivos. Cada plaga se describía con detalle, incluidos los pormenores de su aspecto, comportamiento y ecología. Los informes estaban dirigidos a los agricultores y redactados en un estilo fácil de leer.

Una forma primitiva de crowdsourcing

Ormerod quería crear un recurso que ayudara a los agricultores de toda Gran Bretaña. Pronto se dio cuenta de que esta tarea requeriría más información de la que podría reunir por sí sola. Así que Ormerod recurrió a una versión temprana del crowdsourcing para obtener datos.

Distribuyó cuestionarios por todo el campo preguntando a los agricultores por las plagas que observaban y por los remedios de control de plagas que habían probado.

Siempre que fue posible, realizó experimentos u observaciones para confirmar la información que recibía de su red de agricultores. Cada uno de sus informes combinaba su propio trabajo con el de los agricultores y jornaleros con los que se carteaba. Los informes resultantes consolidaron la reputación de Ormerod.

Ormerod fue invitada a impartir conferencias en colegios e institutos de toda Gran Bretaña. Aportó su experiencia a problemas de plagas en lugares tan alejados como Nueva Zelanda, las Indias Occidentales y Sudáfrica.

En reconocimiento a su labor, en 1900 le fue concedido un doctorado honoris causa en Derecho por la Universidad de Edimburgo, convirtiéndose en la primera mujer en recibir este honor en la historia de la universidad. Tanta era su fama que la aclamada escritora Virginia Woolf escribió más tarde un relato novelado de la vida de Ormerod titulado Miss Ormerod.

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Aunque sin duda contribuyó al auge de la entomología agrícola como disciplina científica, el legado de Ormerod se ve empañado por su firme apoyo a un insecticida peligroso conocido como verde de París. El verde de París era un compuesto derivado del arsénico que inicialmente se utilizaba como pintura (de ahí su nombre).

Aunque el verde de París se usaba ampliamente en Norteamérica, en Gran Bretaña era prácticamente desconocido. Ormerod se propuso introducir este nuevo avance entre los agricultores británicos. Tan firmemente creía en su capacidad para salvar cultivos que bromeaba diciendo que deseaba que en su lápida se grabaran las palabras: «Trajo el verde de París a Gran Bretaña».

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Desafortunadamente, el verde de París es un insecticida de «amplio espectro» que mata a la mayoría de los insectos, incluidos los polinizadores y los depredadores. La pérdida de depredadores en el ecosistema de cultivo deja a las plagas vía libre, creando un círculo vicioso de dependencia de los insecticidas químicos.

El verde de París también tiene graves repercusiones para la salud humana, algunas de las cuales ya se reconocían en la época de Ormerod. El hecho de que el arsénico fuera un ingrediente común en toda clase de productos, incluidos los medicamentos, puede explicar en parte por qué Ormerod parece haber subestimado el peligro que el verde de París suponía para la salud humana y ambiental.

La firme promoción del verde de París por parte de Ormerod parece ingenua en retrospectiva. Pero finales del siglo XIX fue una época de enorme optimismo sobre el poder de la ciencia para resolver los problemas del mundo.

El verde de París y otros insecticidas permitieron a los agricultores proteger sus cultivos, y con ello sus medios de vida, de forma barata y eficaz. De hecho, menos de 50 años después de la muerte de Ormerod, el químico Paul Müller ganó un Premio Nobel por su descubrimiento del infame (y ambientalmente catastrófico) insecticida DDT. Considerado a la luz del «optimismo sobre los pesticidas» de su tiempo, el entusiasmo de Ormerod por el verde de París resulta más fácil de comprender.

Curiosamente, Ormerod no era solo una evangelizadora de los insecticidas. Sus informes recomendaban diversos métodos de control de plagas, como el uso de redes de exclusión y la retirada manual de las plagas. Estas técnicas y otras respetuosas con el medio ambiente constituyen hoy el núcleo de la moderna «gestión integrada de plagas», el estándar de oro para un control de plagas eficaz y sostenible.

Eleanor Ormerod se dedicó a la protección de la agricultura en una época en la que pocos entomólogos «serios» se interesaban por aplicar sus conocimientos a la agricultura. Reconoció que el progreso de la entomología agrícola solo podría producirse si los entomólogos trabajaban en estrecha colaboración con los agricultores.

Siguió trabajando y dando conferencias hasta pocas semanas antes de su muerte en 1901; en todos sus años de servicio, nunca cobró.

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