Hacerse selfis y publicarlos en las redes sociales suele ridiculizarse como una práctica narcisista, ensimismada y destinada a llamar la atención. Los filtros reciben un desprecio especial por el papel que desempeñan al reforzar cánones de belleza inalcanzables, haciendo que los rostros parezcan más claros, delgados y con los ojos más grandes de lo natural.
Sin embargo, activistas feministas, de minorías y queer han sostenido que los selfis pueden servir para que las personas representen y reivindiquen con orgullo su identidad, sexualidad y orientación de género. Además, últimamente, mis propias experiencias investigando el género, las ciudades inteligentes y la ciudadanía urbana en India me han llevado a descubrir el valor de los selfis de una forma nueva e inesperada.
Como parte de un proyecto de investigación reciente, mi equipo y yo quisimos comprender la vida de las jóvenes que viven en colonias de realojamiento de barrios marginales en las afueras de la extensa metrópolis de Delhi. Para ello, creamos un grupo de WhatsApp y pedimos a 11 mujeres que enviaran diarios de sus experiencias cotidianas en forma de imágenes, texto, audio o vídeo mientras viajaban desde sus hogares hasta la ciudad a lo largo de seis meses.
Resultó que nuestras participantes eran aficionadas a hacerse selfis. Pero esto va mucho más allá de una simple expresión de una tendencia milénial. Sus selfis son relatos visuales digitales desde los márgenes que plasman sus dificultades y logros mientras dejan atrás el papel tradicional de las mujeres en el hogar y se mueven por el ámbito urbano, en gran medida dominado por los hombres .
Teléfonos para divertirse y ser libres
Conseguir un teléfono móvil propio es un acontecimiento importante en la vida de estas mujeres. Sus familias solo les permiten tener su propio teléfono después de una serie de negociaciones difíciles, pues temen que los dispositivos puedan dar lugar a lo que consideran conductas «transgresoras», como desobedecer a los padres, incumplir el toque de queda, hablar con hombres o vestir ropa occidental. Nuestras participantes convencieron a sus familias de que tener un teléfono era esencial para mantenerse seguras y en contacto cuando tenían que ir a la ciudad por motivos «legítimos», como el trabajo o los estudios.
Los teléfonos inteligentes suelen tener un precio que sus familias no pueden pagar. Por eso, cuando las mujeres empiezan a trabajar, suelen destinar su primer sueldo a comprar uno de los dispositivos Android más baratos y pagar el importe total en cuotas mensuales. Los datos son asequibles y la conexión puede ser instantánea. Tener un teléfono propio permite a las mujeres salir de casa y comunicarse con otras personas sin la mirada vigilante de la familia, por lo que lo consideran un regalo de libertad.

Las mujeres celebran esta libertad con la cámara frontal del teléfono. Por supuesto, se hacen selfis por diversión y usan filtros para transformar sus rostros con plantillas divertidas y extravagantes.
WhatsApp me aana, facebook me jaana, yeh hai smart zamaana —traducido como «llegar a WhatsApp, ir a Facebook: estos son tiempos inteligentes».
Entrada del diario de WhatsApp, 2018.
Pero también se hacen selfis para registrar sus visitas a distintos lugares, celebrar sus amistades y señalar su paso a la edad adulta como jóvenes conectadas e inteligentes que disfrutan de la vida urbana, incluso cuando la mala conexión hace que los teléfonos se bloqueen a menudo y las aplicaciones fallen.
La ciudad al alcance de la mano
Nuestras participantes no consideraban realmente que hacerse selfis fuera un acto político. Sin embargo, si tenemos en cuenta cómo, cuándo y dónde se los hacen, las imágenes son un barómetro de su exclusión social, económica y política de la ciudad. Reflejan las paradojas que viven las mujeres de las periferias urbanas de Delhi: tanto la tecnología como la propia ciudad pueden ser a la vez liberadoras y peligrosas.
En cierto modo, los selfis muestran que estar en la ciudad resulta liberador para las mujeres, pues representan una libertad recién descubierta fuera del hogar y de las limitaciones de los roles de género tradicionales. Con estos selfis, las mujeres encuadran la ciudad a cierta distancia y se sitúan en el centro de la imagen mientras escenifican su propia llegada a muchos espacios públicos distintos.

Pero al registrar la presencia de las mujeres en un lugar y momento concretos, estos selfis también revelan dónde, cuándo y en qué circunstancias no pueden estar. Por ejemplo, suelen hacerse durante el día, cuando están con un grupo de amigas, en lugares donde hay menos hombres o en barrios conocidos donde se sienten cómodas y seguras. Rara vez se hacen selfis cuando viajan solas, porque la atención sexual depredadora de los hombres sigue siendo una constante en sus trayectos.
Subir selfis a Facebook también expone a estas mujeres al peligro del acoso, la persecución y la intimidación, tanto en línea como fuera de ella. Una entrada inquietante con una foto en el diario de WhatsApp, titulada «mi selfi en un autobús lleno de hombres», evocaba el caso de Nirbhaya de 2012 —cuando una joven fue violada en grupo y asesinada en un autobús— y sugería que el selfi también es una forma de que estas mujeres sean testigos del peligro en su vida cotidiana y lo documenten.
Teléfonos entre el hogar y la ciudad
Los diarios de WhatsApp apenas incluyen selfis dentro del hogar. Aunque sus familias valoran la casa como un espacio privado y, por tanto, seguro para las mujeres, nuestras participantes solían verla como un lugar de confinamiento.
El hogar es donde las mujeres afrontan a diario las dificultades que plantea la deficiente infraestructura de agua potable, saneamiento, recogida de residuos y transporte. Más significativo aún, el control familiar sobre el cuerpo de las mujeres —mediante horarios estrictos de toque de queda y restricciones sobre los lugares a los que pueden ir— pone de manifiesto las diferencias entre las generaciones mayores y las jóvenes en su manera de entender la libertad y el peligro.
Mientras que las generaciones mayores, que crecieron sin teléfonos móviles, se preocupan principalmente por la seguridad física de las mujeres, las jóvenes de nuestra investigación deben lidiar a diario con intromisiones en su privacidad, acoso y abuso sexuales tanto en casa como en la ciudad, en línea y en la vida real. Sus selfis cuentan cómo es recorrer los trayectos entre el hogar y la ciudad, mientras los límites entre lo público y lo privado, la libertad y el peligro se difuminan cada vez más en estos «tiempos inteligentes».

