El debate sobre la cantidad de deberes que se les ponen a los niños ha ocupado las páginas de opinión de los periódicos de gran formatoperiódicos de gran formato y periódicos sensacionalistas en las últimas semanas, después de que Gary Lineker tuiteara que era «una pérdida de tiempo». Mientras se intercambian acusaciones y se toman partido en el debate, hay cuestiones mucho más importantes en juego de lo que cualquiera de las partes admite.
A medida que se les ponen cada vez más deberes a los niños, debemos admitir que llenarles el día de actividades en interiores es jugarse su salud a largo plazo. Como adultos, ahora pasamos más tiempo en interiores que nunca en la historia de nuestra especie. Aunque nuestros hábitos de pasar tiempo en interiores repercuten en nuestra propia salud, hay mucho más en juego cuando fomentamos ese comportamiento en nuestros hijos.
La mayoría de los niños ya estudia en interiores. Al terminar el día, quizá tengan una actividad extraescolar, clases particulares o deberes. Cuando acaban con todo eso, les esperan los videojuegos, las plataformas de streaming y las redes sociales. Como resultado, casi tres cuartas partes de los niños del Reino Unido pasan menos tiempo al aire libre que los reclusos. Un informe de 2016 concluyó que el 12 % de los niños del Reino Unido no había ido a ningún parque ni entorno natural durante el año anterior.
Miopía
Pasar tiempo al aire libre es esencial para los niños porque ayuda a que sus ojos, huesos y sistema inmunitario se desarrollen correctamente. Cada vez hay más pruebas de que también puede prevenir la aparición de alergias alimentarias, a los frutos secos y de otro tipo.
Los bebés nacen hipermétropes, con un globo ocular corto que crece a medida que crece su cuerpo. Un ojo sano deja de crecer cuando alcanza su forma óptima, pero le cuesta hacerlo sin acceso a luz de buena calidad, que solo está disponible al aire libre. Nuestros ojos son muy buenos para hacernos creer que los espacios interiores están bien iluminados, pero ni siquiera una habitación muy iluminada puede igualar los niveles de luz del exterior, incluso en un día nublado.
Sin las señales adecuadas de la luz del día, el globo ocular puede crecer demasiado y el niño se vuelve miope; en ese caso, necesitará lentes o una operación para corregir la visión. Y no se trata solo de llevar gafas o pagar una operación con láser. La miopía grave —alrededor de una quinta parte de los casos— puede provocar ceguera en la vejez. Aunque la cirugía con láser puede restablecer la visión, el daño causado al ojo durante su desarrollo permanece, al igual que los riesgos.
Varios países del Sudeste Asiático llevan mucha ventaja al Reino Unido en la adopción de estos estilos de vida en interiores. La mayoría de las personas en Singapur (85 %) son miopes. En toda la región, las tasas son más altas entre los jóvenes. Un asombroso 96,5 % de los hombres de 19 años de Seúl, la capital de Corea del Sur, son miopes. Y, aunque hay un par de cientos de genes que influyen en el desarrollo de la miopía, las cifras que observamos se deben al estilo de vida (pues se cree que los genes desempeñan un papel de pequeño a moderado en la estructura de la enfermedad).
La miopía entre los jóvenes del Reino Unido se ha más que duplicado en los últimos 50 años. Se prevé que, si no se hace nada para frenar su propagación, la mitad de la población mundial será miope en 2050.
La vitamina del sol
La vida a la sombra también está relacionada con el regreso de una enfermedad que se creía erradicada después de la Segunda Guerra Mundial. La luz solar es esencial para que nuestro organismo produzca vitamina D. Sin ella, no podemos absorber el calcio y el fosfato que necesitamos para tener huesos, dientes y músculos sanos. Pasar interminables horas en interiores está contribuyendo al regreso del raquitismo entre los niños del Reino Unido. El raquitismo causa dolor, retraso en el crecimiento y huesos blandos o débiles que se doblan bajo el peso del torso.
La deficiencia de vitamina D también se ha relacionado con el aumento de las alergias alimentarias y a los frutos secos, cuya prevalencia, según han observado los científicos, aumenta cuanto más lejos se está del ecuador. La falta de tiempo al aire libre y de exposición a entornos naturales también se ha vinculado al enorme aumento de las alergias en general, como la fiebre del heno y el asma, así como de la diabetes tipo 1. En este último caso, se ha sugerido que los «rápidos cambios ambientales y los estilos de vida modernos» probablemente estén detrás del aumento.
Todas estas enfermedades nos indican que, aunque la vida urbana nos ofrece muchas comodidades y ventajas, es un estilo de vida que desconcierta al cuerpo humano moderno. Sé, por haber investigado para escribir un libro sobre cómo nuestro entorno nos está cambiando que llevamos un ADN que espera que realicemos una amplia variedad de actividades al aire libre, y no que pasemos todo el tiempo leyendo, viendo contenidos en streaming o jugando a Fortnite.
Hacer pequeños cambios, como permitir que tus hijos tengan más acceso a la luz del día, incluso cuando está nublado, y fomentar la actividad física con regularidad, les permitirá tener un futuro mucho más saludable. Animar a tus hijos a salir a jugar no es una idea hippie: es un componente esencial de su salud a largo plazo.


