Cuidado con la brecha (de género): por qué debemos unirnos en favor de la inclusión

Research finds that when we engage women fully in the workforce, economies grow.Image: Burst
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El tema del Día Internacional de la Mujer 2019 fue construir un mundo con equilibrio de género. En cierto modo, vivimos un momento de gran esperanza en materia de igualdad. Hoy está muy claro que el mundo exige equilibrio. Su presencia, y también su ausencia, son evidentes cada día en los titulares de los medios y en las conversaciones.

Sin embargo, se tardarán otros 108 años en cerrar la brecha de género global, según el Informe sobre la Brecha de Género 2018, y casi el doble de ese tiempo, 202 años, para que alcancemos una paridad real en el lugar de trabajo.

Digo «nosotros», pero según estos calendarios, y salvo que se produzcan acontecimientos inesperados, lo más probable es que sean nuestros bisnietos y sus descendientes quienes finalmente vivan en un mundo en el que ambas mitades del grupo de talento reciban un trato igualitario.

Como defensora de por vida de la rectitud esencial y de la auténtica ventaja empresarial que supone abrazar la diversidad y la inclusión, considero que estas cifras son, cuando menos, bastante desalentadoras. Han hecho falta muchos años de campañas y de duro esfuerzo para llegar a la etapa en la que la desigualdad entre sexos se reconoce como inaceptable, al menos en algunas partes del mundo. Sin embargo, no estamos generando el cambio que necesitamos con la rapidez suficiente.

Con las cuestiones de género femenino destacadas de forma más notable en los últimos años por los movimientos #LeanIn y #MeToo, mecanismos como las cuotas laborales y la legislación sobre trabajo flexible se han adoptado cada vez más a medida que el mundo desarrollado equilibra la balanza para empleados y empleadas.

Pero ¿reflejan estos mecanismos un compromiso genuino con el cambio? ¿O las organizaciones siguen tolerando, e incluso promoviendo activamente, prejuicios profundamente arraigados tras una cortina de humo de atractivos objetivos de igualdad? Al analizar el Informe sobre la Brecha de Género, y al leer sobre casos de gran repercusión como los de la cadena de televisión CBS, la Academia de la Guardia Costera de los Estados Unidos y la minorista británica Ted Baker, sería fácil suponer lo segundo.

Sigue siendo un hecho que, cuando incorporamos plenamente a las mujeres a la fuerza laboral y aumentamos su acceso a la educación, las economías crecen. Esto ocurre tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en desarrollo. Entonces, ¿por qué el ritmo del cambio ha sido tan lento? En los más de cien años transcurridos desde que comenzó la emancipación moderna de la mujer, hemos avanzado enormemente en muchos otros ámbitos, como la mortalidad infantil, el acceso a la energía y el desarrollo tecnológico.

Para ser sinceros, hay una parte de mí que empieza a preguntarse si necesitamos replantear todo nuestro enfoque y empezar a abordar la igualdad de forma más integral. Dado que los esfuerzos para abordar los temas de diversidad e inclusión están notoriamente fragmentados, me pregunto si el efecto acumulativo de estas divisiones es una dilución general de lo que podemos medir en la práctica o lograr de forma realista.

¿Podemos avanzar de verdad hacia una sociedad realmente igualitaria mientras sigamos dividiéndonos y enfrentándonos en nuestros esfuerzos por apoyar a los grupos marginados? Mi intuición dice que no. Entonces, ¿cómo hacemos para crear un mundo en el que las diferencias sean respetadas y valoradas hasta el punto de que realmente dejen de importar?

Una de las cosas que tenemos a nuestro favor es la actitud de las generaciones más jóvenes. Según un informe de American Express, una mayor proporción de los millennials cree que la progresión profesional debe basarse en el mérito, en comparación con sus homólogos de la Generación X. En otras palabras, consideran que factores como el género, la etnia y la orientación sexual deberían descartarse.

Pero la educación todavía tiene un papel importante que desempeñar. ¿Qué debemos enseñar a nuestros hijos para que adopten un conjunto más inclusivo de normas y valores culturales? Ahora mismo no tengo la respuesta. Pero a menudo recuerdo las palabras del fundador de mi empresa, Tom Kearney: «La verdadera fortaleza de nuestra firma, como en cualquier organización, reside en el hecho de que todos somos diferentes». Animo a todos a iniciar la conversación en sus hogares, escuelas y lugares de trabajo.

Tras el Día Internacional de la Mujer, mi deseo es que podamos unirnos, ampliar nuestras aspiraciones, construir una sociedad basada en el principio de la inclusión plena para todos y acelerar el cambio al hacerlo.

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