Los estereotipos pueden ser perjudiciales: ¿cómo podemos evitar que los niños los interioricen?

A man and child walk by the sea in Brighton, southern England April 20, 2011. The unseasonably hot April weather follows the UK's driest March for 60 years, according to the Met Office. REUTERS/Luke MacGregor (BRITAIN - Tags: ENVIRONMENT TRAVEL SOCIETY) - RTR2LFYW
Children develop their sense of the world through minute-by-minute conversations with important adults in their lives.Image: REUTERS/Luke MacGregor
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¿Cómo pueden los padres de hoy criar a la próxima generación para que esté libre de estereotipos de género y raciales corrosivos? Cuando los niños empiezan la escuela primaria, el género y la raza ya influyen en sus vidas de muchas maneras que los padres quizá quieran evitar. Ya en primer grado, las niñas tienen menos probabilidades que los niños de pensar que los miembros de su propio género son «muy, muy inteligentes». Y con apenas tres años, los niños blancos de Estados Unidos respaldan implícitamente estereotipos según los cuales los rostros afroamericanos parecen más enfadados que los rostros blancos.

Estos estereotipos van más allá de las creencias de los niños: también pueden moldear su comportamiento. A los seis años, las niñas tienen menos probabilidades que los niños de elegir actividades que parecen requerir ser muy inteligente, lo que podría contribuir al desarrollo de diferencias de género a largo plazo en el rendimiento en ciencias y matemáticas.

¿Por qué se desarrollan estereotipos en niños tan pequeños? Como profesora de desarrollo cognitivo y social temprano, he visto cómo mi investigación revela que ciertos aspectos sorprendentemente sutiles del lenguaje contribuyen a que los niños tiendan a ver el mundo a través del prisma de los estereotipos sociales.

El problema de las generalizaciones

Muchos padres intentan evitar que los niños desarrollen estereotipos evitando decir cosas como «los niños son buenos en matemáticas» o «las niñas no pueden ser líderes». En cambio, quizá procuren decir cosas positivas, como «las niñas pueden ser lo que quieran».

Pero nuestra investigación ha descubierto que, para una mente en desarrollo, incluso estas afirmaciones positivas pueden tener consecuencias negativas.

Para los niños pequeños, la forma de hablar suele ser más importante que lo que se dice. Las generalizaciones, aunque solo expresen ideas positivas o neutrales, como «Las niñas pueden ser lo que quieran», «Los hispanos viven en el Bronx» o «Los musulmanes comen alimentos distintos», transmiten que podemos saber cómo es alguien con solo conocer su género, etnia o religión.

En nuestra investigación, publicada en Child Development, descubrimos que oír generalizaciones llevaba a niños de apenas dos años a suponer que los grupos reflejan diferencias estables e importantes entre las personas.

En este estudio, se presentó a los niños una forma nueva e inventada de categorizar a las personas: los «zarpis». Si solo oían afirmaciones sobre individuos concretos (por ejemplo, «Estos zarpis susurran cuando hablan»), seguían tratando a las personas como individuos, aunque todas llevaran la misma etiqueta y vistieran ropa parecida. Pero si oían la misma información expresada como una generalización (por ejemplo, «Los zarpis susurran cuando hablan»), empezaban a pensar que los «zarpis» eran muy distintos de los demás. Oír generalizaciones llevó a los niños a pensar que pertenecer al grupo determinaba cómo serían sus miembros.

En otro estudio reciente, descubrimos que oír este tipo de generalizaciones —aunque ninguna fuera negativa— llevaba a niños de cinco años a compartir menos recursos (en este caso, pegatinas de colores) con personas ajenas a su propio grupo social.

Estos hallazgos muestran que oír generalizaciones, incluso positivas o neutrales, contribuye a la tendencia a ver el mundo a través del prisma de los estereotipos sociales. Para los niños pequeños, lo que importa es la forma de la oración, no exactamente lo que dice.

De los grupos a los individuos

Nuestra investigación indica que las generalizaciones son problemáticas incluso cuando los niños no las entienden.

Si un niño pequeño oye por casualidad «Los musulmanes son terroristas», quizá no sepa qué significa ser musulmán o terrorista. Pero aun así puede aprender algo problemático: que los musulmanes, sean quienes sean, constituyen un tipo de persona distinto. Que es posible hacer suposiciones sobre cómo es alguien con solo saber si es musulmán o no.

El lenguaje que recurre a detalles concretos, en lugar de hacer afirmaciones generales, evita estos problemas. Frases como «Su familia es hispana y vive en el Bronx», «Esta familia musulmana come alimentos distintos», «A esas niñas se les dan muy bien las matemáticas» y «Puedes ser lo que quieras» evitan hacer afirmaciones generales sobre los grupos.

El lenguaje específico también puede enseñar a los niños a cuestionar sus propias generalizaciones y las de los demás. Hace poco, mi hijo de tres años afirmó que «Los niños tocan la guitarra», pese a conocer a muchas guitarristas. Me preocupó, no porque importe mucho lo que piense sobre tocar la guitarra, sino porque esa forma de hablar significa que empieza a pensar que el género determina lo que una persona puede hacer.

Pero hay una forma muy sencilla y natural de responder a afirmaciones como estas que nuestra investigación sugiere que reduce los estereotipos. Basta con decir: «¿Ah, sí? ¿En quién estás pensando? ¿A quién viste tocar la guitarra?». Los niños suelen tener a alguien en mente. «Sí, ese hombre tocó la guitarra esta noche en el restaurante. Y sí, el abuelo también la toca». Esta respuesta guía a los niños para que piensen en individuos, en lugar de grupos.

Este enfoque también sirve para generalizaciones más delicadas, como las que podría decir un niño: «Los chicos grandes son malos» o «Los musulmanes llevan ropa rara». Los padres pueden preguntarles en quién están pensando y hablar del incidente concreto que tengan en mente. A veces los niños hablan así porque están poniendo a prueba si tiene sentido hacer una generalización. Al devolverlos al incidente concreto, les comunicamos que no lo tiene.

Cada interacción cuenta

¿Cuánto puede importar realmente este pequeño cambio en el lenguaje? Los padres, los maestros y otros adultos que se preocupan por los niños no pueden controlar todo lo que oyen, y la exposición a ideas abiertamente racistas, sexistas o xenófobas también puede influir en la visión que tienen de las normas y los valores sociales.

Pero los niños desarrollan su percepción del mundo mediante conversaciones minuto a minuto con los adultos importantes de sus vidas. Estos adultos tienen una gran influencia sobre ellos. Como padres y cuidadores, podemos usar el lenguaje con cuidado para ayudar a los niños a aprender a verse a sí mismos y a los demás como individuos, libres para elegir su propio camino. Con nuestro lenguaje, podemos ayudar a los niños a desarrollar hábitos mentales que cuestionen, en lugar de respaldar, las visiones estereotipadas de quienes nos rodean.

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