Los 4 mayores desafíos de nuestro modelo de educación superior y cómo afrontarlos

University of California Los Angeles (UCLA) students study on the UCLA campus in Los Angeles, California, U.S. November 15, 2017. REUTERS/Lucy Nicholson - RC11BB792D40
How can higher education systems better prepare for our Fourth Industrial Revolution future?Image: REUTERS/Lucy Nicholson
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  • Los modelos educativos deben reflejar la demanda de aprendizaje permanente para hacer frente a los cambios tecnológicos y sociales que trae consigo la Cuarta Revolución Industrial.

  • Es posible que en el futuro la realidad sean las habilidades, no los títulos.

  • Las empresas emergentes y los nuevos modelos de negocio están alterando las instituciones educativas tradicionales y sus modelos operativos.

En un futuro marcado por cambios sociales sin precedentes, la educación es fundamental para gestionar los desafíos que se avecinan. A medida que los mercados laborales se vuelven más automatizados, digitalizados y dinámicos, los sistemas actuales de educación superior se están volviendo rápidamente incompatibles con el futuro que nos espera. Ya han transcurrido dos décadas del siglo XXI y, sin embargo, en general, la educación superior sigue orientada a triunfar en el siglo XX. De hecho, las propias universidades (al menos en Estados Unidos) expresan dudas sobre su capacidad para adaptarse a los acontecimientos futuros.

Aunque la mayoría de los debates sobre el futuro de la educación se centran en las habilidades necesarias para el futuro y en la imperiosa necesidad de volver a capacitarse, es igual de importante hablar de las inevitables transformaciones estructurales de la educación superior.

Hay al menos cuatro —y posiblemente muchas más— grandes tendencias que, por su interconexión, plantean un desafío estructural al modelo actual de educación superior.

1. La creciente necesidad de aprendizaje permanente en un mundo no lineal

Debemos aprender continuamente y actualizar nuestras habilidades para seguir siendo relevantes. Como es lógico, el trabajo en la economía digital consistirá cada vez más en tareas basadas en el conocimiento. Más empleos exigirán una interacción sustancial con la tecnología, en un contexto marcado por la disrupción tecnológica, la automatización del trabajo y formas de empleo más flexibles y dinámicas. La mentalidad obsoleta de la era industrial, según la cual las personas recibían una educación al principio de su vida para estar preparadas para trabajar durante toda ella, ya no refleja las trayectorias individualizadas e imprevisibles de las carreras profesionales modernas.

La idea del aprendizaje permanente no es nueva. Sin embargo, en un mundo que se ha vuelto mucho menos lineal, las condiciones para el aprendizaje permanente han cambiado considerablemente desde que se introdujo el concepto. Nunca ha sido mayor la necesidad de un aprendizaje permanente que permita a las personas acceder a oportunidades de aprendizaje —de distintas maneras, con distintos fines y en diferentes etapas de su carrera profesional—. Debemos crear modelos educativos que reflejen este cambio y una cultura que lo promueva.

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2. La evolución de las necesidades y expectativas del «estudiante consumidor»

Como en cualquier otro sector empresarial, los cambios en las demandas de los consumidores (en este caso, estudiantes y personas que aprenden durante toda la vida) impulsan la transformación del sector educativo. La composición demográfica del alumnado está cambiando, mientras que quienes antes se consideraban estudiantes «no tradicionales» se están convirtiendo en la nueva norma. Como resultado, surgen nuevas expectativas de experiencias de educación superior y aprendizaje permanente fluidas, que se adapten a distintos estilos de vida, circunstancias personales y preferencias.

Las generaciones más jóvenes que acceden a la educación superior parten de una situación completamente distinta a la de las generaciones anteriores. Como nativos digitales, siempre han tenido la tecnología plenamente integrada en la mayoría de los aspectos de su vida. ¿Por qué iban a esperar algo distinto de su experiencia educativa?

Pronto quedará atrás la educación igual para todos, y es probable que las trayectorias de aprendizaje individuales estén menos definidas por las estructuras educativas tradicionales. Por consiguiente, los estudiantes adoptan cada vez más una mentalidad de consumidores y buscan experiencias educativas flexibles, fluidas y personalizadas. Consideran una gama cada vez más diversa de proveedores de educación para satisfacer sus necesidades y elegirán otra opción si no se cumplen sus expectativas, como hacen en la mayoría de los aspectos de su vida.

3. Tecnologías y modelos de negocio emergentes

Aunque el ritmo del cambio en el sector educativo suele ser más lento que en otros sectores más orientados a los beneficios, la innovación en los modelos de negocio es cada vez más habitual gracias a la transformación digital. Por ello, el panorama educativo cambiará sin duda de manera significativa en las próximas décadas a medida que nuevos actores transformen los modelos convencionales de educación superior y aprendizaje permanente.

Los innovadores de rápido crecimiento en tecnologías educativas y los actores ajenos al sector educativo ya están cuestionando el statu quo y socavando estructuralmente los modelos de negocio de educación superior establecidos desde hace mucho tiempo. Estos nuevos actores utilizan la tecnología y los datos para introducir enfoques alternativos que respondan mejor a las expectativas cambiantes de los estudiantes. Imaginemos a gigantes tecnológicos como Google, Microsoft o Amazon ofreciendo educación económica, personalizada e impulsada por la IA, quizá mediante un sistema flexible al estilo de «Netflix para la educación».

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Esto pondrá inevitablemente a prueba la agilidad y la capacidad de adaptación de los actores establecidos y de sus modelos de negocio, vigentes desde hace mucho tiempo. En respuesta, cada vez más universidades están experimentando con cambios en sus modelos de negocio, pero el panorama futuro de la educación superior casi con toda seguridad incluirá nuevos actores disruptivos, que competirán y colaborarán con los actores tradicionales; quizá también se redefina por completo el papel de las instituciones tradicionales.

4. Hacia un modelo que priorice las habilidades sobre los títulos

Aunque, en general, los títulos siguen dominando, avanzamos poco a poco hacia una realidad que da más importancia a adquirir habilidades que a obtener títulos. La opinión convencional sostiene que la vía más segura hacia el éxito profesional pasa por obtener un título de educación superior y, como es lógico, que tener un título se correlaciona con mayores posibilidades de empleo y con ingresos más altos.

Sin embargo, el valor de los títulos se cuestiona más que nunca, no solo en lugares donde los estudiantes afrontan matrículas elevadas y deudas de por vida, sino también en sistemas educativos donde la universidad es «gratuita» (el costo de oportunidad de dedicar varios años a los estudios se justifica por los 60 años siguientes de una carrera profesional que probablemente cambiará constantemente con el tiempo). Es debatible si la educación superior tradicional sigue siendo la mejor manera de proporcionar a las personas las habilidades necesarias para competir en mercados laborales imprevisibles.

Para la mayoría de las empresas, los títulos siguen sirviendo como señal que avala las capacidades de un posible empleado. Sin embargo, las investigaciones muestran que el nivel educativo solo guarda una débil correlación con el desempeño laboral y, de hecho, cada vez más empresas —entre ellas, algunas destacadas como Google, Apple, Penguin Random House, Ernst & Young UK e IBM— están dejando de centrarse en los títulos y adoptando nuevas formas de medir la empleabilidad como consecuencia de los cambios en la naturaleza del trabajo.

¿Qué significa esto para los sistemas de educación superior?

Hoy, la educación superior se encuentra en una sociedad en plena transformación y cada vez es más difícil que las «instituciones educativas establecidas» sigan el ritmo.

Casi todo lo que se desarrolló para la fuerza laboral del siglo XX se está desmantelando y reconstruyendo; la educación superior no es una excepción. Las universidades deben reevaluar su función actual y en qué podrían convertirse en el futuro. Tendremos que reconocer que los sistemas y las trayectorias educativas del futuro se beneficiarán más de modelos alternativos e innovadores que no necesariamente duren cuatro o cinco años y que probablemente impliquen a nuevos actores, aunque al principio esto nos resulte incómodo.

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