¿Es una jornada escolar más larga la solución para recuperar el tiempo perdido tras la COVID-19? Esto explican los expertos

School teacher helping out a young student.
Teachers require support from the government to aid recovery post-pandemic.Image: Jerry Wang/Unsplash
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  • Según se ha informado, el Departamento de Educación del Reino Unido ha debatido la posibilidad de ampliar la jornada escolar, permitiendo que las escuelas públicas aumenten las horas que se puede exigir trabajar a los docentes.

  • El 31% de los docentes y el 70% de los directivos escolares declararon trabajar, en promedio, más de 51 horas semanales.

  • Dos expertos escriben que debe tenerse en cuenta el bienestar y la salud mental de los docentes, independientemente de los beneficios para los estudiantes.

Las restricciones por la COVID-19 provocaron el cierre de las escuelas en 2020, lo que hizo que la mayoría de los alumnos de Inglaterra, tanto de primaria como de secundaria, perdieran alrededor de 40 días de clases presenciales. Las escuelas de todo el mundo se vieron afectadas de manera similar, aunque en distinta medida.

Como muestran las cifras recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, durante los primeros 12 meses de la pandemia, 1.500 millones de estudiantes de 188 países y economías no pudieron asistir a la escuela durante períodos de distinta duración. Las cifras de los Países Bajos e Irlanda son similares a las de Inglaterra. En Dinamarca, los estudiantes perdieron cerca de 20 días, mientras que las cifras fueron mucho más altas en Costa Rica (cerca de 180 días) y Colombia (alrededor de 150 días).

Aunque durante este período la mayoría de las escuelas inglesas ofreció algún tipo de educación a distancia, estos cierres provocaron de todos modos pérdidas de aprendizaje. Como resultado, en el marco de los planes del Gobierno del Reino Unido para la recuperación escolar tras la COVID-19, según se ha informado, el Departamento de Educación ha debatido la posibilidad de ampliar la jornada escolar, quizá eliminando el límite vigente al número de horas que se puede pedir a los docentes de las escuelas públicas que trabajen.

La evidencia internacional parece indicar que, en algunos casos, una jornada escolar más larga puede ser beneficiosa. Un informe del Grupo de Trabajo sobre Educación Acelerada, dirigido por las Naciones Unidas, ha propuesto varias formas de abordar las pérdidas de aprendizaje causadas por la pandemia. Entre ellas figuran ampliar el tiempo de enseñanza e implementar programas formales de recuperación con educación de refuerzo para los alumnos que tienen dificultades. Se propuso ampliar el tiempo de enseñanza como estrategia adecuada cuando los alumnos han perdido hasta un año de educación.

Además, estudios como los realizados en Estados Unidos y Canadá y en Chile respaldan la idea de que ampliar el tiempo de instrucción podría ayudar a los alumnos tanto a corto como a largo plazo. Se beneficiarían tanto académicamente (al obtener mejores resultados en las pruebas y alcanzar un mayor nivel educativo) como socioeconómicamente (sus ingresos futuros serían más altos).

Sin embargo, una revisión de estudios en América Latina y el Caribe señaló que, pese a estos beneficios, podría haber formas más rentables de lograr resultados similares. Otro aspecto importante que habría que considerar es el coste psicológico para los docentes.

En el momento de mayor impacto de los confinamientos por la COVID-19, más de mil millones de niños estaban fuera de las aulas.Image: Statista

Una fuerza laboral sobrecargada

Por supuesto, una jornada escolar más larga implica más horas de enseñanza. Y eso plantea la cuestión de si es razonable pedir a los docentes que prolonguen su jornada laboral.

Según las directrices del Gobierno, se puede pedir a los docentes de las escuelas públicas de Inglaterra que impartan un máximo de 1.265 horas a lo largo de 195 días al año. Esta cifra no incluye las horas adicionales necesarias para tareas como planificar las clases, evaluar, supervisar, registrar y presentar informes.

Los datos de cuatro encuestas muestran que, antes de la pandemia, un docente a tiempo completo promedio en Inglaterra trabajaba 50 horas semanales durante el período lectivo y unas cuatro horas semanales durante las vacaciones. Sin duda hay casos atípicos: el 10% de los docentes a tiempo completo declaró trabajar al menos 30 horas semanales durante las vacaciones de verano y de mitad de trimestre, y 15 horas durante las vacaciones de Navidad. Los investigadores también descubrieron que las horas de trabajo declaradas no habían disminuido en 25 años. De hecho, se ha constatado que los docentes de Inglaterra trabajan más horas que en la mayoría de los demás países, y que los docentes de secundaria básica trabajan unas ocho horas más por semana

Nuestra investigación en curso sobre cómo ha sido ejercer la docencia durante la pandemia muestra que los docentes se sienten frustrados. Las personas entrevistadas nos han contado su angustia ante la forma en que los medios de comunicación y algunos sectores de la población han presentado su profesión como perezosa.

Y las cifras confirman su frustración ante esa percepción equivocada. Una encuesta realizada en junio/julio de 2020 por la organización benéfica británica Education Support reveló que el 31% de los docentes y el 70% de los directivos escolares declararon trabajar más de 51 horas semanales en promedio.

Desde marzo de 2020, muchos docentes de todo el mundo han tenido que alternar entre cierres parciales de las escuelas, reaperturas parciales y reaperturas completas. Para adaptarse, han tenido que aprender rápidamente nuevas habilidades que les permitieran enseñar a los alumnos desde casa.

Además, han hecho mucho más que enseñar. Han llamado con regularidad y, en algunos casos, visitado a los alumnos y sus familias para evaluar y atender sus necesidades académicas y de bienestar. Dada la incertidumbre persistente de la situación, no sorprende que hayamos constatado que la salud mental y el bienestar de los docentes participantes en nuestro estudio se habían deteriorado a lo largo de la pandemia.

Aunque ampliar la jornada escolar pueda beneficiar a los alumnos, hay que tener presentes los costes que esto supondría para la salud mental y el bienestar de los docentes. Los estudiantes no se beneficiarían de recibir clases de docentes estresados y agotados. Para que cualquier plan de recuperación educativa sea eficaz, es importante tener en cuenta las necesidades y perspectivas de los docentes.

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