Hará falta mucho más que compresas menstruales gratuitas para acabar con la pobreza menstrual

Mariam Kebadze, 16, fixes her hair during an evening walk along Alazani river in Jokolo village of Pankisi, Georgia, May 31, 2019. Mariam used to live with her father in Telavi and moved to Pankisi where she now lives and studies to support her mother Leila Achishvili who is running a guesthouse. "It's really boring sometimes here, there's not much to do in the village because it's the same routine all the time - school, classes, jogging by the river sometimes. Girls don't go outside at night because they are embarrassed and sometimes I really miss going for a walk in the evening, I like nights," she said. "One of my dreams is to live somewhere in the mountains, maybe in Switzerland. I read about a music festival in a forest there with beautiful lights at night, and people just dancing and laughing, they are so free and cheerful." REUTERS/Ekaterina Anchevskaya SEARCH "PANKISI WOMEN" FOR THIS STORY. SEARCH "WIDER IMAGE" FOR ALL STORIES. - RC1FFD6E02B0
A large proportion of the global population are disadvantaged by having a period.Image: REUTERS/Ekaterina Anchevskaya
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Todas las personas que menstrúan, dondequiera que vivan, experimentan dificultades para gestionar su menstruación. Entre ellas pueden figurar la falta de productos, de baños o de instalaciones para desechar los productos, el dolor, el acoso o las restricciones de actividades y lugares. En los países de ingresos altos, estas dificultades suelen denominarse «pobreza menstrual» y en países de ingresos medianos bajos como «gestión deficiente de la higiene menstrual». Pero el resultado es el mismo: una gran proporción de la población mundial se ve desfavorecida por tener la menstruación.

La solución que suele defenderse es que los productos menstruales sean asequibles, por ejemplo eliminando el «impuesto sobre los tampones», o proporcionando estos gratis en las escuelas y a través de bancos de alimentos. La mayoría de los programas que distribuyen productos menstruales gratuitos en los países de ingresos altos proporcionan compresas o tampones desechables, mientras que en los países de ingresos medianos bajos se prefieren las compresas desechables o reutilizables frente a los tampones. Los productos gratuitos y más baratos son claramente necesarios en algunas situaciones y pueden paliar problemas a corto plazo, pero no resolverán lo que es un problema socioeconómico complejo.

La mayoría de los titulares sobre pobreza menstrual se centran en niñas que no asisten a la escuela porque no pueden permitirse los productos menstruales. Pero hay pocas pruebas de que solo las compresas vayan a mantener a las niñas en la escuela. A continuación se presentan historias que escuchamos de niñas ugandesas que recibieron compresas reutilizables, que demuestran que proporcionar productos por sí solo no basta necesariamente para mejorar la asistencia escolar.

Escolares examinan una compresa menstrual reutilizable durante un evento comunitario.Image: © Irise International, cortesía del autor

Tener compresas pero no ir a clase

Jane*, por ejemplo, recibió compresas reutilizables pero decidió no usarlas. Por ello, no asistió a la escuela. Jane no tenía la información necesaria para tomar una decisión informada sobre el uso de las compresas. Había oído rumores de que las compresas reutilizables lavables podían aumentar el riesgo de infección o incluso de cáncer. Su madre usa paños tradicionales, así que no pudo aconsejarla. Y cuando Jane sacó las compresas de la caja, no le quedó claro cómo debían usarse. Le daba demasiada vergüenza preguntar en la escuela, así que las volvió a guardar en la caja, debajo de la cama, y siguió faltando a clase cuando tenía la regla.

Susan*, en cambio, decidió usar las compresas reutilizables, pero le resultó difícil usarlas en el entorno escolar siguiendo las instrucciones que le habían dado. Así que también acabó faltando a clase. Le habían dicho que las compresas reutilizables que había recibido debían lavarse con jabón y secarse al sol. Pero los baños de la escuela no tenían agua ni cerraduras que funcionaran. Intentó guardar la compresa usada en la mochila para llevársela a casa y lavarla, pero tenía miedo de que alguna de sus compañeras la viera en la mochila.

Así que decidió cambiarse las compresas solo en casa. Pero empezaban a resultarle incómodas y a picarle durante las clases, y estaba tan preocupada por que se le escaparan que no podía concentrarse en lo que decía el profesor. Al final, consideró más fácil quedarse en casa. Incluso allí, le daba vergüenza que la vieran llevando agua extra para lavar las compresas, así que las secaba debajo de la cama, donde su padre y sus hermanos no pudieran verlas.

Escolares ugandesas completan un cuestionario de opinión.Image: © Irise International, cortesía del autor

Mientras tanto, su amiga Esther* tenía dificultades similares con sus nuevas compresas desechables. En la escuela no había dónde deshacerse de ellas, y había oído rumores de que la sangre menstrual puede usarse en brujería. Además, se veía obligada a llevarlas puestas durante largos periodos de tiempo, aterrorizada por las fugas. Decidió que era más fácil quedarse en casa.

Mariam*, en un sentido más positivo, logró usar sus compresas con comodidad y seguridad, pero aun así no llegaba a clase. Había encontrado la manera de usar sus compresas en la escuela, pero algunos de sus compañeros varones se dieron cuenta de que tenía la regla y se burlaron de ella sin piedad. Se negaban a sentarse a su lado por temor a contagiarse de ella. Los profesores ignoraban lo que sucedía. Estaban realmente avergonzados por toda la situación y no sabían cómo reaccionar. La madre de Mariam no fue comprensiva, ya que siempre le había dicho que se alejara de los hombres y los chicos durante la regla. Por desgracia para Mariam, tener la regla era incompatible con desarrollar todo su potencial. Faltaba a clase cada mes y sus calificaciones se resintieron.

El estigma menstrual en todas partes

Aunque las historias anteriores proceden de niñas ugandesas, otros trabajos han mostrado sorprendentes similitudes con el Reino Unido. Por ejemplo, en entrevistas con niñas de ambos lugares, la reciente graduada de la Universidad de Leeds Lizzie Goolden escuchó de una niña británica: «Mi hermana se pone muy ansiosa cuando tiene la regla porque le preocupa que se le note la fuga y lo que piensen los demás. Eso hace que no quiera salir de casa». Sin duda, el recuerdo o la realidad de estos temores resonará en cualquiera que haya menstruado alguna vez, y se hace eco en un informe de Plan International UK.

Educadora de Irise da clase a niñas locales en Uganda.Image: © Irise International, cortesía del autor

Todo esto demuestra que hay innumerables razones por las que alguien puede no asistir a la escuela, aunque tenga acceso a productos menstruales.

Basándonos en el trabajo comunitario de la Universidad de Coventry, cuyo objetivo es acabar con la mutilación genital femenina en Europa, hemos estado colaborando con las comunidades para identificar por qué las personas que menstrúan no pueden gestionar su menstruación de forma higiénica y con dignidad. Un piloto de este método en Uganda fue acogido positivamente por la comunidad. Líderes locales trabajaron junto con investigadores y profesionales para desmontar los tabúes menstruales en la comunidad en general y crear soluciones sostenibles. Esto se logró educando a hombres, mujeres, niños y niñas sobre la menstruación y facilitando el acceso a una gama de productos menstruales fabricados localmente y asequibles.

Niñas observando productos. Image: © Irise International, cortesía del autor

En los próximos años, planeamos ampliar el trabajo para evaluar la eficacia de este enfoque en otras zonas de África Oriental, Melanesia, comunidades remotas de Australia y el Reino Unido.

Los donantes de todo el mundo destinan cada vez más fondos a acabar con la pobreza menstrual, lo que es una noticia excelente. El Gobierno del Reino Unido anunció recientemente su campaña para acabar con la «pobreza menstrual» a escala mundial en 2030. Pero es fundamental que estos programas se orienten hacia soluciones basadas en la evidencia, que probablemente impliquen algo más que suministrar compresas a las niñas. Comprender y abordar las causas profundas de la pobreza menstrual es lo único que nos permitirá avanzar hacia un entorno favorable a la menstruación para todas las personas que menstrúan.

*Los nombres de este artículo se han modificado para proteger el anonimato de los participantes.

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